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10 consejos para la crianza de preadolescentes

Cómo permanecer cerca cuando los niños entran en la adolescencia

Juliann Garey

Típicamente, entre los 9 y 12 años, nuestros lindos y adorables niños que estaban tan dispuestos a subirse a nuestros regazos y compartir sus secretos, de repente estos mismos niños no quieren hacer nada con nosotros. Un niño en la preadolescencia no es la misma persona que fue hace uno o dos años. Ha cambiado física, cognitiva, emocional y socialmente. Está desarrollando una nueva independencia y puede que incluso quiera ver hasta dónde puede sobrepasar los límites establecidos por sus padres.

Lo que tal vez no sepa es que lo necesita a usted tanto como siempre, porque una relación fuerte entre padres e hijos en esta etapa puede preparar el terreno para una adolescencia mucho menos turbulenta. Pero no será fácil, porque usted como padre desea respetar la necesidad de su hijo por tener más autonomía para poder forjar una relación exitosa con esta versión “actualizada” de su hijo.

Pedimos consejos a algunos expertos de crianza para ayudarlo a mantener los canales de comunicación abiertos entre usted y su preadolescente, y para que la transición a la adolescencia sea más fácil.

1. No se sienta abandonado por esta nueva independencia. Es apropiado que los niños de esta edad empiecen a alejarse de sus padres y a confiar cada vez más en sus amigos, pero los padres pueden tomar el retiro de su preadolescente como un rechazo. “Con demasiada frecuencia, los padres personalizan parte de la distancia que se produce y la malinterpretan como un rechazo deliberado o tal vez un comportamiento negativista”, dice Catherine Steiner-Adair, psicóloga de Harvard, consultora escolar y autora de The Big Disconnect.

Tenga cuidado al tratar de forzar la información de un preadolescente resistente. “Este es un momento en el que los niños realmente empiezan a guardar secretos de nosotros”, dice la Dra. Steiner-Adair, “y los padres que tienen una baja tolerancia a esa transición y que quieren saberlo todo, pueden alienar a sus hijos si son demasiado inquisitivos”.

2. Reserve un tiempo especial con su hijo. A menudo es difícil lograr que los preadolescentes se abran y hablen. Laura Kirmayer, psicóloga clínica, sugiere establecer un período especial de tiempo personal una o dos veces por semana, en el que usted le brinde toda su atención a su hijo y no esté trabajando o enviando mensajes de texto al mismo tiempo.

Al hacer esto no sólo estará mejorando su relación, sino que también estará enseñándole habilidades interpersonales que van a ser cruciales en el futuro. “Ese tiempo de calidad es realmente clave”, dice la Dra. Kirmayer, “y es algo que podríamos pasar por alto porque nuestros hijos podrían estar diciendo que no lo quieren y se están alejando”. Y podríamos involuntariamente coludir con esa tendencia”.

3. Intente el enfoque indirecto. Cuando eran más jóvenes se podían hacer preguntas directas. ¿Cómo te fue en la escuela? ¿Cómo te fue en el examen? Ahora, el enfoque directo, es decir, bombardearlos con preguntas sobre la escuela y su día, no funciona. De repente se siente abrumador e intrusivo. Y va a resultar contraproducente.

En todo caso, dice la Dra. Kirmayer, usted tiene que tomar el enfoque opuesto y posicionarse como un buen oyente: “Si en realidad sólo se sienta, sin hacer preguntas, y sólo escucha a su hijo, es más probable que obtenga la información que desea sobre la vida de su hijo”. La Dra. Kirmayer dice que este enfoque les da a los niños el mensaje de que “este es un lugar donde pueden venir y hablar, y tienen permiso de expresar cualquier cosa que estén pensando o sintiendo”. A veces, usted podrá ayudar y dar consejos, pero no trate de intervenir y resolver todos sus problemas. Otras veces sólo estará ahí para empatizar con lo difícil que es lidiar con lo que sea que estén pasando.

4. No juzgue demasiado. “A esta edad sus hijos lo observan con mucha astucia para oír qué tan crítico es usted, –aconseja la Dra. Steiner-Adair. –Están siguiendo sus indicaciones sobre cómo habla usted de los hijos de otras personas, especialmente de los niños que se meten en problemas, cómo se viste esa niña, o ese niño tiene buenos o malos modales. Y están observando y decidiendo si es severo, frío o prejuicioso.”

Ella da el ejemplo del padre que dice, “¡No puedo creer que esa niña haya publicado esta foto en Facebook! Si fuéramos sus padres estaríamos mortificados”. O “¡No puedo creer que haya enviado ese video de YouTube! Están comentando sobre comportamientos que necesitan ser comentados, pero la intensidad y la rigidez de su juicio es lo que provoca que a los padres les salga el tiro por la culata.”

5. Conéctese al mundo de sus hijos. A partir de la escuela media, ver con su hijo las cosas que quiere ver y ser capaz de reírse de ellas y hablar de ellas es una manera importante de conectarse y de poder discutir temas que de otra manera serían tabú. “No se ponga demasiado intenso en la forma de criticar estos valores”, dice la Dra. Steiner-Adair.

