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Criar cuando se tiene depresión

Cómo cuidar de usted mismo y de su familia.

Tonya Russell

La mayoría de los padres se preguntan en algún momento u otro si están haciendo un buen trabajo como padres. Pero en el caso de los padres que están lidiando con la depresión, estos pensamientos pueden resultar abrumadores. Dado que la depresión afecta la autoestima y dificulta la participación en la vida diaria, criar cuando se tiene depresión podría hacer que estar presente para sus hijos se torne imposible.

Si usted es un padre o una madre que está lidiando con la depresión, es importante saber que no es el único. Las últimas investigaciones muestran que el 8,4 por ciento de los adultos en Estados Unidos (21 millones de personas) han tenido al menos un episodio depresivo mayor. Aquí le decimos cómo saber si usted pudiera estar experimentando depresión, y cómo cuidar a sus hijos (¡y a usted mismo!) si es el caso. La depresión es tratable y, con apoyo, los padres que la experimentan pueden salir adelante.

¿Cómo es criar con depresión? 

Hay diferentes grados de depresión, y esta puede lucir diferente de una persona a otra. Algunos padres experimentan depresión cuando nace un hijo, mientras que otros pueden desarrollarla mucho más tarde. Y otros pueden haber estado lidiando con la depresión durante toda su vida y descubrir que la paternidad intensifica o cambia la experiencia de enfrentarse a ella. Además, la depresión puede afectar tanto a los padres como a las madres. Haga clic aquí para obtener más información sobre los tipos comunes de depresión y sus síntomas.

Cara Macari, LCSW, trabajadora social clínica en el Child Mind Institute, explica que la depresión suele afectar la motivación de los padres. “Con la depresión surgen fuertes impulsos de querer acurrucarse y aislarse”, dice. “Eso dificulta la participación en actividades, e incluso podría dificultar el vínculo con los niños”. 

Así le sucedió a Jazmine Cruz, de 34 años, quien vive en Nueva Jersey. Esta madre de dos hijos y maestra de primaria ha luchado contra la depresión desde la muerte de su abuelo, cuando ella estaba en la middle school. Sus dos partos ocurrieron casi al mismo tiempo que las muertes de familiares cercanos, lo que la llevó a una espiral descendente en cada ocasión.  “Se supone que tienes que alegrarte por tu primer hijo, pero yo no tuve eso”, recuerda Cruz. “Todo lo que debería haber sido alegre de la maternidad se vio afectado por la depresión”. Cruz luchó por superar esos sentimientos, que a veces llegaban hasta el punto de que los logros de sus hijos no parecían significativos. Se había acostumbrado a sentirse desmotivada y deprimida, pero una vez que tuvo hijos, esos síntomas se volvieron aún más angustiosos.

Macari señala que algunos padres con depresión pueden sentir que pasar tiempo con sus hijos es menos agradable, y pueden desarrollar un afecto monótono o plano. “Esto puede hacer que parezcan o que se sientan menos cariñosos con sus hijos y con los demás a su alrededor”. Y los efectos de la depresión en la crianza también pueden afectar la autoestima de los padres. “Cuando sientes que estás cayendo en una espiral descendente, es posible que no vayas al parque, por ejemplo”, dice Macari. “Lo que viene con eso es: ‘Decepcioné a mis hijos, soy un fracaso, soy un padre terrible’. Y después de tener ese pensamiento, tienes más tristeza y más depresión. Y cuando tienes más tristeza y más depresión sigues teniendo una motivación baja”.

Es importante recordar que la depresión va más allá del estrés común de la crianza. Todos los padres tienen días difíciles, y es normal sentirse abrumado a veces. La diferencia es que los síntomas de la depresión se mantienen también en los días buenos, aunque pueden verse exacerbados en los días de mayor estrés. Por ejemplo, sentirse abrumado por un día ajetreado de vez en cuando es una parte normal de la paternidad. Pero sentirse frecuentemente tan deprimido como para no poder levantarse de la cama es un signo de depresión.

Cómo la depresión de un padre puede afectar a los niños

Macari señala que criar con depresión puede dificultar la tarea de ayudar a los niños a lidiar con sus propias emociones intensas. “Si usted tiene un niño pequeño que hace muchos berrinches o tiene problemas de comportamiento —explica— es más difícil para un padre [con depresión ]poder controlar sus propias emociones y ayudar al niño a regular las suyas”. Sin modelos emocionales estables, a los niños pequeños les puede resultar más difícil aprender a reaccionar de forma adecuada ante situaciones molestas o frustrantes.

En el caso de los niños mayores, la depresión de los padres puede generar un sentido de responsabilidad que va más allá de lo que es apropiado para su edad. Macari señala que pueden adoptar el papel de padres, y asumir la responsabilidad de la toma de decisiones y las tareas domésticas cuando sus padres están deprimidos.

Por ejemplo, si un padre deprimido tiene problemas con cosas como la higiene y las tareas domésticas, o incluso con el cuidado de los hermanos pequeños, el niño que asume el papel de padre puede que no tenga el apoyo que necesita y se pierda actividades propias de su edad, como dedicar tiempo a las tareas escolares y a los amigos.

A pesar de los desafíos, no es un hecho que la depresión de los padres vaya a afectar negativamente a los niños, especialmente cuando el padre se somete a tratamiento. Existen estrategias y apoyos que usted puede utilizar para hacer más manejable la crianza cuando se tiene depresión y asegurarse de que las necesidades de sus hijos sean satisfechas.

