La mayoría de los niños tienen rabietas o pataletas ocasionales. A veces pueden estallar si están frustrados o volverse desafiantes si se les pide que hagan algo que no quieren hacer. Pero cuando los niños hacen estas cosas repetidamente, o no pueden controlar sus temperamentos por mucho tiempo, puede ser más que un comportamiento típico.

Aquí hay algunas señales de que los estallidos emocionales deben preocuparle:

  • Si las rabietas y los estallidos de su niño están ocurriendo más allá de la edad en la cual son esperados según la etapa de desarrollo (hasta la edad de 7 u 8 años)
  • Si su conducta es peligrosa para sí mismo o para los demás
  • Si su comportamiento está causando graves problemas en la escuela, y los maestros le informan que está fuera de control
  • Si su comportamiento está interfiriendo con su capacidad de llevarse bien con otros niños, por lo que está siendo excluido de las citas para jugar y las fiestas de cumpleaños
  • Si sus rabietas y conducta desafiante están causando muchos conflictos en casa y perturban la vida familiar
  • Si está molesto porque siente que no puede controlar su ira, y eso lo hace sentirse mal consigo mismo

Comprendiendo la ira en los niños
Cuando los niños continúan teniendo estallidos emocionales regulares, suele ser un síntoma de angustia. El primer paso es comprender lo que está provocando el comportamiento de su hijo. Hay muchas posibles causas subyacentes, incluyendo:

TDAH: Muchos niños con TDAH, especialmente aquellos que experimentan impulsividad e hiperactividad, tienen problemas para controlar su comportamiento. Puede que les resulte muy difícil cumplir con las instrucciones o cambiar de una actividad a otra, y eso les hace parecer desafiantes y enojados. “Más del 50 por ciento de los niños con TDAH también exhiben conducta desafiante y estallidos emocionales”, dice el Dr. Vasco Lopes, psicólogo clínico en el Child Mind Institute. Su incapacidad para concentrarse y completar tareas también puede conducir a berrinches, discusiones y luchas de poder. Eso no significa necesariamente que han sido diagnosticados con TDAH, de hecho, en ocasiones, el TDAH se pasa por alto en los niños que tienen un historial de agresión severa debido a la existencia de problemas mayores.

Ansiedad: Los niños que parecen enojados y desafiantes, a menudo tienen ansiedad severa, y no reconocida. Si su hijo tiene ansiedad, especialmente si la está escondiendo, puede tener dificultades para enfrentar las situaciones que causan su angustia, y puede atacar, por ejemplo, cuando las exigencias de la escuela ejercen una presión que no puede manejar. En una situación de angustia inducida, el instinto de “lucha o escapa” de su hija puede tomar fuerza, puede tener una rabieta o negarse a hacer algo para evitar la fuente de miedo agudo.

Trauma o negligencia: Muchas veces, el mal comportamiento en la escuela es el resultado de trauma, negligencia o caos en la casa. “Los niños con dificultades, que no se sienten seguros en casa pueden comportarse como terroristas en la escuela, con conductas bastante intimidantes”, dice la Dra. Nancy Rappaport, profesora de la Escuela de Medicina de Harvard, especializada en atención de salud mental en un ambiente escolar. La mayoría de niños en riesgo, dice, son niños con TDAH que también han sufrido un trauma. 

Problemas de aprendizaje: Cuando su hijo se porta mal repetidamente en la escuela o cuando hace la tarea, es posible que tenga un trastorno de aprendizaje no diagnosticado. Digamos que él tiene un montón de problemas con las matemáticas, y los problemas de matemáticas lo hacen sentirse muy frustrado e irritable. En lugar de pedir ayuda, puede romper una tarea o comenzar algún pleito con otro niño para desviar la situación de sus verdaderos problemas.

Problemas de procesamiento sensorial: Algunos niños tienen problemas para procesar la información sensorial que reciben del mundo que los rodea. Si su hijo es hipersensible o poco sensible a la estimulación, cosas como la ropa “rasposa” y demasiada luz o ruido pueden hacer que se sienta incómoda, ansiosa, distraída o abrumada. Eso puede llevar a pataletas sin ninguna razón que sea evidente para usted u otros cuidadores.

