Recibir tratamiento para la depresión puede sentirse desmoralizante. A menudo la depresión en sí misma se interpone en el camino. Un niño deprimido puede sentirse abrumado, cansado y desesperado. También podría estar culpándose injustamente a sí mismo o  a sus circunstancias por lo que siente. Estos son algunos de los síntomas y pensamientos característicos que acompañan la depresión, y pueden dificultar que alguien que está deprimido hable y pida ayuda, o que le crea a los padres preocupados cuando éstos dicen que el tratamiento para la depresión les puede ayudar.

Pero el tratamiento realmente puede ayudar a los niños y adolescentes que están teniendo dificultades con la depresión, incluidos varios tipos diferentes de terapia y medicamentos que han demostrado ser eficaces. El tipo de tratamiento recomendado para su hijo dependerá de sus síntomas y preferencias, y de la experiencia de su médico. Muchos médicos recomiendan que si un niño está tomando medicamentos antidepresivos, también debería participar en la terapia.

La doctora Wendy Nash, psiquiatra del Child Mind Institute, dice que considera que la terapia es “casi un requisito” cuando prescribe medicamentos para la depresión, explicando que “las personas tienen que aprender las habilidades que se enseñan en terapia”. Parte de la ventaja con la terapia es que las habilidades que aprenden los niños siempre se quedarán con ellos.

Qué esperar de un médico

Tener una buena relación con su médico es esencial, ya que mientras más involucrada y comprometida esté una persona en el tratamiento, más probabilidades hay de tener éxito. Un buen médico debe asegurarse de que usted comprende los objetivos del tratamiento y debe hacer que sienta que sus preguntas se están tomando en serio. También debería sentir que puede ser honesto acerca de cómo le va.

Jill Emanuele, PhD, directora en jefe del Centro de Trastornos del Comportamiento (Mood Disorders Center) del Child Mind Institute, dice que una de las primeras cosas que hace con un nuevo paciente es tratar de establecer una buena relación. “Llegas a conocer a la persona, la haces sentir cómoda. Estableces un espacio seguro donde le muestras que estás escuchando y que te importa. Con suficiente frecuencia, somos la primera persona que realmente los escucha de una manera que no han experimentado antes o que no han experimentado a menudo”.

Si una persona no responde al tratamiento, la Dra. Emanuele dice que trata de abordar eso. “Tal vez hayan tenido una experiencia difícil con la terapia anterior o no confíen en los adultos o quizás se sientan avergonzados por su comportamiento o por lo que sienten y no quieren mostrarlo a otra persona”. La Dra. Emanuele dice que estas son algunas de las razones comunes por las cuales alguien podría estar renuente a comenzar el tratamiento. Los buenos médicos intentarán abordar esta resistencia, explicarán cómo funciona el tratamiento (y por qué podría ser diferente de una experiencia previa), y se ganarán la confianza de su paciente.

Si su hijo aún no ha recibido un diagnóstico formal, su médico también debe realizar una evaluación. Esto es para confirmar que su hijo realmente tiene depresión, y para determinar si también puede tener otro trastorno de salud mental o de aprendizaje. No es raro que los niños con ansiedad no diagnosticada, TDAH, trastornos del aprendizaje y otros problemas tiendan a desarrollar depresión. Si su hijo tiene varios trastornos, entonces su plan de tratamiento debe incluir obtener ayuda para todos ellos.

Terapia para la depresión

Existen diferentes tipos de terapia que se consideran “basadas en la evidencia” para tratar la depresión, lo que significa que se han estudiado y se ha demostrado clínicamente que son eficaces. Aquí hay un desglose de algunos de ellos:

Terapia cognitivo conductual (TCC)

La terapia cognitiva conductual es la terapia estándar de oro para el tratamiento de niños y adolescentes con depresión. La TCC (CBT, por sus siglas en inglés) funciona dando a las personas habilidades para hacer frente a síntomas como estado de ánimo deprimido y pensamientos inútiles (como “no le caigo bien a nadie” o “las cosas siempre serán así”). En la TCC, los niños y los terapeutas colaboran activamente para alcanzar objetivos establecidos, como captar esos patrones de pensamiento inútiles y mejorar la capacidad de resolución de problemas.

