El trauma puede afectar el comportamiento de los niños en la medida que puede causar hipervigilancia, problemas para manejar las emociones, así como para entablar relaciones con otras personas y dificultades con el funcionamiento ejecutivo.
De qué manera afecta el trauma a los niños en la escuela
Conoce las señales y obtén consejos para ayudar a niños que han experimentado un evento traumático.
Experto clínico: Jamie M. Howard, PhD
in EnglishLo que aprenderá
- ¿Qué tipos de trauma suelen afectar a los niños en el aula?
- ¿En qué habilidades necesitan más apoyo escolar los niños que han atravesado por una experiencia traumática?
- ¿Cómo pueden ayudar los maestros a los niños después de experimentar un evento traumático?
Lectura rápida
Muchas veces, el trauma infantil no es solamente un evento aislado que se presenta una sola vez. A menudo se trata de abuso o abandono continuos. Tal vez se trate de violencia en el hogar o en la comunidad, y en algunos casos, podría estar relacionado con la experiencia de no tener un lugar para dormir. El trauma afecta el comportamiento de los niños en el aula. Quienes han atravesado por una experiencia traumática suelen ocultar bastante bien su dolor, y las formas en que se hace visible podrían parecer más bien mal comportamiento o incluso TDAH.
Cuando los niños aprenden a no confiar en las personas adultas, les cuesta relacionarse con sus maestros. No piden ayuda. Podrían estar todo el tiempo moviéndose, siempre en busca de algún peligro. Debido a que podría parecer que se están portando mal, las escuelas se apresuran a aplicar castigos. Pero lo que estos niños necesitan en su lugar son maestros que les muestren que comprenden cómo se sienten. Una forma de ayudar es nombrar el sentimiento que observas que el niño o niña están expresando. No pasa nada si te equivocas. Probablemente ellos te corregirán.
Los bebés aprenden a calmarse cuando las personas adultas les brindan consuelo. Cuando los niños nunca han tenido una persona adulta que les brinde consuelo, pueden llegar a la edad escolar sin las habilidades para enfrentar sentimientos grandes. Necesitan que un maestro les ayude a aprender a calmarse antes de poder hacerlo por su cuenta.
Los niños que han experimentado trauma suelen ver las cosas de la peor manera posible. Podrían pensar que son malas personas. O que las demás personas se quieren aprovechar de ellos. Pueden tener tanto miedo de cometer errores que no se atreven a realizar ninguna actividad. Necesitan ayuda para ver que son buenas personas que merecen estar bien.
Los niños que han experimentado trauma pueden tener problemas para concentrarse y analizar las cosas. También pueden comportarse de manera inapropiada para llamar la atención, incluso de forma negativa. Puede ser de ayuda que los maestros les presten mucha atención positiva. Eso incluye ser amables y brindarles atención cariñosa “simplemente porque sí”, no solamente cuando hacen algo bien.
Tendemos a pensar en el trauma como el resultado de un suceso aterrador y perturbador, pero muchos niños experimentan trauma de forma continua a lo largo de su desarrollo temprano, que incluye abuso, abandono, falta de hogar, violencia doméstica o violencia en sus comunidades. Y está claro que el trauma crónico puede causar serios problemas en el aprendizaje y el comportamiento.
Abordar el trauma es particularmente desafiante para los educadores, porque los niños a menudo no expresan el sufrimiento que están sintiendo de maneras que sean fácilmente reconocibles, y podrían ocultar ese dolor con un comportamiento agresivo o poco amigable. Como lo resume la Dra. Nancy Rappaport, psiquiatra de niños y adolescentes, que se enfoca en problemas de salud mental en escuelas: “Son especialistas en asegurarse de que no notemos que están sangrando”.
Identificar los síntomas de trauma en niños puede ayudar a los educadores a entender esos comportamientos confusos y evitar diagnósticos equivocados, dado que los síntomas se pueden parecer a otros problemas, incluyendo TDAH y otros trastornos de conducta.
En resumen, los obstáculos para el aprendizaje que experimentan estos niños incluyen:
- Problemas para relacionarse con sus maestros
- Falta de autorregulación
- Pensamiento negativo
- Hipervigilancia
- Desafíos con la función ejecutiva
Trauma y dificultad para formar vínculos
Los niños que han experimentado abandono o abuso tienen problemas para relacionarse con sus maestros, que es un paso necesario para tener una experiencia exitosa en el salón de clases. Han aprendido a estar en guardia frente a las personas adultas (incluso cuando parecen confiables), pues no recibieron atención y experimentaron traición por parte de aquellas personas de quienes dependían.
