La amplia variedad de actividades extracurriculares que hay para los niños en edad escolar puede ser un dolor de cabeza tanto para los niños como para los padres. Las actividades extracurriculares pueden ayudar a los niños a desarrollar talentos y pasiones, y a su vez fomentar que aprendan a motivarse por sí mismos. Y, por supuesto, queremos que se vean como niños polifacéticos y bien formados ante los comités de admisión de las universidades. Pero no queremos que lleguen exhaustos, o que se conviertan en autómatas estresados. Incluso los padres de niños pequeños, que aún no están pensando en la universidad, sienten la presión.

Las actividades extraescolares también han venido a suplantar el “tiempo libre” sin supervisión que ya no nos sentimos cómodos permitiendo que tengan nuestros hijos, dice Rachel Cortese, una patóloga del habla y el lenguaje y exmaestra de una escuela en la ciudad de Nueva York. Y hay consenso acerca de que los niños deben tener la oportunidad de experimentar con una variedad de actividades en bloques bien delimitados: ”tiempo libre estructurado”, como se le llama.

Pero, ¿cuánto deberían presionar los padres a sus hijos para que se comprometan? ¿Y qué tanto es demasiado?

Los beneficios

En general, dice Cortese, “a los niños les va muy bien cuando tienen estructura, y parte de esa estructura es tener un horario extraescolar”. La especialista en educación y aprendizaje Ruth Lee también está de acuerdo en algunos beneficios bien conocidos de hacer que los niños tengan otras actividades fuera del aula, especialmente las de tipo físico. Estas actividades “ofrecen interacciones sociales a los niños”, dice. Y al mismo tiempo los ayudan a “gastar algo de su energía para que puedan calmarse y volver a su trabajo” después de la escuela. Esto es particularmente importante, señala, ya que las escuelas están reduciendo cada vez más los recesos.

Para los niños mayores, las actividades extraescolares pueden ser muy importantes como protección contra actividades más peligrosas, dice la psicóloga clínica Dra. Mary Rooney, especialmente si los padres están ocupados en el trabajo o con otros niños. “Una vez que los niños entran a la escuela media (middle school) y a la preparatoria (high school) —dice— las primeras dos horas después de la escuela son el momento de mayor riesgo para los comportamientos peligrosos como el abuso de sustancias, porque suele ser la parte del tiempo en que los niños no están vigilados”.

Y, por supuesto, más actividades recreativas fuera de la escuela, ya sean deportes, baile, teatro, ciencia, dan a los niños otro escenario para demostrar su competencia y dominio, lo cual es importante para su autoestima y el desarrollo de su identidad, especialmente para los niños que pueden tener dificultades en la escuela.

Las desventajas

Pero, ¿qué hay de la sobrecarga de actividades? No debe tomarse a la ligera, dice la Dra. Susan Newman, psicóloga social y autora de The Case for the Only Child, entre otros.

Para empezar, Newman advierte que el dominio podría verse afectado. “Si te estás dispersando demasiado, no podrás concentrarte y ser realmente bueno en una cosa”.

“Muchas personas ven una lista de todas las actividades extraordinarias que se ofrecen —dice Lee— y se inscriben en todo y luego se dan cuenta de que es poco realista, dadas las restricciones de tiempo y por todo el trabajo escolar que tienen”. Eso no es bueno, señala Newman, no es divertido para los niños “tener tantas cosas para hacer que tienen que abandonar algunas”.

Una sobrecarga de actividades extracurriculares tampoco trae el beneficio que muchos padres e hijos buscan: una atractiva solicitud de admisión a la universidad. “Lo que están buscando realmente [las universidades] son solicitantes que sean integrales y estén bien enfocados. Que se pueda ver que están persiguiendo una meta y que realmente les gusta lo que están haciendo”, dice Newman. “Y no solo probar un poco de esto y de aquello para que puedan llenar más líneas en la solicitud”.

El equilibrio de la vida escolar

¿Cuántas actividades son demasiadas? “Siete”, dice en broma el Dr. Jerry Bubrick, psicólogo clínico del Child Mind Institute. Pero, hablando en serio, demasiado es cuando las actividades extraescolares empiezan a interferir en la vida de un niño. Bubrick señala que en el caso de compromisos intensivos como el deporte o el teatro, incluso una sola actividad extraescolar puede ser demasiado.

Bubrick tiene un cálculo bastante simple para saber cuánto es demasiado. “¿Puedes seguir haciendo tus tareas? ¿Puedes dormir más de ocho horas cada noche? ¿Puedes seguir formando parte de tu familia? ¿Puedes seguir saliendo con tus amigos? Si la respuesta es ‘no’ a una o más de estas preguntas, entonces es demasiado”.

De vuelta a la escuela: ¿Qué deben hacer los padres?

  • Conocer a su hijo: “Los niños nacen con diferentes predisposiciones”, dice Cortese, por lo que la mejor actividad “depende de cada niño”. Y cuando se trata de programar, los niños responden mejor a diferentes tipos de estructura. “Un niño que tiene una agenda muy programada podría hacerlo muy bien y otro podría necesitar una reducción de actividades”, dice Cortese.
  • Considerar otros tipos de actividades: Los padres no deben olvidar que los niños también pueden beneficiarse de actividades autodirigidas, aunque en periodos de tiempo estructurados. “A veces no se hace suficiente hincapié en la importancia del tiempo de trabajo independiente— dice Cortese— y en dar a los niños el tiempo y el lugar para pensar por sí mismos, ser creativos y acceder a sus propios recursos internos”.
  • Retroceder: “La mayoría de los niños encuentran su nivel y su interés si tienen el tiempo para hacerlo”, dice Newman. “Mi consejo a los padres es que siempre entiendan a su hijo y vean cuáles son sus límites”.