Un aspecto central del tratamiento es enseñar a las personas que sus pensamientos, sentimientos y comportamientos están todos interconectados, por lo que cambiar uno de estos puntos puede cambiar los tres. Por ejemplo, una técnica llamada “activación conductual” estimula a las personas a participar en actividades y luego observar el efecto que tiene en su estado de ánimo. En las palabras de la Dra. Emanuele, “establecemos una jerarquía de actividades en las que pueden comenzar. La idea es ponerse en movimiento y ser activa, para que no solo obtenga ese impulso físico, sino que también comience a experimentar pensamientos más positivos al tener éxito e interactuar más con los demás”.

La activación del comportamiento ayuda a contrarrestar el aislamiento que a menudo experimentan las personas con depresión, lo que puede reforzar su estado de ánimo deprimido.

Terapia conductual dialéctica (DBT)

Para las personas con depresión más grave, la terapia conductual dialéctica puede ser útil. La Terapia Conductual Dialéctica (DBT, por sus siglas en inglés) es una forma de TCC adaptada para personas que tienen problemas para manejar emociones muy dolorosas y pueden involucrarse en conductas de riesgo, autolesiones como cortes y pensamientos o intentos suicidas.

Para manejar las emociones intensas, las personas que participan en DBT aprenden a practicar la atención plena (estar plenamente presentes en el momento y enfocarse en una cosa a la vez, sin juzgar) y desarrollar habilidades para resolver problemas como tolerar la angustia, manejar situaciones difíciles de manera saludable e interactuar más efectivamente con amigos y familiares. La DBT es un tratamiento altamente estructurado que incluye terapia individual y grupos de habilidades. DBT para adolescentes incluye sesiones con los padres y sus habilidades de aprendizaje infantil juntos.

Psicoterapia interpersonal (TPI)

Las relaciones sociales a veces pueden influir e incluso mantener la depresión. Cuando una persona está deprimida, sus relaciones también pueden sufrir. La terapia interpersonal funciona al abordar las relaciones del niño para que sean más saludables y le sirvan de apoyo. En esta terapia, los niños aprenden habilidades para comunicar mejor sus sentimientos y expectativas, desarrollan habilidades de resolución de problemas para manejar conflictos y aprenden a observar cuándo sus relaciones pueden afectar su estado de ánimo.

IPT (por sus siglas en inglés) se ha adaptado para adolescentes con depresión para abordar inquietudes comunes sobre las relaciones entre adolescentes, incluidas las relaciones románticas y los problemas de comunicación con los padres o compañeros. Llamada IPT-A, esta forma especializada de terapia interpersonal suele ser un tratamiento de 12 a 16 semanas. Se les pedirá a los padres que participen en algunas de las sesiones.

Terapia cognitiva basada en la conciencia plena (MBCT)

Si bien su eficacia aún se está midiendo en adolescentes, la terapia cognitiva basada en la atención plena es otro tratamiento que se ha demostrado que funciona para adultos jóvenes y adultos con depresión.

La MBCT (por sus siglas en inglés) funciona mediante la combinación de métodos de terapia cognitiva conductual (TCC) con atención plena. La atención plena enseña a las personas a estar plenamente presentes en el momento y observar sus pensamientos y sentimientos sin juzgarlos. Esto puede ayudarlos a interrumpir patrones de pensamiento indeseables que pueden mantener o llevar a un episodio depresivo, como ser autocrítico o fijarse en cosas negativas de maneras no constructivas.

La MBCT se desarrolló originalmente para ayudar a las personas con episodios recurrentes de depresión, pero también se puede usar para tratar un primer episodio de depresión.

Tratamiento con medicamentos

Los niños y adolescentes con depresión también pueden beneficiarse de los medicamentos, y los médicos a menudo recetan medicamentos cuando la depresión es más grave o cuando la terapia sola no proporciona un tratamiento eficaz.

Los medicamentos que se recetan con mayor frecuencia para tratar la depresión son los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) como Zoloft, Prozac y Lexapro; y los inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina (ISRS) como Strattera y Cymbalta. Estos medicamentos también son conocidos como antidepresivos. El médico de su hijo también puede recetarle un antidepresivo atípico como Wellbutrin.

La Dra. Nash dice que a veces los jóvenes (y sus familias) están preocupados por tomar medicamentos para la depresión. Las personas a menudo se preocupan de que los medicamentos cambien su personalidad o se sientan “drogados”. También les preocupa que puedan volverse adictos a los medicamentos.