“Estos niños no cuentan con el entorno para pedir ayuda”, señala la Dra. Rappaport, consultora escolar y profesora de psiquiatría asociada en Harvard Medical School. “No tienen el modelo de una persona adulta que reconozca sus necesidades y les proporcione lo que necesitan”.
Muchos de estos niños no han estado en condiciones de desarrollar un sentimiento de seguridad hacia las personas adultas en sus vidas, agrega Jamie Howard, PhD, psicóloga clínica y titular del Servicio para el trauma y la resiliencia en el Child Mind Institute. Necesitan ayuda para permitir que otras personas adultas entren en sus vidas. “Los niños que nunca desarrollaron ese patrón temprano que te permite confiar en las personas, sentir que te aman y que hay personas que se harán cargo de ti —explica la Dra. Howard— requieren apoyo para generar esa clase de relación”.
Uno de los desafíos para dar ese apoyo es que, cuando los niños se portan mal, nuestras escuelas a menudo recurren a sistemas disciplinarios que implican retirarles la atención y el apoyo, en lugar de proporcionarles apoyo para sus problemas. Las escuelas tienen poca paciencia con los niños que provocan o alejan a las personas adultas que intentan ayudarles.
En lugar de suspender a los niños, la Dra. Rappaport dice que las escuelas necesitan trabajar con ellos en el cambio de comportamiento. Cuando un estudiante se porta mal en clase, explica, los maestros deben reconocer los sentimientos intensos que están expresando, aunque sean inapropiados.
En lugar de ir directamente al plan de comportamiento (restarles puntos, retirarles privilegios o aplicar suspensiones), la Dra. Rappaport enfatiza la importancia de reconocer las emociones y tratar de identificarlas. Sugiere decir: “¡Puedo ver que estás REALMENTE enojada porque Andrea tomó el marcador que querías!”. “Si esa no es la razón por la que se molestó, lo más probable es que te corrija”.
Reconocer y nombrar una emoción ayuda a los niños a expresarla de una manera más apropiada. Comunicar que tú “entiendes”, es el primer paso necesario para ayudar a un niño a aprender a expresarse de manera que no le aleje de las personas que pueden brindarle ayuda.
Falta de autorregulación
Por lo general, los niños que han experimentado trauma tienen problemas para manejar emociones fuertes. Los bebés y niños pequeños aprenden a calmarse y tranquilizarse porque las personas adultas en sus vidas les calman y tranquilizan, señala la Dra. Howard. Si no han tenido esa experiencia, por abandono, “esa falta de tranquilidad y de seguridad en su sistema contribuye a su desregulación crónica”.
En el aula, los maestros necesitan apoyar y orientar a estos niños en formas que les ayuden a calmarse y aprender a manejar sus emociones. “Tenemos que trabajar conjuntamente en el manejo de su conducta”, explica la Dra. Rappaport. “La corregulación viene antes de la autorregulación. Tenemos que ayudarles a obtener el control que necesitan para cambiar de canal cuando se molestan”. Necesitan capacitación y práctica para reducir la tensión cuando sus emociones les agobian, agrega.
Pensamientos negativos
Otro desafío que enfrentan los niños que han experimentado trauma es que desarrollan la creencia de que son malas personas y de que lo que les pasa es su culpa. Esto les lleva a pensar que las personas no los querrán y los tratarán mal. La Dra. Howard lo explica así con este ejemplo: “Soy una niña mala, ¿cómo me va a ir bien en la escuela? A las niñas malas no les va bien en la escuela”.
También es frecuente que los niños que han experimentado trauma desarrollen lo que la Dra. Howard denomina “sesgo de atribución hostil”: pensar que las personas están en su contra. “Así que si un maestro dice ‘siéntate en tu silla’, lo que escuchan es ‘¡SIÉNTATE EN TU SILLA!’”, explica. “Lo escuchan de forma exagerada, con enojo y como algo injusto, por lo que reaccionan rápidamente con irritabilidad”.
Como lo señala la Dra. Rappaport: “Ven negatividad donde nosotros vemos neutralidad”. Para contrarrestar este pensamiento negativo, estos estudiantes tienen que desarrollar una narrativa de sí mismos que les ayude a entender que no son “malas personas”. Y aprender a reconocer este tipo de patrones del pensamiento (como su pensamiento de blanco o negro) es un paso para poder cambiar estos patrones.
