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Cómo afecta el uso de las redes sociales a adolescentes

Conoce por qué las redes sociales pueden estar relacionadas con una mayor ansiedad y una menor autoestima en adolescentes.

Escrito por: Rachel Ehmke

Expertos clínicos: Catherine Steiner-Adair, EdD , Donna Wick, Ed.D

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Muchas familias se preocupan por cómo la exposición a la tecnología puede afectar el desarrollo durante los primeros años de vida. Sabemos que, durante la etapa preescolar, las niñas y los niños adquieren nuevas habilidades sociales y cognitivas a un ritmo sorprendente, y no queremos que pasar horas frente a un dispositivo electrónico interfiera con ese desarrollo. Pero la adolescencia es un período igualmente importante y de desarrollo acelerado, y una de las preocupaciones de las y los especialistas es que la presencia constante en las redes sociales, que se ha vuelto una parte tan importante de la vida de adolescentes, esté contribuyendo a la ansiedad y disminuyendo la autoestima.

Y hay razones para preocuparse. Muchos estudios han relacionado el uso de las redes sociales con ansiedad, depresión, autolesiones y baja autoestima durante la adolescencia, y el uso frecuente es el que más se ha asociado con resultados negativos. Un análisis longitudinal de 153 estudios que fue realizado en 2026 (en inglés), encontró que la relación entre el uso de las redes sociales y estos resultados negativos para el desarrollo era más fuerte durante la adolescencia temprana y otro análisis mostró que este efecto era más marcado en las adolescentes que en los adolescentes (en inglés).

Comunicación indirecta

Las y los adolescentes son especialistas en ocupar todas sus horas después de la escuela, incluso hasta mucho tiempo después de la hora de ir a dormir. Cuando no están haciendo la tarea (y también cuando la hacen) están en línea y usando su teléfono: envían mensajes, comparten contenido, hacen publicaciones para provocar a otras personas, revisan sus redes sociales y hacen de todo un poco.

Por supuesto, mucho antes de que existiera TikTok también lograban ocupar todo su tiempo libre, pero era más probable que hablaran por teléfono o en persona cuando salían al centro comercial. Aunque podía parecer que simplemente pasaban el rato sin hacer nada en particular, lo que estaban haciendo era experimentar, poner a prueba sus habilidades, tener pequeños logros y fracasos en cientos de pequeñas interacciones en tiempo real, algo que las y los adolescentes de hoy se están perdiendo. La mayoría de las conversaciones se llevan a cabo ahora mirando una pantalla en lugar de a otra persona.

“Como especie nos resulta muy familiar interpretar las señales sociales”, dice Catherine Steiner-Adair, EdD, psicóloga clínica y autora de The Big Disconnect (en inglés). “No hay duda de que las niñas y los niños se están perdiendo habilidades sociales fundamentales. En cierto modo, los mensajes de texto y la comunicación en línea nos colocan a todas las personas en un contexto en el que el lenguaje corporal, las expresiones faciales e incluso las reacciones vocales más sutiles se vuelven invisibles”.

Dificultades para hacer amistades

Sin duda, comunicarse de manera indirecta crea una barrera para una comunicación clara, pero eso no es todo. Aprender cómo hacer amistades es una parte importante del crecimiento, y la amistad requiere, en cierta medida, asumir riesgos. Esto aplica tanto con una nueva amistad como con las amistades que ya tenemos. Cuando hay problemas que enfrentar, grandes o pequeños, se requiere valentía para expresar con honestidad lo que sentimos, y luego escuchar lo que la otra persona tiene que decir. Aprender a superar estas situaciones de manera eficaz es parte de lo que hace que las amistades sean divertidas y emocionantes, pero también puede dar un poco de miedo. “Una parte de tener una autoestima saludable es saber expresar lo que piensas y sientes, incluso cuando no estás de acuerdo con otras personas, o si se siente como algo emocionalmente arriesgado”, señala la Dra. Steiner-Adair.

Pero cuando las amistades se desarrollan en línea y a través de textos, las niñas y los niños viven estas situaciones en un contexto que deja fuera muchos de los aspectos más personales y a veces intimidantes de la comunicación. No escuchas ni ves cómo afectan tus palabras a la otra persona. No es de extrañar que algunas niñas y niños digan que llamar a alguien por teléfono es “demasiado intenso”: requiere una comunicación más directa y, si no tienes la costumbre de hacerlo, puede resultar atemorizante.

