A medida que nuestros hijos crecen, solemos pasar mucho tiempo pensando en lo que podría salir mal durante la adolescencia. Nos preocupamos porque puedan ser conductores imprudentes, por el sexo sin protección, por el alcohol y las drogas, sin mencionar todo el proceso de solicitud para ir a la universidad. Estamos tan enfocados en los desafíos de la adolescencia y en cómo responder a ellos, que tendemos a pasar por alto la etapa crucial que la precede.

La preadolescencia, a menudo conocida como los años de “transición” (definidos vagamente como el periodo entre los ocho o nueve años y los doce), es un momento de cambios monumentales en el desarrollo físico, cognitivo, emocional y social de su hijo. Es un tiempo en el que aumenta la independencia, pero que también puede ser aterrador para los niños. Entonces, si bien es completamente normal que su hijo comience a alejarse de usted y dependa más de sus amigos, los niños a esta edad siguen necesitando mucho apoyo y orientación de sus padres, incluso cuando le dicen lo contrario. Para poder ayudar, es importante comprender de qué manera están cambiando sus preadolescentes, tanto por dentro como por fuera.

Cambios físicos

Especialmente las niñas, están entrando a la pubertad a una edad más temprana de lo que solían hacerlo. No es de extrañar que comience a los 9, 10 u 11 años, y los niños tienden a ir un poco atrás de ellas. Algunos padres sienten que sus hijos pequeños se han transformado en seres nuevos prácticamente de la noche a la mañana. “Mi hijo creció seis pulgadas y su voz cambió por completo cuando tenía once años”, dice Michael Levine, profesor de la Universidad de Rutgers. “Guardé mensajes de su voz de niño pequeño en mi teléfono durante un año porque todo sucedió muy rápido. No estaba muy preparado para eso”.

La Dra. Laura Kirmayer, psicóloga clínica, dice que ese tipo de cambios físicos pueden provocar incomodidad, torpeza y dolores físicos reales por un crecimiento repentino extremo. También pueden hacer que los niños se vuelvan realmente conscientes de sus cuerpos. Y, aun así, pese a lo importantes que pueden parecer los cambios externos, no son tan fundamentales como lo que está sucediendo en el interior.

Cambios cognitivos

El principal cambio según la Dra. Kirmayer es una transformación total en la forma de pensar de su preadolescente. A esta edad,  los niños pasan de la perspectiva más literal y ensimismada que han utilizado durante los primeros 8 años de sus vidas para ver el mundo, a lo que la Dra. Kirmayer llama un “estado metacognitivo”. Es decir, que “empiezan a desarrollar la capacidad de ser conscientes de sus propios pensamientos, así como de los pensamientos de los demás”, explica.

Esto significa que, de repente, pueden pasar de estar completamente desinhibidos, a preocuparse por lo que otros niños piensan acerca de ellos, a querer encajar, a sentirse excluidos y compararse con sus compañeros. “Están comenzando a darse cuenta de que hay otras opiniones, valores y puntos de vista distintos a los suyos”, dice la Dra. Kirmayer, “y ese es un mundo completamente nuevo al que han estado expuestos hasta ahora, y que tienen que aprender a regular y tolerar”.

Cambios sociales

Dado que el sello distintivo a esta edad es que se adquiere una mayor conciencia de los demás, especialmente de los compañeros, el panorama social de la vida de su hijo cambia profundamente durante este período de maneras buenas y malas. Los principales factores sociales que surgen durante la preadolescencia incluyen:

Independencia: Debido al cambio en la forma en que se ven a sí mismos y a los demás, los preadolescentes están cada vez más en sintonía con sus compañeros y menos identificados con sus familias y sus padres. Luke Hruska cumplirá 10 años en agosto y este verano, cuando la familia se fue a sus vacaciones anuales a Watch Hill, Rhode Island, su madre, Flossie Crisp, dice que vieron un cambio dramático.

“Solía ​​ser el tipo de niño que en una fiesta de cumpleaños se quedaba al margen”, explica. “Este verano vi una gran transformación en él, parecía estar como borracho con esta recién descubierta nueva confianza en sí mismo, y salía en su bicicleta con sus amigos a las 6:30 de la mañana sin avisarnos. Así que, sí tiene mucha más autoconfianza, pero de buenas y malas maneras, porque hay algo de arrogancia y pose”. A los 12 años, la hermana de Luke, Bea, ya está en la etapa de poner los ojos en blanco a sus padres. “Definitivamente ha alcanzado la edad en la que se siente avergonzada de nosotros y cree que no la entendemos”, dice Crisp.

Jerarquía social y grupitos: “Los preadolescentes buscan más consejos y orientación de parte de su grupo de compañeros”, dice la Dra. Kirmayer. “Al mismo tiempo, todos están pasando por grandes cambios físicos y cognitivos, y están sintiendo la incomodidad y la timidez que genera todo eso, y ahí es donde se puede caer en algunas de las dinámicas sociales que son realmente difíciles”. Esta es la edad en que el acoso escolar realmente puede convertirse en un gran problema.