Es nuestro trabajo como padres, añade, ayudar tanto a los niños como a las niñas a reconocer cómo los medios de comunicación inculcan un código de género, el bombardeo de mensajes culturales que les dicen a los niños lo que “significa” ser un niño o una niña, y ayudarlos a identificar cuando algo cruza la línea de la burla al maltrato. Pero hay que andar con pies de plomo y usar el humor.

6. No tenga miedo de iniciar conversaciones sobre el sexo y las drogas. La desafortunada realidad es que los niños empiezan a experimentar con drogas y alcohol desde los 9 o 10 años. Y según la Dra. Kirmayer, “El desarrollo sexual es una gran parte de esta edad, y es cuando empezamos a ver surgir los trastornos alimentarios, así que estos son años clave para que construyamos una base fuerte y les demos información apropiada para el desarrollo”. La Dra. Kirmayer sugiere ofrecer a su hijo adolescente información y recursos sobre sexualidad sin la presión de una gran “charla”.

Recomienda libros como The Boy’s Body Book (por Kelli Dunham) y para las niñas, The Care and Keeping of You (por Valarie Schaefer) (libros en inglés) para introducir el desarrollo sexual y Ten Talks Parents Must Have With Their Children About Drugs and Choices (por Dominic Cappello) para hablar del tema de las drogas.

“Van a estar expuestos a estas cosas a través de su grupo de amigos,– dice. –Usted querrá proporcionarles información que sea precisa, pero quiere hacerlo de una manera que no sea abrumadora”. Deje que tengan el libro en su estante para que puedan hojearlo y acudir a usted con preguntas”. El libro de la Dra. Steiner-Adair, The Big Disconnect, también ofrece guiones y consejos sobre cómo hablar con sus hijos sobre el sexo.

7. No exagere. La Dra. Steiner-Adair advierte que no hay que ser la mamá o el papá que en una mala situación empeora las cosas. Da este ejemplo: “Su hija entra llorando. Ella no fue invitada a una pijamada. Ve una foto de la pijamada en Instagram o Snapchat. El padre dice: ‘¡Oh Dios mío, no puedo creer que no te hayan invitado! ¡Eso es horrible! Voy a llamar a la madre”. El padre enloquecido amplifica el drama, lanzando combustible a la llama ya hiperactiva de la preadolescente. Hacen que sus hijos se molesten más.

8. No sea tampoco “despistado”. En el otro extremo, no sea un padre que “simplemente ignora las cosas”, dice la Dra. Steiner-Adair. Se arriesga a parecer inconsciente o indiferente a los niños.

Cuando a un adolescente lo atrapan organizando una fiesta con alcohol, el padre despistado podría decir, “‘Oh, son sólo chicos emborrachándose en una fiesta de décimo grado’. De tal manera que los niños ven a sus hermanos mayores salirse con la suya sin consecuencias y piensan: “Genial, ¿por qué les diría algo? ¿Por qué recurriría a ellos?”.

9. Anime a las niñas a practicar deportes. La autoestima de las niñas alcanza su punto máximo a la tierna edad de 9 años y luego disminuye a partir de ahí, pero las investigaciones muestran que las niñas que juegan en equipos de deportes tienen una autoestima más alta. Las niñas que participan en equipos deportivos también tienden a tener un mejor rendimiento académico y menos problemas de imagen corporal.

Anea Bogue, creadora de un programa de empoderamiento para niñas llamado REALgirl, señala: “Hay una correlación muy común, en mi experiencia, entre las niñas que juegan deportes de equipo y las niñas que sufren menos con la baja autoestima debido a que buscan en su interior y en otras niñas su valor, en contraposición a buscar en los niños su validación”.

10. Cultive el lado emocional de su hijo. “Una de las cosas realmente difíciles para los chicos a esta edad es que los mensajes de la cultura sobre su capacidad de amar, las amistades reales y las relaciones son perjudiciales para ellos, –dice la Dra. Steiner-Adair. –Dicen que todo lo que tenga que ver con sentimientos reales, amor, tristeza, vulnerabilidad, es femenino, por lo tanto, es malo”.

Como mínimo, los padres deberían hacer todo lo posible para animar a los niños a ser sensibles y vulnerables en el hogar, y al mismo tiempo reconocer la realidad de que esos rasgos podrían no ser bien recibidos en la escuela. “Puedes decirle, –explica la Dra. Steiner-Adair, –que a los 15 o 16 años, cuando quiera tener una novia, esto les va a servir mucho”.

Encontrar el equilibrio justo con su hijo preadolescente probablemente no sea el trabajo de crianza más fácil que haya tenido. Tomará algo de prueba y error, pero mantener los canales de comunicación abiertos durante estos años es trabajo que valdrá la pena hacer.

Si usted desarrolla la confianza con los preadolescentes, puede ofrecerles un lugar seguro al cual volver, sin importar lo que suceda en el nuevo mundo que están habitando, y al hacer eso, también estará preparando el terreno para una adolescencia más suave.