Si las niñas y los niños no tienen suficientes oportunidades para relacionarse con otras personas y expresar sus necesidades en persona y en tiempo real, podrían llegar a la adultez con ansiedad ante el principal medio de comunicación de nuestra especie: hablar. Y, por supuesto, las negociaciones sociales se vuelven más complejas a medida que crecemos y comenzamos a establecer relaciones románticas y a desenvolvernos en el ámbito laboral.

Ciberacoso y el síndrome del impostor

El otro gran riesgo de comunicarse de manera más indirecta es que se ha vuelto más fácil ser cruel. Las niñas y los niños suelen escribir en los comentarios cosas que nunca se atreverían a decirle a alguien en persona.

La Dra. Steiner-Adair señala que las niñas están particularmente expuestas a este riesgo. “Desde pequeñas, reciben más mensajes que las llevan a compararse con otras personas (en particular, con otras niñas) para construir su identidad, por lo que son más vulnerables a los aspectos negativos de todo esto”. Advierte que a menudo la falta de una autoestima sólida es parte del problema. “Olvidamos que la agresión relacional surge de la inseguridad y de sentirse mal con una misma, así como del deseo de hacer sentir mal a otras personas para sentirte mejor”.

La aceptación entre pares es muy importante en la adolescencia, y hay veces en que las y los adolescentes se preocupan por su imagen tanto como un político que se postula para un cargo: lo pueden sentir así de serio. A esto se suma que ahora pueden obtener datos concretos sobre qué tanto le agradan a las personas o sobre su apariencia, a través de cosas como los “me gusta”. Por lo tanto, podrían pasar horas ajustando sus identidades en línea, tratando de proyectar una imagen idealizada. Las adolescentes revisan cientos de fotos y se angustian tratando de decidir cuáles publicar en línea. Los adolescentes varones compiten por llamar la atención intentando superarse entre sí con comportamientos cada vez más extremos, aprovechando al máximo el ambiente de desinhibición que ya existe en línea. Es posible que niñas y niños incluso se unan para atacar a otras personas.

Cuando niñas, niños y adolescentes revisan sus redes sociales y ven lo bien que parece estar todo el mundo, esto solo aumenta la presión. Y hay algo todavía más confuso: ¿qué pasa cuando tu propio perfil no representa realmente a la persona que sientes que eres en tu interior?

Como explica la Dra. Steiner-Adair: “La autoestima surge de integrar quién eres”. Cuantas más identidades tienes y cuanto más tiempo pasas fingiendo ser alguien que no eres, más difícil será sentirte bien contigo.

Acechar (y experimentar rechazo)

Otro gran cambio que han traído los teléfonos inteligentes es que nunca estamos realmente a solas. El resultado es que niñas y niños sienten una hiperconexión entre sí. La conversación nunca se debe detener y parece que siempre sucede algo nuevo. Sin momentos de pausa para desconectarse y recuperar energía, pueden terminar experimentando agotamiento emocional.

De igual modo, es sorprendentemente fácil sentir soledad en medio de toda esa hiperconexión. Por un lado, ahora las niñas y los niños saben con certeza deprimente cuándo les ignoran o rechazan. Todas las personas tenemos teléfonos y respondemos a los mensajes con bastante rapidez, así que cuando estás esperando una respuesta que no llega, el silencio puede resultar ensordecedor. Ignorar deliberadamente a alguien puede ser un insulto intencional o simplemente el efecto desafortunado de una relación entre adolescentes que comienza con mucha intensidad y después se desvanece.

Pero incluso cuando la conversación no termina, estar constantemente a la espera puede provocar ansiedad. Podemos sentir que nos están dejando para después y que también de nuestra parte estamos dejando a otras personas para después, y de alguna manera nuestra necesidad humana de comunicarnos también queda relegada de manera efectiva de ese modo.

¿Qué deberían hacer las familias?

Ambas expertas entrevistadas para este artículo coincidieron en que lo mejor que pueden hacer las familias para minimizar los riesgos asociados con la tecnología es reducir primero su propio consumo. Las niñas y los niños se deberían acostumbrar a ver nuestras caras, no nuestras cabezas inclinadas sobre una pantalla. Establece zonas libres de tecnología en tu casa y horas en las que nadie use el teléfono, incluyendo a mamá y papá. “No cruces la puerta al llegar a casa después del trabajo en medio de una conversación telefónica”, aconseja la Dra. Steiner-Adair. “No cruces la puerta al llegar del trabajo, digas ‘hola’ a la rápida y luego ‘simplemente comiences a revisar tus emails’. Por la mañana, levántate media hora antes que tus hijas e hijos y revisa tu correo en ese momento. Préstales toda tu atención hasta que salgan por la puerta. Además, nadie debería usar sus teléfonos de camino hacia o desde la escuela, porque ese es un momento importante para conversar”.