Autismo: Los niños en el espectro autista también son a menudo propensos a las crisis dramáticas. Si su hijo está en el espectro, puede tender a ser rígido y tener la necesidad de una rutina coherente para sentirse seguro, y cualquier cambio inesperado puede desestabilizarlo. Él puede tener problemas sensoriales que le hagan sentirse abrumado por la estimulación, y tener un corto circuito que lo conduce a una pataleta, la cual continúa hasta que él mismo se agota. Y puede que no tenga las habilidades de lenguaje y comunicación para expresar lo que quiere o necesita.

¿Cómo puede ayudar a un niño “enojado”?
Los medicamentos no necesariamente arreglarán el comportamiento desafiante o la agresión; puede reducir los síntomas de TDAH, ansiedad y otros trastornos, y mejorar las condiciones para trabajar en esos comportamientos. Los enfoques conductuales que comtemplan a padres e hijos trabajando juntos para controlar el comportamiento problemático, son fundamentales para ayudar en esta situación. 

 

Encuentre los desencadenantes
El primer paso para manejar la ira es comprender lo que activa los estallidos del niño. Entonces, por ejemplo, cruzar la puerta hacia la escuela es un problema crónico para su hijo, las soluciones pueden incluir advertencias de tiempo, poner la ropa a la vista, ducharse la noche anterior, y despertarse más temprano. Algunos niños responden bien a dividir las tareas en varios pasos, y colocarlas en una pizarra en la pared.

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Paternidad coherente
Cuando el comportamiento desafiante de un niño y los estallidos emocionales ocurren, la respuesta del padre o cuidador afecta la probabilidad de que el comportamiento vuelva a ocurrir.

Si el comportamiento de un niño está fuera de control, o causa problemas importantes, es buena idea probar con  programas de entrenamiento de padres paso a paso. Estos programas (como Terapia de Interacción de Padre e Hijo, PCIT por sus siglas en inglés, y Entrenamiento de Manejo de Padres) le capacitan para reforzar positivamente el comportamiento que usted quiere incentivar  en su hijo y dar consecuencias coherentes para comportamientos que desee desalentar. La mayoría de los niños responden bien a una relación más estructurada, con respuestas tranquilas y coherentes de parte de los padres, con las que pueden contar.


Éstos son algunos de los elementos claves que se enseñan en la formación de padres:

No se rinda. Resista la tentación de acabar con la rabieta de su hijo dándole lo que quiere cuando explota. Darse por vencido sólo le enseña que las rabietas funcionan.

Mantenga la calma y la coherencia. Está en un mejor lugar para enseñar y seguir adelante con consecuencias mejores y más coherentes cuando está en control de sus propias emociones. Las respuestas ásperas o con enojo tienden a agravar la agresión del niño, ya sea verbal o físicamente. Al mantener la calma, también está modelando y enseñando a su hijo el tipo de comportamiento que quiere ver en él.

Ignore el comportamiento negativo y elogie el comportamiento positivo. Ignore los malos comportamientos menores, ya que incluso la atención negativa como reprimendar o decirle al niño que deje de hacerlo, puede reforzar sus acciones. En su lugar, agregue adjetivos espléndidos sobre los comportamientos que desea fomentar. (No solo diga “buen trabajo”, diga “buen trabajo calmándote”.

Utilice consecuencias coherentes. Su hijo necesita saber cuáles son las consecuencias para los comportamientos negativos, tales como los tiempos de reflexión; así como las recompensas para los comportamientos positivos, como el tiempo en el iPad. Y usted tiene que demostrarle que mantendrá estas consecuencias en cada ocasión.

Espere hasta que la rabieta haya terminado para hablar. Una cosa que no quiere hacer es intentar razonar con un niño que está molesto. Como dice el Dr. Stephen Dickstein, un pediatra y psiquiatra de niños y adolescentes, “No hable con el niño cuando no esté disponible”. Usted quiere animar al niño a practicar en la negociación cuando no está explotando, y usted tampoco lo está.

Prepare un set de herramientas para calmarse. Tanto usted como su hijo necesitan preparar lo que el Dr. Dickstein llama un kit de herramientas para tranquilizarse, cosas que puede hacer para calmarse, como la respiración lenta, para relajarse, porque no puede estar tranquilo y enojado al mismo tiempo. Hay muchas técnicas, añade, pero “lo bueno de respirar es que siempre está disponible para usted”.

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