Hablar de su depresión con sus hijos

Cuando un padre tiene problemas, a menudo es útil para un niño tener una explicación adecuada a su edad.

Incluso los niños pequeños pueden darse cuenta cuando un adulto está lidiando con la depresión, aunque no lo entiendan o no tengan las palabras para describirlo. Cruz describe la experiencia de su hija: “Cuando llegó a los seis o siete años, empezó a notar mi cambio de energía. Se daba cuenta de que algo iba mal porque yo me iba gravitando hacia mi habitación”. 

El terapeuta con sede en Nueva York, Jor-El Caraballo, LMHC, señala: “Es fundamental recordar que los niños son increíblemente perceptivos, y hablar con comodidad es esencial”. Recomienda que las conversaciones sean apropiadas para la edad de los niños. “Las conversaciones deben basarse en gran medida en el niño y en su nivel de desarrollo. Por ejemplo, para los niños más pequeños podría ser apropiado simplemente compartir que el padre no se siente bien y que tiene una condición que afecta su mente y lo hace sentir más cansado de lo que parece.” También es importante recalcar que los sentimientos del padre no son culpa del niño, ya que en particular los niños pequeños, tienden a culparse a sí mismos de los problemas a su alrededor.

Para Cruz, parte del tratamiento de la depresión consiste en ser honesta con su hija sobre lo que le pasa. Tienen revisiones de salud mental dos veces por semana, y su hija participa, expresando sus propias preocupaciones cuando las tiene. Ambas intentan ser lo más descriptivas posible. Cuando el hijo de Cruz tenga la edad suficiente para entender y articular sus sentimientos, ella también tiene la intención de que participe en las conversaciones.

Para los niños mayores, Caraballo recomienda nombrar la depresión e identificar los síntomas específicos. Usted también puede contarles a los niños cómo se está cuidando y recibiendo apoyo. Por ejemplo: “Tengo días difíciles, pero mi médico me está ayudando a encontrar formas de hacer las cosas más fáciles.”

La psicóloga clínica Gillian Woldorf, PhD, utiliza este enfoque directo con su hija de 13 años. Sus conversaciones incluyen nombrar la enfermedad de la Dra. Woldorf por su nombre y describir cómo la ha estado tratando mediante terapia y medicación. “Creo que es igual de importante que mi hija conozca los antecedentes familiares de depresión y ansiedad como que conozca los antecedentes familiares de alergias y asma”, dice. “Quiero que sepa a qué atenerse en su adolescencia y más allá, para que si empieza a experimentar algo similar, no se sienta tan sorprendida y sola como yo”.

El enfoque de la Dra. Woldorf incluye conversaciones honestas sobre temas que van desde la ideación suicida hasta las autolesiones, y anima a su hija a que le haga saber si ella o alguno de sus amigos tiene problemas de salud mental. Ella ha descubierto en su práctica de tratamiento de niños y adolescentes que los niños pueden manejar conversaciones difíciles, y que los padres que dudan en tener estas conversaciones puede que esténluchando contra su propio sentido del estigma. “Los niños y adolescentes de hoy en día crecen en una sociedad mucho más abierta hacia los problemas de salud mental que la sociedad de los años 80 y 90”, afirma.

Obtener tratamiento y buscar apoyo

Macari señala que recibir tratamiento para su depresión es la mejor manera de proteger la salud mental de sus hijos. “Lo bueno es que hay muchas intervenciones para los padres con depresión”, dice Macari. Los tratamientos eficaces para la depresión suelen incluir tanto terapia como medicación, y los grupos de apoyo (ya sea en línea o en persona) también pueden ayudar. Además, Macari señala que la terapia familiar puede ser una forma de ayudar a los niños y a los adultos a desarrollar juntos habilidades de comunicación y de afrontamiento.

También es importante involucrar a otros adultos (incluido el otro padre de su hijo, si está presente) para que brinden su apoyo tanto a usted como a su familia mientras usted se enfrenta a la depresión. Por ejemplo, puede que usted tenga un par de amigos y familiares disponibles para intervenir cuando usted no se sienta con fuerzas para las tareas diarias. Establecer este apoyo en los días en que se sienta mejor significa que toda su familia estará menos estresada en los momentos más difíciles. Cruz dice que, incluso cuando está empezando a caer en la espiral descendente, tener un sistema de apoyo ha sido crucial, y esa red incluye la terapia, su madre y su pastor. Cuando está deprimida, agradece el apoyo de sus seres queridos, que pueden echar una mano.

La depresión conlleva un mayor riesgo de pensar en el suicidio y de intentarlo, así que asegúrese de pedir ayuda si tiene pensamientos suicidas. La Línea Nacional de Prevención del Suicidio (1-800-273-8255) ofrece apoyo gratuito las 24 horas del día en todo Estados Unidos.

Por último, recuerde que experimentar depresión no significa que usted sea un padre o madre inadecuados. Tanto Cruz como la Dra. Woldorf demuestran que uno puede seguir cuidando de sus hijos incluso cuando lucha contra la depresión. Mantener conversaciones abiertas con sus hijas sobre sus dificultades las ha ayudado a ellas en su propia salud mental como a la de sus hijos.