De hecho, la familia de Molly Cobhern se mudó a una ciudad diferente debido a su experiencia en la escuela media (middle school). “¡Mis años de preadolescencia fueron terribles!” dice Molly, quien ahora está en la preparatoria (high school). En ese momento, su madre, Tina, admite que pensaba que el problema con la escuela era principalmente académico. No se dio cuenta de que Molly era el blanco de ataques de las “chicas malas” de su salón. Por su personalidad, Molly no le tomaba el peso a lo malo que era, porque ella pensaba: “No me gustan estas chicas de todas maneras, yo estoy bien, estoy bien”.

Resulta que Molly no estaba bien. “Estaba molesta, enojada y frustrada, y esto impactó en su rendimiento académico. Y entonces hubo tensión en la casa por eso”, dice Tina. “La estábamos culpando por las malas calificaciones, pero ella simplemente no estaba contenta. Le estaban llegando críticas de todos lados”. La familia se mudó después de que Molly terminó el sexto grado y su madre vio un gran cambio. “Tenía 13 años cuando finalmente admitió que esto realmente la había afectado a un nivel más profundo”.

El código de género: El código de género es el aluvión de mensajes culturales que reciben las niñas y los niños todos los días, de parte de los medios de comunicación, de los padres y maestros, así como de los comerciales y las revistas de moda e Internet, diciéndoles lo que “significa” ser una niña o un niño: cómo deberían lucir, actuar, pensar y sentirse. “El código de género es claro y fuerte en este momento, al tiempo que sus cuerpos están cambiando”, dice la psicóloga de Harvard y consultora escolar Catherine Steiner-Adair, “y eso trae consigo todo tipo de problemas sobre lo que significa ser un niño y una niña que son perjudiciales para ambos géneros”.

Para las niñas, esta es la edad en que comienzan a surgir problemas de imagen corporal. Los estudios muestran que la autoestima en las niñas alcanza su punto máximo a los 9 años y en muchos casos disminuye drásticamente a los 12 años. Las niñas son objetivadas y sexualizadas a una edad cada vez más temprana (solo eche un vistazo a una muñeca Bratz). El problema y sus consecuencias se han generalizado tanto en la última década que en 2007, la American Psychological Association formó un Grupo de trabajo sobre la sexualización de las niñas. “Si creces como una niña que es objetivizada tempranamente, dice el Dr. Douglas Bunnell, psicólogo clínico, “eso comienza a crear una representación interna de ti mismo. No se trata solo de que las personas sean susceptibles a la cultura, sino que en realidad se convierte en una parte central de la manera en que te ves a ti mismo”.

A los niños no les va mucho mejor cuando se trata de las señales culturales que reciben.

“Una de las cosas realmente difíciles para los niños a esta edad —dice la Dra. Steiner-Adair— es que los mensajes de la cultura dominante son tan perjudiciales para ellos sobre su capacidad de amar, de tener amistades reales, de tener relaciones. Estos mensajes les dicen que cualquier cosa que tenga que ver con sentimientos reales (amor, tristeza, vulnerabilidad) es femenino, y por lo tanto malo”.

Identidad propia: no se sorprenda si ve a su hijo probando una nueva personalidad cada dos semanas durante los años de la preadolescencia. Si bien los niños sienten cierta presión para encajar, también están experimentando quiénes quieren ser, cómo quieren vestirse y hablar y qué tipo de humor piensan que es divertido. Pueden asumir el papel de líder una semana, del que se deja llevar a la siguiente y rebelarse la semana después de esa. “Todavía están tratando de definir quiénes son”, dice la Dra. Kirmayer. “Entonces los ves probando diferentes tendencias. En realidad todavía están midiendo el terreno”.

Desarrollo emocional

Solo para agregar un poco más de dramatismo a los cambios que están teniendo lugar, el cerebro del preadolescente también está evolucionando con respecto al desarrollo emocional de formas que hacen que los niños sean más sensibles a sus propias emociones y a las de los demás. Desarrollan una mayor reactividad a las emociones, pero su desarrollo cerebral se retrasa en las regiones que son activas en la regulación de las emociones.

“Están jugando con la capacidad de interpretar las emociones de otras personas e incluso sus propias emociones”, dice la Dra. Kirmayer. “Es una etapa difícil, y muchos padres hablarán sobre cómo su hijo se pone repentinamente de mal humor. Es normal que los niños de esta edad tengan estos cambios realmente intensos de emociones y de dinámicas interpersonales. Pero es histriónico. Un día es “eres mi mejor amigo” y al día siguiente es “ya no eres mi amigo”. Puede ser realmente difícil para los padres”.

Imagínese mirar el mundo de una manera durante toda su vida y luego cambiar en el transcurso de unos cuantos meses la forma en que percibe las cosas, incluidos sus propios sentimientos y pensamientos y su lugar en el mundo. Es un nuevo territorio emocionante, a veces aterrador, en el que su preadolescente navega todos los días. No es el mismo niño que era hace solo unos meses, pero aún necesita el apoyo y la orientación de sus padres. Para preparar el escenario para una buena relación con su hijo a medida que avanza hacia la adolescencia, usted debe cambiar la forma en que se relaciona con él o con ella de acuerdo con los cambios sísmicos que ocurren en ellos.

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