Una crisis autista se desencadena cuando una niña o niño siente que no puede más, ya sea por estrés, emociones intensas, estímulos sensoriales, cambios o cualquier otra cosa. Su sistema nervioso simpático —la red del cuerpo responsable de nuestra respuesta de “lucha o huida”— se dispara y pierden el control.
Cómo calmar una crisis de autismo
Consejos para reconocer las señales y mantener a salvo a toda la familia
Experto clínico: Conner James Black, PhD
in EnglishPuntos clave
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A diferencia de los berrinches, las crisis son involuntarias, pueden durar hasta varias horas y suelen afectar sobre todo a niñas y niños con autismo.
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Intervenir en las primeras fases de una crisis —por ejemplo, eliminando el desencadenante— puede evitar que se agrave.
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Cuando las niñas y los niños aprenden estrategias para manejar emociones intensas y las madres y los padres aprenden a ayudarles, la duración, la frecuencia y la intensidad de las crisis pueden disminuir.
Un error común sobre los berrinches y las crisis es que son lo mismo. Pero, aunque comparten algunas similitudes en su expresión inicial —llanto, gritos, portazos, palabras duras—, en realidad son bastante diferentes. Lidiar con una crisis requiere un enfoque más especializado, especialmente con niñas y niños en el espectro autista.
¿Qué es un berrinche y qué es una crisis?
Ambos sucesos ocurren por razones diferentes. Una niña o un niño tiene un berrinche cuando siente enfado o frustración, y se porta mal porque cree que se le ha hecho una injusticia. Es consciente de lo que está haciendo y aún tiene cierto control. Y si la persona que cuida a la niña o al niño ignora el berrinche, es probable que se calme rápidamente.
Las crisis, por otro lado, ocurren de forma involuntaria y, aparentemente, de la nada. También suelen ser mucho más intensas que un berrinche típico y pueden incluir comportamientos violentos como golpearse la cabeza, pegar a otros y destrozar cosas. Una vez que empieza una crisis, hace falta intervenir para detenerla, ya sea de forma interna (por ejemplo, que la niña o el niño use sus propias estrategias de afrontamiento para calmarse) o externa (por ejemplo, con el apoyo de la madre, el padre o la persona que la cuida). La crisis puede durar entre unos minutos y varias horas.
Los berrinches son comunes en la mayoría de las niñas y los niños, pero quienes tienen autismo son más propensos a tener crisis de diferentes intensidades, dice el Dr. Conner Black, director asociado del Centro para el Autismo del Child Mind Institute.
¿Cuáles son las etapas de una crisis en el autismo?
Para una niña o niño con autismo, una crisis se desencadena cuando siente agobio, ya sea por estrés, emociones intensas, estímulos sensoriales, cambios o cualquier otra cosa. Su sistema nervioso simpático —la red del cuerpo responsable de nuestra respuesta de “lucha o huida”— se dispara y pierden el control.
Una crisis autista tiene varias etapas y entenderlas puede ayudarte a saber cómo responder de forma eficaz. La duración y la intensidad de la crisis dependen de si la intervención, incluidas las habilidades de afrontamiento aprendidas, puede evitar que la niña o niño llegue a un punto crítico, explica el Dr. Black. “Es posible que ciertas habilidades no funcionen siempre, y eso realmente no es culpa de nadie”, dice, pero una vez que la niña o niño llega a esa etapa crítica, la intervención ya no sirve de nada. Describe el curso de una crisis a través de las fases del ciclo de escalada del comportamiento:
- Tranquilidad: “Esto es básicamente el valle o la llanura al pie de la montaña, que se considera la línea de base, cuando la niña o niño está feliz, con tranquilidad y en su mejor momento”, dice el Dr. Black. Por ejemplo, en el aula, el comportamiento de un estudiante podría describirse como cooperativo y receptivo a las instrucciones. Estos comportamientos son específicos de cada persona, por lo que ayuda reconocer cómo se manifiestan en tu hija o hijo.
