Ir a la universidad es una etapa emocionante en la vida de los jóvenes, pero para algunos estudiantes, la depresión se interpone en el camino. Ya sea que se trate de su primer contacto con el trastorno o no, la universidad puede actuar como un catalizador para el inicio de la depresión en muchos jóvenes y, estando por sí solos por primera vez, el momento no podría ser peor.

El Dr. Roy Boorady, un psiquiatra de jóvenes y adolescentes del Child Mind Institute, dice que recibe “muchas llamadas el primer semestre” sobre jóvenes universitarios que están pasando un mal momento. “Por lo general, lo que terminan haciendo es llamar a sus padres en medio de la noche. Luego, sus padres me llaman y me dicen: ‘Recibo llamadas de mi hijo que está llorando, deprimido e infeliz a las dos y las tres de la mañana. ¿Qué hacemos?’”, explica el Dr. Boorady.

Los jóvenes pueden estar deprimidos a edades más tempranas, pero cuanto mayor sea el joven, mayores serán las tasas de prevalencia. Los expertos consideran que los factores de riesgo para la depresión son una combinación de genes y el medio ambiente. Algunos jóvenes pueden estar genéticamente en riesgo de desarrollar depresión, pero estarán bien hasta que experimenten un estresante ambiental que active el interruptor y los envíe a la depresión. Tiene sentido que la universidad pueda ser ese factor estresante.

El estrés de un nuevo entorno

“Salir de casa es una gran transición para los jóvenes, y creo que subestimamos la dificultad que tienen muchos jóvenes”, dice el Dr. Boorady. En la universidad, de repente, los jóvenes se encuentran en un nuevo entorno sin ninguna estructura o apoyo, académico o emocional, en el que siempre habían podido confiar. Los jóvenes pueden tener sentimientos complejos acerca de cómo deberían relacionarse con las personas en casa, o pensar que no encajan con sus nuevos compañeros.

Al estar independientes por primera vez, también podrían estar adoptando el estilo de vida universitario: hábitos de sueño erráticos, comidas no nutritivas (o inexistentes) y un horario no estructurado, especialmente si se saltan las clases, lo que puede hacer que se sientan desconectados.

La universidad también es una especie de olla a presión para la depresión porque cuanto más rodeado de personas deprimidas se está, más probabilidades hay de deprimirse.

Signos de depresión a tener en cuenta

Detectar la depresión en jóvenes universitarios que están lejos de casa puede ser difícil. Algunos síntomas de depresión, como la tristeza y el llanto poco característicos, son sencillos, pero otros, como la dificultad para concentrarse y la irritabilidad, lo son menos. Las personas con depresión también tienden a aislarse y disfrutar menos de las cosas que solían disfrutar, por lo que si escucha que su hijo pasa demasiado tiempo solo en su dormitorio o abandona las cosas que solían hacerlo feliz, podría estar deprimido.

El uso preocupante de alcohol y sustancias también puede ser una señal. Para muchos jóvenes, las cosas llegan a un punto crítico hacia el final del semestre, cuando las demandas académicas se vuelven más apremiantes y parecen insuperables.

La universidad es un momento para ser más adultos e independientes, y los padres deben respetar esto y darles a los jóvenes el espacio que necesitan para crecer. Pero si nota algún cambio en su estado de ánimo o comportamiento que le preocupe, no los ignore. Sus compañeros y nuevos profesores no lo conocen tan bien como usted, por lo que es posible que no reconozcan cuando hay un problema.

Obteniendo ayuda

Tratar la depresión cuando los jóvenes están lejos en la universidad puede ser complicado. Las universidades tienen centros de salud en el campus con profesionales que pueden ayudar, pero convencer a los jóvenes para que vayan allí puede ser “una hazaña en sí misma”, señala el Dr. Boorady. Es por eso que aconseja que los jóvenes que ya han tenido dificultades contra la depresión deben comunicarse con los profesionales de salud mental en el campus antes de ir a la universidad. Haber hecho ese contacto inicial y saber a quién y qué esperar, hace que pedir ayuda sea mucho más fácil.

Si su hijo aún no ha utilizado el centro de salud pero parece necesitar apoyo, hágale saber que ellos pueden ayudarle. Los jóvenes a menudo son reacios a dar el primer paso, por lo tanto, sea solidario y alentador. Los padres también pueden programar una cita, pero debido a las leyes de confidencialidad, no debe esperar que la escuela le brinde información sobre la salud de su hijo a menos que él les haya dado su autorización para hacerlo.

Tenga en cuenta que los centros de salud generalmente limitan el número de sesiones que los estudiantes pueden recibir, pero harán referencias a otros profesionales ubicados en el área. Si su hijo tiene depresión, es probable que necesite un tratamiento continuo, ya sea para terapia o para monitorear los medicamentos o ambas cosas. Viajar de regreso a casa para recibir atención médica a menudo no es realista, y recibir un tratamiento constante es importante, por lo que es bueno encontrar un proveedor dentro de la comunidad en el que su hijo pueda confiar.

No es un buen momento para dejar de tomar medicamentos

Finalmente, no es raro que los jóvenes que ya han sido diagnosticados con depresión quieran dejar de tomar medicamentos antes de ir a la universidad para poder comenzar de nuevo. Esto puede ser muy peligroso si no se les supervisa. Con la depresión existe el riesgo de una recaída, por lo que si su hijo quiere dejar de tomar su medicamento, la dosis debe reducirse muy gradualmente y su médico debe monitorearlo de cerca durante todo el proceso; dejarlas de golpe no es una buena idea.

Detener el tratamiento justo antes de la universidad también es arriesgado por otra razón: “El primer año es muy estresante, por lo que quiero que los jóvenes tengan un primer año exitoso”, dice el Dr. Boorady. “Luego, cuando regresen, podemos discutir si es una buena idea dejar los medicamentos”.