Tareas no entregadas, llaves perdidas, cumpleaños olvidados, llegadas tarde…

Si eres crónicamente desorganizado, probablemente estés muy acostumbrado a decir “¡Lo siento!” Y también estás acostumbrado a que las personas se molesten contigo. Esto se debe a que, desde el exterior, las consecuencias de las dificultades de organización pueden parecer descuido, pereza e incluso indiferencia. La gente a menudo asume que si te esforzaras más y prestaras atención, todo esto podría evitarse.

Lo que no ven es la vergüenza y la ansiedad, la frustración, el bochorno y las consecuencias en el mundo real que a menudo son una realidad cotidiana cuando estás desorganizado: malas calificaciones, trabajos perdidos, amigos y familiares que viran los ojos cada vez que vienes con otra tanda de disculpas y lo que, para ellos, suenan como más excusas.

El problema es que para muchas personas, especialmente aquellas con problemas de funcionamiento ejecutivo o TDAH, descubrir cómo organizarse y mantenerse organizado no es tan simple como “esforzarse más”. Requiere de nuevas estrategias.

No te esfuerces más, intenta algo diferente

Cuando has estado desorganizado toda tu vida, las personas que parecen organizadas sin esfuerzo son desconcertantes. ¿Tienen superpoderes? ¿Eres tú, la persona desorganizada, terriblemente imperfecta?

No. La organización no es un superpoder, es solo un conjunto de estrategias y habilidades que aún no tienes, y adquirirlas requiere tiempo, prueba, error y compromiso. No hay código de trucos, pero puedes aprender, y una vez que lo haces, las cosas se vuelven mucho más fáciles.

No existe una forma única y perfecta de convertirse en una persona más organizada. Las estrategias organizacionales son menos de estilo talla única y más sobre determinar qué cosas funcionan para ti. Pero hay algunos conceptos básicos que pueden ayudar.

Identificar puntos débiles

Una cosa buena acerca de toda una vida de desorganización: tienes muchos datos de tu historial para considerar. Piensa en tus fortalezas y debilidades e identifica problemas específicos; por ejemplo, encontrar cosas en tu mochila desordenada.

Determinar los puntos problemáticos hará que sea mucho más fácil encontrar soluciones prácticas y específicas. Por ejemplo, si a menudo no puedes encontrar tus llaves porque siempre caen al fondo de tu mochila o se esconden en los bolsillos de los pantalones (pantalones que tienden a terminar apilados en el piso de tu habitación), puedes intentar poner las llaves en un clip o llavero colgado de tu correa o cinturón, o designar un lugar obvio donde siempre tienes que colocar las llaves.

Otra ventaja de enfocarse en los puntos débiles es que hace que organizarse se sienta menos abrumador. Trabajar en algunas cosas específicas es más práctico y más factible que tratar de reinventarse de la noche a la mañana.

Usa herramientas

No tienes que convertirte en la persona más organizada del mundo, solo tienes que encontrar estrategias que hagan que parezca que lo eres y usarlas (pero, realmente usarlas). Las herramientas externas son el secreto de los verdaderamente organizados. Contrata ayudas externas para tu cerebro siempre que puedas; calendarios, planificadores, recordatorios telefónicos, aplicaciones útiles, soluciones de almacenamiento, una banda elástica en la muñeca: las opciones son infinitas. También considera lo que ha funcionado (y lo que no) cuando has tratado de organizarte en el pasado: un estuche para lápices que nunca usaste o un recordatorio en tu teléfono que sí funcionó. Identifica los que realmente usarás y ponlos a trabajar.

Pero no te atasques en la planificación

Una de las mejores maneras de retrasar la organización es ponerte a imaginar todas las formas en que te organizarás (¡calendarios lindos! ¡código de colores! ¡comprar cosas nuevas!) Detente. Un plan sin acción es solo postergación con otro nombre. Tu sistema no tiene que verse, ni siquiera ser perfecto, solo tiene que funcionar y ponerlo en práctica es la única forma de saber si lo hará.

Lo que realmente funciona> lo que se supone que funciona

Lanzarse a un sistema que no funciona para ti es una receta para el agotamiento y el desastre, incluso si parece ser lo que todos usan. Por ejemplo, si siempre has tenido dificultades para volver a poner la ropa en el tocador, prueba con las canastas: una para pantalones, una para camisas, una para ropa interior y otra para la ropa sucia. Si algo no funciona, déjalo ir y encuentra una estrategia diferente que lo haga. Cualquier cosa es mejor que el caos.