- Desencadenante: Aunque los desencadenantes pueden variar, dice el Dr. Black, hay algunos comunes que con frecuencia encuentra en niñas y niños con autismo. “Con frecuencia están relacionados con la mala interpretación de situaciones sociales, la falta de tiempo para dedicarse a sus intereses preferidos, un cambio repentino en su horario o una transición inesperada”, explica. “También podría tratarse de cierta aversión sensorial, como ruidos fuertes o conversaciones en voz alta. A veces puede ser algo tan simple como la forma en que se presenta la comida en el plato”. La respuesta de la niña o el niño a ese desencadenante puede variar según su estado interno actual o factores ambientales externos. Pero si el desencadenante no se elimina o es lo suficientemente fuerte como para desregularle, entrará en la siguiente fase: la agitación.
- Agitación: En este punto, la niña o el niño empezará a mostrar comportamientos que indican que ya no está en su fase de calma. Puede que empiece a moverse sin parar, a mover los ojos de un lado a otro o a dar golpecitos con las manos. En otras niñas o niños, podría parecer una desconexión total o que se quedan mirando al vacío. Aunque eliminar el desencadenante aún podría funcionar al principio de esta fase, los intentos de resolución de problemas pueden salir mal y empujarle a intensificar sus comportamientos.
- Aceleración/Escalada: “Es aquí cuando realmente empiezas a ver una intensificación de los comportamientos”, dice el Dr. Black. “Cualquier cosa, desde gritar hasta lanzar juguetes o agredir al cuidador o a quienquiera que esté en la habitación. O podrían dirigir esa agresividad hacia sí mismos, ya sea dándose golpes en la cabeza o golpeándose repetidamente”. La niña o el niño puede volverse resistente a la intervención y discutidor.
- Pico/Crisis: En esta fase, la niña o el niño no ha respondido a los intentos de calmar la situación y seguirá mostrando comportamientos potencialmente peligrosos. “Cuando pienso en el punto de crisis, pienso en comportamientos que con frecuencia van a requerir un mayor nivel de atención. Así que eso podría ser violencia, comportamientos autolesivos o incluso ideas suicidas intensas”, dice el Dr. Black. Para poder distinguir entre escalada y crisis, añade, es importante saber cómo son los comportamientos más extremos de tu hija o hijo. “Lanzar objetos podría ser la etapa de escalada, y la siguiente etapa es, de hecho, cuando están destruyendo la propiedad”, explica el Dr. Black.
- Desescalada: Por fin, la intensidad del comportamiento empieza a remitir. La niña o niño puede mostrar desorientación, confusión y cansancio. Poco a poco se irá calmando.
- Recuperación: La niña o niño se encuentra oficialmente en esta fase cuando vuelve por completo a su estado normal, dice el Dr. Black. Los comportamientos que verás en esta fase son los mismos que ves cuando está en su fase de calma.
Cómo prevenir la escalada de una crisis
Una vez que una niña o niño ha empezado a sufrir una crisis, es difícil que vuelva a su estado normal. Dependiendo de la fase, ciertas intervenciones pueden ayudar, mientras que otras podrían empeorar las cosas.
En primer lugar, debes evitar los desencadenantes, aconseja el Dr. Black. “Las personas con autismo pueden tener muchas dificultades para hablar de sus emociones o incluso para entenderlas. Por eso, normalmente son las madres, los padres o los cuidadores quienes deben identificar qué cosas pueden desencadenarlas de una forma u otra”, dice.
Por ejemplo, a algunas personas con autismo les va muy bien con la rutina y pueden ponerse nerviosas cuando hay cambios inesperados. Tener un horario visual con lo que va a pasar exactamente durante el día puede ayudar a evitarlo, dice el Dr. Black. “Si sabes que va a haber un cambio, puedes elegir un momento, quizá con un par de días de antelación, para hablar con ellas sobre cuál va a ser ese cambio”.
Y si sabes que tu hija o hijo suele tener crisis en espacios públicos, dice el Dr. Black, piensa en cuáles son esos desencadenantes externos y cómo prepararte con antelación. Si tiende a alterarse con los ruidos fuertes, por ejemplo, unos auriculares pueden ser un objeto —¡junto con el teléfono, la cartera y las llaves!— sin el que nunca salgas de casa. Si es posible, colabora con un profesional de la salud mental para identificar los desencadenantes y desarrollar un plan de escalada.
