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Compulsiones mentales y el TOC "O puro"

Casi todos los niños con TOC experimentan compulsiones, pero algunos tipos son fáciles de pasar por alto.

Hannah Sheldon-Dean

La imagen estereotipada del trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es la de una persona con comportamientos rígidos que se siente obligada a repetir: lavarse las manos, alinear los objetos de manera simétrica, cerrar y abrir las puertas una y otra vez. Pero no todas las personas con TOC tienen comportamientos compulsivos que se pueden ver. Algunos niños con TOC experimentan lo que se denomina compulsiones mentales o internas, que solo ocurren en su mente. Y estas compulsiones son tan reales y perturbadoras como las del tipo físico.

En la información sobre este tipo de TOC, a veces aparece el término “O puro”. “O puro” significa “puramente obsesivo” e implica que la persona solo experimenta obsesiones (pensamientos o preocupaciones no deseadas) sin compulsiones. Sin embargo, el término “O puro” suele ser engañoso. Es extremadamente raro que las personas con TOC experimenten obsesiones sin ninguna compulsión. Con mucha más frecuencia, las compulsiones están presentes, solo que son invisibles.

“Si usted sabe qué preguntas hacer, podrá encontrar las compulsiones que hacen los niños, aunque no las reconozcan como tales”, dice Jerry Bubrick, PhD, psicólogo clínico y director del Obsessive-Compulsive Disorder Service del Child Mind Institute.

¿Qué son las compulsiones mentales?

Todos los niños con TOC experimentan obsesiones, es decir, cosas por las que no pueden dejar de preocuparse. Cada niño tiene diferentes obsesiones, pero algunas de las más comunes son el miedo a los gérmenes, la preocupación extrema por la seguridad y el temor a que puedan hacer algo violento. Estos pensamientos obsesivos causan mucha ansiedad, y los niños desarrollan compulsiones (cosas que hacen para aliviar esa ansiedad). A menudo se denominan rituales porque tienen que repetirse exactamente de la misma manera para que la ansiedad cese. 

Los niños y adolescentes con compulsiones mentales tienen los mismos tipos de pensamientos intrusivos que los niños con otras formas de TOC, pero sus compulsiones son diferentes. En lugar de rituales físicos, llevan a cabo rituales en sus pensamientos.

Algunos tipos comunes de compulsiones mentales son:

  • Repetición de recuerdos o conversaciones. Por ejemplo, un niño que tiene miedo de hacer daño a los demás puede pensar en las interacciones pasadas una y otra vez, intentando demostrarse a sí mismo que no ha ofendido o herido a nadie. También podrían recrear de manera compulsiva una acción en su mente, corrigiendo algo que salió mal o tratando de asegurarse de que salió bien.
  • Contar. Los niños pueden contar hasta un determinado número en su cabeza o contar en silencio los objetos que los rodean.
  • Tranquilizarse a ellos mismos. Un niño puede tener un pensamiento intrusivo de que algo malo va a ocurrir y entonces pensar una y otra vez: “Eso no va a pasar”.
  • Repetir palabras mentalmente hasta sentirse “bien”. Los niños con TOC suelen describir que repiten una palabra o frase hasta sentirse “bien”, aunque no sepan por qué.
  • Hacer listas. Los niños pueden revisar de manera compulsiva listas mentales, a veces relacionadas con sus obsesiones. Por ejemplo, pueden hacer una lista de las maneras de evitar los gérmenes o de las razones por las que no son una mala persona.

“A menudo, es una especie de mezcla de compulsiones internas y externas”, dice el Dr. Bubrick. Por ejemplo, un niño puede organizar objetos de manera compulsiva y repetir palabras en su cabeza. Pero también es posible que los niños experimenten solo compulsiones mentales, sin rituales visibles. Y puede que no lo reconozcan como lo que es, especialmente si su TOC no está diagnosticado.

El TOC con compulsiones principalmente internas no es menos (o más) grave que cualquier otra forma de TOC. “La gravedad depende realmente de cuánto interfieren los síntomas en la vida del niño”, señala el Dr. Bubrick. “Si los pensamientos intrusivos y las compulsiones ocupan menos de una hora al día, están ahí pero no interfieren realmente. Cuanto más interfieran los síntomas en su capacidad para socializar, o para estar en la escuela y mantener sus calificaciones y su vida, más grave se considera la condición.”

Señales de que un niño puede tener compulsiones mentales

Desde fuera, puede ser muy difícil saber que un niño está experimentando compulsiones mentales, y es fácil malinterpretar su comportamiento.

“Hay mucha superposición y diagnósticos equivocados con cosas como el TDAH y la depresión“, dice el Dr. Bubrick. “Si estoy sentado en clase y pienso ‘¿apagué el horno? Creo que apagué el horno, pero ¿sí lo apagué?’, y luego el maestro me pregunta algo, no sabré la respuesta. Así que a un maestro le podría parecer que tengo un problema de atención”. Además, puede que los niños dediquen tanto tiempo a sus compulsiones internas que se aíslan o se retraen, lo que puede parecer depresión a primera vista.