La sostenibilidad es clave

Encuentra herramientas con las que te sentirás cómodo al utilizarlas diariamente durante un largo período de tiempo. Por ejemplo, un planificador organizado bellamente podría ayudar durante un mes o dos, pero cuanto más tiempo y trabajo requiera tu “solución”, menos probabilidades tendrás de seguir usándola.

Algunos consejos universales

Es cierto que la organización es personal, pero hay algunos consejos prácticos que casi siempre se aplican:

  • Escríbelo. “Lo recordaré más tarde” debería agregarse a la categoría de las últimas palabras famosas dichas antes de olvidar algo. Siempre, siempre, escríbelo. Una tarea asignada, el número de alguien, un recordatorio para llamar a fulano o a mengano. Anótalo y, cuando lo hagas, escríbelo en un lugar confiable: cosas como tu agenda o la aplicación de notas en tu teléfono son buenas opciones; la palma de tu mano o algún trozo de papel que meterás en tu bolso para no verlo más, no son confiables.
  • Coloca lo mismo en el mismo lugar cada vez. Sin excepciones. Organizarse significa construir mejores hábitos y los hábitos se construyen a través de la repetición. Entrenarte para siempre, siempre colocar las llaves en el mismo bolsillo de tu mochila (no en el bolsillo de tu abrigo, que quizás no uses mañana, o en la cama donde serán enterrados) es la única manera de estar seguro de que sabrás dónde están cuando las necesites.
  • Haz que las cosas fáciles de perder sean voluminosas. Las cosas grandes son más fáciles de ver y más difíciles de olvidar. ¡Es hora de empezar esa colección de llaveros!
  • Dividir tareas abrumadoras en otras más pequeñas y manejables te ayudará a hacer las cosas. Elije tareas más pequeñas que te den más por tu tiempo. Por ejemplo, si limpiar tu habitación se siente totalmente imposible, arreglar tu cama o sacar la basura es un mejor uso de tu tiempo que, por ejemplo, reorganizar el cajón de calcetines de acuerdo con su suavidad.
  • Cuanto más simple, mejor. ¿Suena familiar? No puedo decirlo lo suficiente: las estrategias y herramientas simples que realmente utilizas superan a las increíbles y elaboradas que no usas.

Deja de recriminarte y sigue adelante

Cambiar la forma en que te enfrentas a la organización es algo más que conseguir un planificador o volver a poner tus zapatos en el mismo lugar cada vez. También se trata de aprender a manejar tu ansiedad cuando las cosas no salen según lo planeado.

Y a veces no lo harán. Puede ser difícil quitarse ese pánico de la boca del estómago que ocurre cuando has estropeado una tarea importante (o incluso no tan importante) o cuando haz olvidado algo grande. La tentación de disolverte en un charco de disculpas y auto-recriminación, asumir que los demás están tan decepcionados o enojados contigo como lo estás contigo mismo, puede ser abrumador. No lo hagas.

Las cosas rara vez son tan terribles como se sienten. Primero, respira profundo. Da un paseo. Cómete un sándwich. Y una vez que te sientas un poco mejor, hazte estas preguntas: primero, ¿el problema es realmente tan catastrófico como se siente? Por ejemplo, si perdiste una tarea, ¿eso significa realmente que vas a reprobar la clase? Segundo, ¿es reparable? Si es así, ¿qué puedes hacer para solucionarlo? Por ejemplo, si te quedaste dormido y te perdiste una clase, ¿podrías hacer un crédito extra para recuperarla?

Y finalmente, y lo más importante tanto para ti como para la persona que te preocupa decepcionar, ya sea un padre, un amigo, un jefe o un maestro: ¿cómo puedes evitar repetir el error en el futuro?

Trata de recordar: no eres malo, descuidado o estúpido. Estás aprendiendo y eso lleva tiempo. Así que la próxima vez, en lugar de disculparte o excusarte, intenta abogar por ti mismo. “La organización es un desafío para mí, pero estoy trabajando en ello. Esto es lo que estoy haciendo para cambiar las cosas…” Luego, toma medidas y realiza los cambios. Centrarte en qué hacer a continuación, en lugar de obsesionarte con lo que salió mal, es el lugar más saludable y útil para tu energía.

Organizarse no es fácil, pero vale la pena. Dedica tiempo y serás recompensado con menos estrés, menos conflictos (y disculpas frenéticas) y una sensación de que las cosas finalmente están bajo control.

Tú puedes. Todo lo que tienes que hacer es comenzar y continuar.