Qué hacer en la fase de agitación
Si tu hija o hijo ha llegado a la fase de agitación, dice el Dr. Black, puedes intentar intervenir con las estrategias de afrontamiento que has aprendido en terapia, ya sea algo tan simple como eliminar un desencadenante o ofrecerle una actividad que le guste en ese momento para ayudar a evitar que sus comportamientos se agraven.
A veces las niñas y los niños se enfrentan a un entorno, como una escuela, que está fuera de tu control pero que contiene una amplia gama de posibles desencadenantes y los empuja a la fase de agitación. Como su casa es un entorno más cómodo, las niñas o niños con autismo pueden mantener la calma en la escuela y luego tener una crisis rápidamente una vez que llegan a casa.
“En ese caso, durante esa primera hora, déjales tener su tiempo a solas donde puedan solo relajarse”, sugiere el Dr. Black. “Puede ser comer algo, ver un programa de televisión o solo sentarse en silencio en su habitación. Quizás sea realizar algún tipo de comportamiento de autoestimulación”. Esto puede darles el espacio para calmarse y alejarse un rato de cualquier tipo de estímulo externo que pudiera empujarles a pasar de la fase de agitación al punto de escalada de una crisis.
Qué hacer en la fase de aceleración/escalada
Puede ser difícil anticipar todos los desencadenantes posibles, sobre todo cuando puede haber varios a la vez en un mismo día. Y a veces las estrategias de afrontamiento no bastan para evitar que la niña o niño se intensifique o el desencadenante es demasiado fuerte. Aun así, hay algunas cosas que el Dr. Black sugiere que puedes hacer para intentar evitar que lleguen a ese punto crítico.
Mantén la comunicación breve y concreta
Hablar demasiado puede resultar abrumador para la niña o niño en esta etapa y podría empujarlo a la crisis, explica el Dr. Black, así que cuanto menos se comunique, mejor. “Una instrucción sencilla consiste en usar solo una frase corta. Digamos que hay un ruido fuerte, por ejemplo. Puedes decir simplemente: “Ve por tus auriculares””, dice.
Usa señales visuales
En lugar de intentar comunicarte verbalmente, puedes mostrar una señal visual. “Si tu hija o hijo ya ha estado trabajando con un terapeuta o si ha aprendido algunas estrategias de afrontamiento, sería útil tener a mano una hoja plastificada con su nombre y dibujos de cuatro opciones diferentes de estrategias de afrontamiento, como los auriculares, la respiración profunda, colorear o sentarse a solas en su habitación”
El Dr. Black aconseja dar solo unas pocas opciones, ya que a tu hija o hijo ya le cuesta concentrarse cuando se altera. Además, si no elige una de inmediato y quieres volver a intentarlo, recomienda que “dejes pasar un silencio de al menos 60 segundos entre cada indicación, porque no quieres insistir demasiado y agravar aún más la situación”. Pero ofrecer estas opciones les permite mantener su autonomía, lo cual es importante durante la escalada.
Qué hacer en la fase de pico/crisis
“Una vez que llegan a ese punto álgido, han llegado al punto de no retorno y solo tienen que pasar por el proceso”, dice el Dr. Black. Destaca que, en este momento, la comunicación debe ser mínima o inexistente.
Cuando el objetivo es mantener la seguridad
“El objetivo pasa a ser realmente poder garantizar la seguridad tanto de la persona como de los familiares que se encuentren cerca”, explica el Dr. Black. “Si se están haciendo daño, como por ejemplo dándose golpes en la cabeza, llévales a la cama para que al menos estén sobre algo más blando y que no les cause lesiones graves”.
Los esfuerzos por garantizar la máxima seguridad de la niña o niño pueden ponerte en peligro. “Si hay agresividad, puedes vigilar y asegurarte de que estén a salvo, pero sin acercarte demasiado para que no te ataquen, dice el Dr. Black.