La Dra. Rappaport señala que los niños que provienen de hogares abusivos a veces no pueden participar en actividades en el salón de clases, porque se paralizan por el miedo a cometer un error, y que eso les pueda hacer parecer como que si estuvieran teniendo un comportamiento de oposición. “Un error que podría parecer trivial para nosotros —explica— se magnifica si han tenido la experiencia de que esos pequeños errores les causaron castigos o que las personas adultas se enojaran con ellos”.
No solamente necesitan apoyo para incrementar los logros que se pueden experimentar en un salón de clases, también requieren ayuda para ver que en este entorno, cometer un error es considerado una parte necesaria del aprendizaje.
Hipervigilancia
Uno de los síntomas clásicos del trauma es la hipervigilancia, que significa estar excesivamente en alerta ante el peligro. “Es una sobreexcitación psicológica”, explica la Dra. Howard. “Estos niños están a la defensiva, tienen una reacción exageradamente sobresaltada. Pueden mostrar conductas aparentemente fuera de control, porque su respuesta de lucha o huida se ha activado”.
Esto podría parecer hiperactividad, añade, por lo que podrían recibir el diagnóstico equivocado de TDAH. Estar en un estado de agitación crónico puede derivar en dificultades para dormir e irritabilidad continua.
En sus talleres, la Dra. Rappaport capacita a los maestros sobre cómo ayudar a los niños a calmarse cuando algo en el salón de clases desencadena un estallido emocional. Cuando la intensidad de las emociones de los niños aumenta, la clave es actuar como un espejo de sus emociones, pero de forma controlada”.
Esta meta se conecta con su más profundo sentimiento. “Si puedes conectar con aquello que tratan de comunicar, se podrían calmar. Esto funciona aún si tú simplemente haces una suposición: no tienes que acertar, ellos te pueden corregir”.
Desafíos con la función ejecutiva
El trauma crónico afecta la memoria de los niños, su habilidad para poner atención, planificar, pensar muy bien las cosas y otras funciones ejecutivas. Estas áreas se pueden ver particularmente afectadas en el caso de niños que tienen TDAH y que han experimentado trauma.
La dificultad para planificar afecta no solamente la realización de las tareas en clases, sino también la habilidad para planificar su comportamiento (en lugar de reaccionar de manera impulsiva), así como para decidir la mejor forma de comunicar sus necesidades y sentimientos.
Una de las cosas que tienden a molestar a los niños que han experimentado trauma es la dificultad de predecir el futuro: no saber qué va a suceder les inquieta y les genera ansiedad. La doctora Rappaport señala que podría ser útil hacer ensayos o simulacros de lo que sucederá, para que sepan qué esperar.
Otra función ejecutiva que se podría ver afectada debido al trauma es esa habilidad de mantener un relato interno contigo, de decirte mentalmente lo que necesitas hacer cuando realizas alguna tarea. Es una habilidad que los niños pequeños aprenden desde que son bebés, pero si no han tenido la experiencia, podrían necesitar ayuda para desarrollar esta habilidad.
Enfoque en la atención positiva
Además de conectar con niños que han pasado por una experiencia traumática y ayudarles a desarrollar las habilidades que les faltan, la Dra. Rappaport enfatiza la importancia de brindarles la mayor atención positiva posible.
Los niños que han experimentado abandono crónico tienden a ser mejores provocando a las personas de quienes dependen que cumpliendo con las expectativas. “La atención negativa es rápida, predecible y eficiente”, apunta. “Nosotros tenemos que generar atención positiva igual de rápida, predecible y eficaz”.
Sin embargo, agrega que la atención positiva incluye no solo promover la conducta deseada, sino también expresar afecto y amabilidad, aunque no se lo hayan ganado.
Sorprender a los niños con “actos de amabilidad al azar” les puede ayudar a dejar de portarse mal para llamar la atención. “Cuando un estudiante se está portando mal y succionando el oxígeno del aula —dice— algunos maestros han encontrado útil programar sus teléfonos para vibrar cada cinco minutos y así acordarse de brindarle atención positiva al estudiante”.
La Dra. Rappaport ofrece herramientas para entender el TDAH mediante el manejo de la conducta disruptiva en el salón de clases en su libro, The Behavior Code: A Practical Guide to Understanding and Teaching the Most Challenging Students (en inglés), escrito con la analista conductual Jessica Minahan.
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