En los últimos años, se nos ha dicho que los adolescentes que cenan en familia tienen una probabilidad más alta de progresar en la escuela, y una más baja de abusar de las drogas o del alcohol, o de meterse en problemas con las autoridades.

Es un consejo de crianza muy convencional que ha sido honrado, penosamente, por familias cuyos padres trabajan tiempo completo y niños que tienen un horario saturado de actividades intensas.

Ha sido reforzado por docenas de estudios e investigaciones, cuyas conclusiones han puesto demasiada importancia a las cenas en familia que mantienen a los hijos firmemente en la órbita de sus padres. Hay muchos libros y sitios de web dedicados a la promoción de la cercanía familiar y a compartir valores a través de una cena casera, en vez de solamente comer cualquier comida preparada cuando se pueda.

Pero, un estudio reciente puede señalar que estas cenas rigurosas pueden ser sobrevaloradas.

Un par de investigadores en las Cornell University y University of Minnesota estudiaron los datos de varias entrevistas con más o menos 18,000 adolescentes y sus padres, a través de un periodo de varios años, sobre sus vidas caseras y bienestares. Resulta que la importancia tan enfatizada de las cenas caseras empieza a desaparecer si tomamos en cuenta ciertos aspectos diferentes de la vida en casa de la familia: Si ambos padres están en la casa, si los padres y los hijos hacen cosas juntos, como ir al cine, si los padres ayudaban a los hijos con sus tareas, si existía algún nivel de supervisión parental en la forma de las reglas y las reglas para la hora de regresar a casa.

Como fue escrito en el New York Times:

Para proveer un ejemplo: Sin tomar en cuenta estos factores, encontramos que el 73% de los adolescentes que no comen tan frecuentemente con sus familias (dos veces por semana) confirmaban su uso de drogas y de alcohol, comparado al 55% de aquellos otros quienes comen con sus familias de manera regular (7 días a la semana). Pero al tomar en cuenta estos otros factores, la diferencia entre estas dos cifras fue cortada a la mitad, desde 18 puntos de porcentaje a solamente 9.

Asimismo, cuando los investigadores compararon los datos de estas entrevistas con los mismos niños un año después, y luego de nuevo cuando ya eran adultos jóvenes, los mismos efectos positivos simplemente no persistían más.

Así que, ¿Cuál es el veredicto sobre las cenas familiares? Nada de esto cambia el hecho que es algo bueno que los padres les den a sus hijos su atención sin interrupción y que puedan estar conscientes de lo que estén haciendo y pensando sus hijos. Las cenas cotidianas mantienen a todos juntos, y forman el hábito de compartir y absorber los sentimientos y la información, aunque no todos tengan ganas de hacerlo. Pero, lo importante es que este tiempo no debería ser el único tiempo en el que esto se debería hacer.

El artículo en el Times también mencionó una encuesta reciente en la que se les pregunto a los adolescentes en qué ocasiones, no incluyendo la cena, hablaban con sus padres acerca de sus vidas. La mayoría de ellos dijeron que lo hacían en el auto. Yo no podría darles la cifra exacta de la cantidad de veces que mi esposa y yo nos hemos sorprendido al escuchar algo importante que fue mencionado por nuestros hijos en el auto. Las conversaciones en el auto son informales y no programadas, lo cual nos quita la presión, disminuye las expectativas de conversación, y, al menos antes de que los teléfonos estuvieran de moda, no había interrupciones.

El punto es que no es el ritual particular de las cenas familiares lo que tiene una influencia importante para los niños, sino que es el simple hábito de formar vínculos, permanecer conectados, hablar y escucharse con frecuencia. Incluso si no tienden a cenar juntos, por lo menos formen el hábito de que sus hijos hablen con usted. Tengan la expectativa de que sus hijos le cuenten de sus vidas, de sus amigos, por qué están contentos, y qué les está molestando. Espere que ellos deseen hacer cosas con ustedes: ir al cine, a un restaurante, ir de excursión, ir de compras, jugar tenis, o cualquier otra cosa que les guste hacer. Estas expectativas ayudarán a los niños a tener vínculos cercanos con usted.

Los adolescentes están divididos entre su deseo de ser independientes y su deseo de tener a figuras de autoridad cercanas, y esto persiste aun cuando ellos no parezcan emocionados por esa cercanía, ni por la autoridad. Puede que la cena sea sobrevalorada, pero la atención no: Los padres quienes raramente se detienen lo suficiente para escuchar a sus hijos, o quienes estén distraídos crónicamente cuando están en casa, indican a sus hijos que no son una prioridad. Así que ya sea que estén cenando juntos o viendo una serie de televisión (otra actividad que muchos adolescentes no comparten con sus padres), encuentren una actividad que puedan compartir juntos en familia para conversar, y una vez que la encuentren, manténganla.