Si usted nota estos u otros cambios importantes en el estado de ánimo o el comportamiento de su hijo (cambios en el apetito o en los hábitos de sueño, calificaciones bajas, no querer ver a los amigos) es una señal de que algo importante está ocurriendo, aunque no se trate de TOC. “Si observa alguno de estos signos o varios de ellos, es el momento de tener una conversación con el niño”, dice el Dr. Bubrick. Y si hablarlo no conduce a soluciones, un profesional de la salud mental puede ayudar.

Búsqueda de garantías

Los niños cuyas compulsiones son principalmente internas puede que también tengan algunos comportamientos compulsivos externos, aunque puede que sean difíciles de reconocer. Uno muy común es la búsqueda de garantías, en la que el niño pregunta a sus padres, o a otro adulto de confianza, acerca de sus miedos una y otra vez. Por ejemplo, puede que pregunten: “No hice trampa en mi examen, ¿verdad?”. O “¿nos olvidamos de cerrar la puerta?”. Lograr que les garanticen estas cosas reduce su ansiedad brevemente, pero luego vuelve a aparecer, así que vuelven a preguntar. La repetición de preguntas como estas pueden ser un signo de TOC.

El Dr. Bubrick también señala que a veces los niños se avergüenzan o sienten tanto miedo de un pensamiento obsesivo (por ejemplo, el miedo a lastimar a un miembro de la familia) que no pueden decirlo en voz alta. Podrían decirle a los padres que quieren hablar con ellos y luego decir algo como: “En realidad no quiero decirlo”. Este tipo de conversaciones pueden ser confusas y frustrantes para los padres, pero a menudo son una señal de que el niño necesita tratamiento. “Si usted está atrapado en estas conversaciones repetitivas con su hijo”, dice el Dr. Bubrick, “es el momento de pedir ayuda”.

Cómo se trata el TOC con compulsiones mentales

Si cree que su hijo pudiera tener TOC, el primer paso para ayudarlo a sentirse mejor es obtener una evaluación completa de un especialista.

“Si no se les pregunta directamente, la mayoría de las personas no dirán que hacen rituales mentales”, dice el Dr. Bubrick. “A veces hay tanta vergüenza y pudor con estos síntomas que los niños no admitirán que los tienen, incluso con sus padres. Por lo tanto, es realmente importante encontrar un especialista, porque hay formas de hacer estas preguntas que lo normalizan para los niños, que hacen que sea más fácil para ellos abrirse.”

Una vez que un niño con compulsiones mentales tiene un diagnóstico preciso, el tratamiento en sí se parece mucho al tratamiento conductual para otras formas de TOC, aunque puede que el desafío sea un poco mayor. “Puede ser difícil tratar a los niños con rituales mentales porque no se sabe en qué están pensando durante las sesiones”, dice el Dr. Bubrick. “Pueden estar tratando de tranquilizarse a sí mismos mientras usted les habla. Por eso el tratamiento tiene que ser más conversacional: tiene que ocurrir en voz alta”.

Los médicos guían a los niños a través de una forma de terapia cognitivo-conductual (TCC) conocida como “exposición y prevención de respuesta”. La idea es que, aunque los niños no puedan controlar sus pensamientos obsesivos, pueden aprender a controlar sus reacciones ante ellos, incluso cuando esas reacciones son rituales mentales.

Por ejemplo, dice el Dr. Bubrick, un niño obsesionado con el miedo a ofender a las personas puede practicar la respuesta a ese miedo. “Podrían tener un pensamiento intrusivo sobre ofender a alguien, y entonces pueden reaccionar diciendo: ‘Sí, he ofendido a alguien. Fue horrible, y no voy a tener ningún amigo’. Cuando lo dice en voz alta, puede escuchar lo ridículo que suena”. Con el apoyo del médico, los niños pueden practicar cómo tolerar su ansiedad sin depender de los rituales mentales, y la ansiedad disminuye con el tiempo.

El apoyo de los padres también es una parte crucial del tratamiento. Los padres pueden ayudar a los niños a practicar en casa las habilidades que están aprendiendo en el tratamiento, y también pueden aprender a responder a las compulsiones externas de los niños de forma más útil.

Incluso antes de que su hijo reciba un diagnóstico, añade el Dr. Bubrick, es útil validar lo difícil que es su experiencia y ofrecerle apoyo de manera activa. Hágales saber que usted ve que están pasando por algo difícil y que está ahí para ayudar. Ese tipo de reconocimiento puede marcar una gran diferencia para los niños que están luchando contra un desafío invisible. Contar con su apoyo puede facilitar que compartan detalles sobre lo que están pasando, y entonces usted estará mejor preparado para conseguir el tratamiento que necesitan.