Si hay otras personas en la casa, el Dr. Black aconseja que planifiques cómo mantenerlas a salvo. “Quizás puedan irse a su habitación y cerrar la puerta con llave mientras ocurre todo”, dice. “Algunas familias hacen que los demás se suban al coche y esperen sentados hasta que su madre o padre salga a buscarlos.”
Cuando necesitas servicios de emergencia
Si la fase de crisis se prolonga durante mucho tiempo, dice el Dr. Black, “es entonces cuando tendrías que pensar en llamar al 911. Y a medida que las niñas o niños se convierten en adolescentes, la respuesta va a ser muy diferente. Solo por el tamaño, es un poco más fácil manejar la situación con una niña o niño de 5 años que con uno de 15”.
El Dr. Black aconseja que contactes con la policía local o el servicio de emergencias médicas con antelación para informarles de que tienes una hija o hijo con autismo en casa, de modo que, si llamas durante una emergencia, ya estén al tanto de tu familia.
Qué hacer en las fases de desescalada y recuperación
Estate atento a las señales de que la niña o niño está empezando a calmarse, dice el Dr. Black. “Lo único que tienes que hacer en este momento es mantener la seguridad hasta que realmente veas que la intensidad del comportamiento disminuye o que la frecuencia baja un poco”. Entonces, dice, puedes empezar a comunicarte con él de nuevo poco a poco. Hay que tener mucho cuidado aquí, porque puede parecer que se están calmando, pero si se les presiona demasiado y no están preparados para hablar, podrían volver directamente a la fase de crisis.
En la fase de recuperación, “toda la familia se está recuperando”, dice el Dr. Black. Es en este momento cuando todos podéis analizar lo sucedido y resolver qué pudo haber desencadenado esta escalada y cómo evitarla en el futuro.
“Asegúrate también de hablar por separado con los demás hermanos en casa después de que haya pasado”, añade el Dr. Black. “Acaban de presenciar algo que puede haber sido traumático y muy estresante para ellos. Con frecuencia se presta tanta atención a la niña o niño con los comportamientos más intensos en ese momento”.
Tratamiento farmacológico
A veces, una niña o niño o adolescente puede sufrir crisis frecuentes hasta el punto de que interfieran en su calidad de vida y su capacidad para asistir a una escuela. En ese momento, un profesional de la salud mental puede recomendar consultar con un psiquiatra para añadir medicación a su tratamiento.
El tipo de medicación depende de los mecanismos subyacentes que contribuyen a los comportamientos, dice el Dr. Black. “Por ejemplo, si se debe a una ansiedad significativa, los psiquiatras pueden recetar un ISRS como el Prozac o el Zoloft. Si una niña o niño tiene TDAH concomitante, lo cual es muy común, se pueden recomendar medicamentos estimulantes o no estimulantes para el TDAH. Y si el comportamiento se debe a irritabilidad o a algún tipo de rigidez, pueden ser útiles medicamentos antipsicóticos como el Abilify o la risperidona”.
La mejora es posible
El Dr. Black señala que cuando las niñas y los niños reciben el apoyo que necesitan, su calidad de vida mejora de verdad. “He visto que cuando las familias colaboran con terapeutas para elaborar diferentes planes de comportamiento y encontrar un régimen de medicación adecuado, se produce una gran mejora en los problemas de comportamiento”, dice. “La duración, la frecuencia y la intensidad de las crisis disminuyen a medida que las niñas y los niños aprenden a manejar las emociones fuertes y los padres aprenden a responder ante ellas. Y la medicación puede ayudar a aumentar sus posibilidades de poder usar habilidades de afrontamiento o técnicas de regulación para calmarse cuando empiezan a sentirse realmente frustrados.”
Preguntas frecuentes
La forma en que un padre o una madre ayuda a una niña o niño a calmarse depende de la fase en la que se encuentre la crisis y de los desencadenantes específicos de la niña o niño, pero evitar desencadenantes comunes como cambios repentinos en la rutina o ruidos fuertes del exterior puede ayudar.
Las estrategias de afrontamiento que las niñas y los niños pueden usar durante una crisis dependen de los desencadenantes de cada uno, pero algunas estrategias comunes incluyen usar auriculares, respirar profundamente, colorear y sentarse solos en su habitación.
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