Limitar la cantidad de tiempo que pasas frente a pantallas no solo proporciona un contrapunto saludable para el mundo obsesionado con la tecnología, sino que también fortalece el vínculo familiar. Además, ayuda a niñas y niños a sentir más seguridad: necesitan saber que tú estás disponible para ayudarles con sus problemas, hablar sobre su día o darles una perspectiva realista.

“Son esos pequeños momentos de desconexión, cuando mamás y papás se han sumergido en sus propios dispositivos y pantallas, los que diluyen la relación con sus hijas e hijos”, advierte la Dra. Steiner-Adair. Y cuando las niñas y los niños empiecen a recurrir a TikTok o a chatbots para pedir ayuda o procesar lo que les ocurrió durante el día, es posible que el resultado no sea el que esperabas. “La tecnología le puede brindar a tu hija o hijo más información de la que tú le quieres dar en ese momento y no comparte tus valores”, señala la Dra. Steiner-Adair. “No será sensible a su personalidad y no responderá sus preguntas de una manera apropiada para su etapa de desarrollo”.

Dado que las investigaciones muestran que las niñas en las primeras etapas de la adolescencia son quienes presentan mayor vulnerabilidad a los efectos perjudiciales de las redes sociales, la recomendación de especialistas es retrasar lo más posible la edad en que comienzan a usarlas. El movimiento de familias llamado Wait Until 8th promueve retrasar la exposición a las redes sociales hasta que las niñas y los niños estén en octavo grado.

También recomiendan establecer reglas claras sobre el comportamiento adecuado en línea, como no publicar nunca algo que no dirías en persona, y utilizar los controles parentales que ofrecen las principales plataformas de redes sociales, como TikTok, Instagram y Snapchat, para limitar la exposición.

Otra opción es la herramienta de control parental llamada Bark, que monitorea la actividad de niñas y niños en redes sociales, así como en YouTube, el correo electrónico y los mensajes de texto. Filtra señales de contenido perjudicial, como material sexual, amenazas de violencia, depresión, pensamientos suicidas y acoso. Las familias reciben alertas por email y mensajes de texto si detecta algo preocupante en la actividad en línea. También se puede utilizar para limitar el tiempo frente a pantallas y bloquear sitios web específicos. Screen Time es otra herramienta que permite establecer límites para el tiempo diario frente a pantallas, bloquear los horarios en los que no se deben usar y controlar categorías de sitios web y URL específicas.

Fuera de los servicios en línea, el mejor consejo para ayudar a desarrollar una autoestima saludable es que niñas y niños se involucren en algo que les interese. Puede ser un deporte, la música, desarmar computadoras, hacer trabajo voluntario o cualquier otra actividad que despierte su interés y les ayude a fortalecer su autoconfianza. Cuando aprenden a sentirse bien con lo que pueden hacer, en lugar de centrarse en su apariencia o en lo que poseen, se sienten más felices y cuentan con una mayor preparación para el éxito en la vida real. El hecho de que muchas de estas actividades también impliquen pasar tiempo con pares en persona es la mejor parte.

Preguntas frecuentes

¿Cómo influyen las redes sociales de forma negativa en el comportamiento?

Las redes sociales afectan el comportamiento de forma negativa al privar a niñas y niños de señales sociales importantes que normalmente aprenderían a través de la comunicación en persona. Esto puede hacer que sean más insensibles y sientan mayor ansiedad e inseguridad.

¿Cómo afectan las redes sociales las habilidades sociales?

Las redes sociales afectan las habilidades sociales al sustituir parte del contacto directo de las niñas y los niños con sus pares. Esto puede provocar insensibilidad en la comunicación y una gran ansiedad durante las conversaciones en persona.

¿Cómo afectan las redes sociales la salud mental durante la adolescencia?

Las redes sociales afectan negativamente la salud mental de las y los adolescentes al limitar el contacto directo con sus pares y fomentar la comparación constante en línea, lo que puede conducir a una baja autoestima, ansiedad y depresión.

¿Las redes sociales son perjudiciales?

Las redes sociales pueden ser perjudiciales porque fomentan la comparación constante y limitan la comunicación en persona, lo que a menudo conduce a un aumento de los sentimientos de depresión, ansiedad, imagen corporal deteriorada y soledad.

Última revisión o actualización: 7 de octubre de 2026.

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