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Cómo lograr que adolescentes reticentes reciban tratamiento

Y por qué necesitan querer mejorar para realmente mejorar.

Escrito por: Rachel Ehmke

Expertos clínicos: Jerry Bubrick, PhD , Dave Anderson, PhD , Stephanie Dowd, PsyD

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Puede ser difícil lograr que los niños acepten ir a terapia psicológica o psiquiátrica. De hecho, este es un obstáculo común para madres y padres de adolescentes que enfrentan algún desafío como ansiedad, TDAH, depresión o un trastorno alimentario. No basta que tú te hayas dado cuenta de su sufrimiento o que sea evidente para todas las personas a su alrededor que no se están comportando como siempre y que necesitan algún tipo de intervención. Las y los adolescentes necesitan querer mejorar, y tener la disposición de trabajar con alguien para que eso suceda. Para que el tratamiento funcione, lo tienen que querer, al menos un poco.

Así que es importante llegar al fondo de por qué tu adolescente se niega, y tratar de que cambie de opinión. Estas son algunas razones comunes por las que una o un adolescente podría rechazar el tratamiento:

  • No cree que necesite ayuda. Podría decir algo como: “Yo soy así”.
  • No cree que la terapia o la medicina funcionen.
  • Ya lo probó y no le gustó.
  • Cree que es vergonzoso pedir ayuda.
  • Se pone a la defensiva. Esta no solo es una postura común entre adolescentes, sino que también es una reacción comprensible de alguien que se ha cansado de tener problemas repetidamente o de recibir atención negativa sobre cualquier cosa.
  • Siente desesperanza. No se imagina que es posible sentirse mejor.

Entender la razón o razones que tiene tu adolescente para negarse te ayudará a adaptar tu respuesta. Como bien saben madres y padres de adolescentes, es difícil convencer a niños mayores de hacer algo que no quieren hacer , por decir lo menos. Esto se debe a que las y los adolescentes están creciendo, lo que significa que quieren (y, desde el punto de vista del desarrollo, necesitan) tener más control e independencia.

Es posible que no siempre puedan determinar correctamente lo que necesitan, pero es esencial que sus padres les den la oportunidad de explicar cómo se sienten y después poder dar una respuesta bien pensada. Esto no solo mejorará la relación con tu adolescente, sino que también hará que sea más factible que te escuche. Estas son algunas estrategias que puedes probar:

Preséntalo de manera diferente

La forma en que enmarcas el tratamiento es importante. A veces hay algunos prejuicios injustos hacia la búsqueda de ayuda en el caso de problemas de salud mental. Las personas van a terapias psicológicas y psiquiátricas por la misma razón que inician otros tratamientos médicos: se quieren sentir mejor. Y olvídate del estereotipo de Freud: obtener ayuda en este milenio no siempre significa “contarle a una persona tus más profundos y oscuros sentimientos”, como decía el psicólogo clínico Jerry Bubrick, PhD, quien trató a muchos adolescentes con ansiedad y TOC en el Child Mind Institute. “La verdad es que ahora tenemos tratamientos mucho más científicos”.

Cuando se trata de pacientes reticentes, el Dr. Bubrick a veces comparaba la terapia con el trabajo que se realiza con un entrenador: “Si tu hija o hijo juegan al básquetbol, por supuesto que tendrán un entrenador de básquetbol. Incluso los jugadores profesionales de básquetbol necesitan entrenadores para aprender nuevas estrategias, desarrollar nuevas habilidades, pensar en diferentes maneras con las cuales tener éxito. Tu adolescente puede tomar terapia para aprender estas habilidades, practicarlas una y otra vez, y eventualmente no necesitará más al entrenador”.

Dependiendo del tipo de ayuda que necesita tu adolescente, también podría ser una buena idea que toda la familia acuda al tratamiento. Esta es una buena estrategia cuando las y los jóvenes se ponen a la defensiva, porque si toda la familia está trabajando en el asunto, entonces no parece ser la única persona afectada.

