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Nuestra hija no quiere reconocer su diagnóstico de ansiedad y depresión, y no nos entusiasma demasiado su psicólogo. ¿Tiene alguna sugerencia?

Respuesta de Alan Ravitz, MD, MS

Q Nuestra hija fue recientemente diagnosticada con ansiedad y depresión, sin embargo no acepta el diagnóstico y se niega a someterse a un tratamiento. Y no nos gusta mucho el psicólogo. El psicólogo sugirió que sólo solicitáramos consejería, pero que la dejáramos elegir a quién consultar. En las pruebas que realizo el psicólogo, vimos que el cerebro de mi hija funciona a velocidades diferentes, y que lo que tiene no es el TDAH, sino que, la variación en la forma en la que procesa los estímulos, causa que no pueda procesarlos lógicamente y que malinterprete las señales sociales. Ella se está volviendo cada vez más irritable. No parece tener pensamientos o sentimientos suicidas, pero ha dejado de hacer todas las cosas que disfrutaba. No sabemos cómo hacer para que se someta a la terapia. ¿Alguna sugerencia?

Es una pregunta difícil. Echemos un vistazo a los siguientes componentes.

El funcionamiento del cerebro de su hija “a diferentes velocidades” podría significar un procesamiento lento, lo que significa que, aunque sea inteligente, le toma más tiempo procesar los estímulos. No estoy seguro de cómo va en la escuela, pero muchas veces, a los niños con un procesamiento lento les va mejor si tienen más tiempo para hacer exámenes, por ejemplo. Si ve el mismo problema en el ámbito social, donde necesita más tiempo de lo que se considera “normal” para procesar las interacciones sociales, podemos ver cómo podría ponerse nerviosa o deprimida, lo que nos lleva a sus diagnósticos.

En primer lugar, parece que su hija tiene las señales típicas de depresión. A menudo, cuando los niños están deprimidos, no experimentan tristeza sino irritabilidad. Y el hecho de que no disfrute de las cosas que solía disfrutar de una manera tan repentina es lo que llamamos “anhedonia”, otra señal de alarma. Quizá esto le quede claro a usted, pero lo primero que tenemos que entender es que, cuando se recibe un diagnóstico de ansiedad y depresión, son malas noticias. Mucha gente no quiere someterse a un tratamiento porque el tratamiento implica reconocer que algo anda mal, y preferirían pretender que no está pasando nada.

Además, si es una adolescente, va a ser muy difícil obligarla a seguir un tratamiento, y esto usted ya lo entiende. Además, no se beneficiará del tratamiento a menos que lo acepte. Así que usted tiene que encontrar a un profesional con quien su hija pueda relacionarse.

Lo que me lleva al número tres: si a usted no le encanta el psicólogo, no es extraño que a su hija tampoco le guste el psicólogo. Así que tiene que tratar de encontrar a alguien con quien ella se sienta cómoda.

Y luego, tal vez la manera de empezar es con un tratamiento en familia, para que su hija no se sienta identificada como la única causa del problema. Ésta es una buena ruta hacia la terapia para los adolescentes, ya que muchas veces identifican sus problemas emocionales con su situación cotidiana, y puede que ella diga “No estoy deprimida, sólo odio a mi familia”. No sé los detalles del caso de su hija, pero entrar en el tratamiento como familia significa que la familia asume parte de la carga, en cierto modo.

Necesito recalcar nuevamente que encontrar a alguien con quien trabajar es fundamental. Cuando las personas comienzan el tratamiento, a veces tienen la impresión de que no es tan importante que les guste la persona a la que ven, pero eso no es cierto. Parte de lo que hace que el tratamiento funcione es una buena conexión entre el paciente y el profesional, una buena conexión significa que el éxito será más probable. Esto es muy, muy importante.

Así que, comiencen con la familia entera, ¡pero asegúrense de encontrar a alguien que les guste a todos!

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