Ella toma en serio estas preocupaciones y habla con los pacientes y sus familias sobre qué esperar. Los medicamentos correctos en las dosis correctas no harán que un niño se sienta drogado y no cambiará quién es, en cambio, debería ayudar a sus síntomas de depresión. También explica que los antidepresivos no son adictivos. “No tienes ganas de tomarlos, o buscarlos en detrimento de tus relaciones”, dice ella. Cuando es hora de dejar de tomar antidepresivos, es poco común que las personas tengan síntomas continuos de abstinencia si reducen el medicamento cuidadosamente y bajo la supervisión de su médico.

Dosis y efectos secundarios

Es raro que una persona permanezca con la misma dosis que le recetaron inicialmente. En cambio, los médicos ajustan la dosis una vez por semana o cada dos semanas al comienzo, a medida que el medicamento se acumula en el cerebro para alcanzar un nivel efectivo. Durante este tiempo, el médico de su hijo le hará preguntas sobre cómo está tolerando el medicamento, incluidos los efectos secundarios que podría estar experimentando.

“Los efectos secundarios más incómodos se presentarán temprano”, dice la Dra. Nash. “Les digo a los pacientes que pueden experimentar efectos secundarios antes de los efectos deseados”. Los médicos deben mantenerse en contacto con las familias durante estas primeras semanas, controlar cómo se sienten los niños y brindar orientación porque, como dice la Dra. Nash, “puede ser un tiempo difícil para los pacientes, que pueden sentir dolores de cabeza o insomnio, pero no se sienten mejor todavía”. Ella dice que los efectos secundarios pueden desaparecer después de una o dos semanas.

A un paciente le puede llevar un tiempo comenzar a sentir el efecto completo de un medicamento antidepresivo. “El medicamento podría comenzar a funcionar entre dos y cuatro semanas, sin embargo puede sentirse más beneficioso a las seis semanas”, dice la Dra. Nash.

Seguimiento del pensamiento suicida

La Administración de Drogas y Alimentos ha emitido una advertencia de que los niños y adolescentes que toman algunos medicamentos antidepresivos pueden experimentar un mayor riesgo de pensamientos suicidas. Muchos estudios han demostrado que los beneficios de los medicamentos antidepresivos superan los riesgos de no recibir tratamiento, por lo que aún se recetan a los jóvenes. Para mantener a los pacientes seguros, se ha desarrollado un protocolo para los médicos que recetan a fin de ayudarlos a monitorear de cerca a los pacientes para detectar cualquier deterioro en la depresión o la aparición de pensamientos suicidas a medida que se adaptan a un nuevo medicamento.

Dejando los medicamentos

Para evitar una recurrencia de la depresión, la Dra. Nash dice que es una buena idea seguir tomando medicamentos durante al menos un año después de que un niño haya dejado de sentir cualquier síntoma de depresión. También advierte que es importante pensar en el tiempo “óptimo” para dejar de tomar los medicamentos. Por ejemplo, no es una buena idea dejar de tomar sus medicamentos justo antes de exámenes importantes o cuando se va a la universidad.

Para evitar efectos secundarios desagradables, su hijo no debe dejar de tomar los medicamentos de golpe. Reducir los antidepresivos gradualmente, con la guía del médico que lo está controlando para asegurarse de que esté sano, es importante.

Participación familiar

Tanto la Dra. Nash como la Dra. Emanuele enfatizan que las familias siempre deben participar en el tratamiento de la depresión de un niño. “Parte del tratamiento, especialmente al principio, es enseñar a los padres sobre la depresión y cómo funciona la terapia”, dice la Dra. Emanuele. “Es realmente importante que los padres entiendan los conceptos detrás de los tratamientos para que puedan entrenar a sus hijos, día a día, para usar las habilidades que están aprendiendo”. La Dra. Emanuele agrega que los padres a menudo encuentran que también se benefician del aprendizaje de esas habilidades.

Los médicos también pueden ser útiles para dar consejos a los padres sobre cómo interactuar con un niño con depresión, lo que a veces puede ser difícil. Los niños con depresión pueden tratar de aislarse de la familia, o incluso pueden interpretar la preocupación bienintencionada de los padres como crítica, en lugar de amor. Saber cómo servir de apoyo es importante. La Dra. Emanuele dice que ayuda a los padres a desarrollar un plan específico para cada situación para ayudarles a saber cuándo dar apoyo y cuándo retirarse. Los médicos también pueden dar consejos sobre cómo fomentar interacciones más positivas.

Para los padres que están luchando con la enfermedad de su hijo, obtener este apoyo puede ser un gran alivio. Y, por supuesto, tan pronto como el niño comience a sentirse mejor, sus padres también comenzarán a sentirse mejor.