Concéntrate en las prioridades de tu adolescente

A veces las y los adolescentes no estarán de acuerdo en que tienen un problema o piensan que su problema es una parte de sí que no puede o no debería ser tratada.

Pensar que no pueden mejorar podría incluso ser un síntoma de su trastorno. Por ejemplo, la depresión afecta su forma de pensar, por lo que tal vez no puedan imaginar que se pueden sentir mejor. También se podrían empezar a identificar con su trastorno e incluso apoyarse en él, por lo que la idea de recibir tratamiento podría llegar a ser aterradora.

Si tu adolescente considera que no tiene un problema o duda acerca de la utilidad que podría tener el tratamiento en su caso, la recomendación del psicólogo David Anderson, PhD, es que comiences por preguntarle qué le gustaría obtener del tratamiento; no impongas lo que tú o sus maestros o cualquier otra persona pudiera querer. “Trabajaremos para conseguir la aceptación centrándonos inicialmente en sus prioridades. ¿Qué está buscando en esta etapa? ¿Qué tipo de cosas le gustaría poder mejorar, por ejemplo las tareas o sus relaciones amistosas? Entonces podemos subrayar cómo las cosas que le motivan se podrían lograr al trabajar conjuntamente”.

Esto es parecido a una técnica llamada entrevista motivacional, la cual es un enfoque colaborativo que algunos terapeutas usan para ayudar a sus pacientes a sentirse mejor.

Encuentra al profesional médico adecuado

Es importante encontrar un proveedor del tratamiento que se adapte bien a la personalidad de tu hija o hijo. Si a tu adolescente no le gusta la persona con la que va a trabajar o no le inspira respeto, o cree que la podrá engañar, no será la persona adecuada.

Aunque pueda ser muy frustrante, es posible que tengas que seguir buscando hasta encontrar a la persona adecuada para tu adolescente. En ocasiones, madres y padres deciden acudir primero a la consulta a solas, sin su adolescente, para conocer al profesional y hacer algunas preguntas (una buena pregunta sería sobre su manera de abordar el trabajo con adolescentes reticentes). Es posible que también te puedan dar algunos buenos consejos sobre lo que puedes hacer en casa para ayudar.

Si tu adolescente ya ha tratado de recibir tratamiento pero no le han sido de ayuda, o no le agradó la persona con la que estuvo trabajando, la psicóloga Stephanie Dowd, PsyD, recomienda que le preguntes por qué cree que fue así. Por ejemplo, ¿qué fue lo que no te ayudó o qué no te gustó de la terapia? ¿Qué te gustó? Puedes tener estos detalles en mente y trabajar en conjunto para encontrar un terapeuta que haga más de estas cosas positivas. Hay niños que prefieren trabajar con profesionales que participen de forma activa en las conversaciones, en vez escuchar de forma pasiva.

La Dra. Dowd sugiere: “Encuentra dos o tres terapeutas con quienes se pueda entrevistar tu adolescente, y dile que puede elegir a quien le haya hecho sentir más a gusto y que considera le ayudará más. Encontrar un terapeuta que se adapte bien es sumamente importante, y permitir que tu adolescente elija le ayudará a apoderarse de su propio tratamiento, lo cual es muy importante para las y los adolescentes, además de que prepara el terreno para una terapia efectiva”.

No te rindas

Si tu hija o hijo dicen que no la primera vez que le planteas iniciar un tratamiento, sigue intentándolo. Usa las estrategias anteriores y trata de pedir recomendaciones a los profesionales clínicos.

También es importante que te sigas esforzando por escuchar cómo se siente tu adolescente y qué cree que necesita. Las cosas importantes por lo general no se resuelven en una sola conversación. Los avances son graduales. “Si sientas las bases, al fortalecer tu conexión con tu hija o hijo ahora, es más probable que acuda a ti en busca de apoyo cuando finalmente sienta que es el momento [de iniciar un tratamiento]”, dice la Dr. Dowd.

Última revisión o actualización: 6 de abril de 2026.

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