Encontrar la ayuda adecuada para los problemas emocionales y de comportamiento en los niños puede ser abrumador, porque hay una enorme cantidad de distintos tipos de profesionales que la brindan. Y la gama de tratamientos disponibles puede hacerlo todavía más confuso. ¿Cómo saber si la persona que están viendo es una buena opción para su hijo, y si lo que recomienda es apropiado?

A menudo nos encontramos con padres, cuyos hijos han sido tratados por problemas emocionales o de comportamiento, que nos confiesan que en realidad no entienden el tratamiento que su hijo ha estado recibiendo.

Si es un medicamento, no están seguros de qué tipo es, por qué se eligió o cómo se determinó la dosis correcta. Si es una terapia, no están seguros de lo que se supone que debe suceder en el tratamiento, o cómo se espera exactamente que ayude al niño.

En el Child Mind Institute creemos firmemente que saber qué debe esperar de su médico puede ayudar a los padres a tomar buenas decisiones para sus hijos.

Hay una gama muy amplia de terapias y medicamentos que pueden ser eficaces para los niños, y no hay dos niños exactamente con las mismas necesidades. Pero hay algunos estándares generales que usted puede utilizar para determinar si el cuidado que recibe su hijo sigue las mejores prácticas.

1. El diagnóstico debe venir antes del tratamiento. La primera regla fundamental es que antes de comenzar cualquier tratamiento, su hijo debe tener un diagnóstico. Esto significa que su hijo debería ser evaluado de manera exhaustiva, lo cual incluye que el médico lo entreviste a usted y a su hijo y, en muchos casos, que utilice evaluaciones estandarizadas. El proceso de evaluación es importante porque una serie de síntomas emocionales o de la conducta pueden significar muchas cosas diferentes, y el tratamiento no será efectivo a menos que esté dirigido al problema correcto.

2. El tratamiento debe tener un objetivo específico. Ya sea que el médico le brinde terapia a su hijo o le prescriba medicamentos, debe poder explicar cuál es el tratamiento que está proponiendo y cómo deben responder a este, tanto el estado de ánimo como el comportamiento de su hijo. También debe decirle cómo se medirán esos cambios. La disposición y la habilidad del médico para comunicar esta información es importante.

3. El tratamiento debe estar basado en evidencia. El médico debe ser capaz de decirle qué investigaciones respaldan el uso del tratamiento que propone, y cuán efectivo ha sido en la reducción de los síntomas para los que fue diseñado. Hay estudios que miden los resultados de las terapias conductuales y de la medicación específicamente en niños, y a menudo los comparan.

4. Su médico debe tener experiencia en el uso de este tratamiento. La formación y la experiencia son importantes, tanto si su médico prescribe medicamentos como si se dedica a la terapia. También es importante tener experiencia en la administración de este tratamiento específicamente para niños, ya que los niños pueden responder de manera diferente a los medicamentos o pueden requerir tipos de terapia diferentes que los adultos. Es apropiado preguntarle al médico cuántos niños ha tratado con este medicamento o esta terapia específica.

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5. El médico que prescribe el medicamento debe tener mucho cuidado al establecer la dosis. Esto generalmente implica comenzar con una dosis muy baja y aumentarla de manera gradual hasta un nivel en que sea efectiva. Esto se debe a que los niños varían mucho en sus respuestas a los medicamentos que actúan en el cerebro. No existe una dosis específica que funcione para la mayoría de los niños, incluso cuando se ajusta a su peso. Solo una cuidadosa atención hasta encontrar la dosis correcta dejará claro si el medicamento funciona o no para su hijo, lo bien que funciona y si hay efectos secundarios.

6. Un niño que toma medicamentos debe ser monitoreado de cerca a medida que cambia y crece. A medida que los niños se desarrollan, se puede esperar que su respuesta a los medicamentos cambie. Las pautas varían, pero por lo regular los controles semestrales se consideran la mejor práctica, con más (y a veces mucho más) visitas frecuentes cuando se inicia un nuevo medicamento, se interrumpe uno antiguo o se cambia una dosis.

7. En la terapia del comportamiento, usted debe participar junto con su hijo. Los tratamientos conductuales pueden ser muy eficaces para los niños, y las pruebas demuestran que son más eficaces cuando se otorga a los padres un papel activo para ayudar a los niños a mejorar. Su médico debe pedirle a usted su ayuda para continuar el tratamiento fuera de las sesiones en el consultorio. Los maestros, cuidadores y otros adultos que pasan tiempo con su hijo también deben estar en la misma sintonía.

8. Los profesionales deben trabajar juntos. Cualquiera que sea el tratamiento que su hijo esté recibiendo, usted querrá que los profesionales que atienden a su hijo se comuniquen y cooperen entre sí. Los niños se desempeñan mejor cuando los pediatras, psiquiatras, psicólogos y maestros comparten información y se ponen de acuerdo sobre los objetivos y los pasos para lograrlos.

9. Su hijo debe sentirse cómodo con el médico. Desarrollar una buena relación es importante porque su hijo necesita poder compartir sus pensamientos y sentimientos con su médico. Y para los niños que hacen terapia conductual, confiar en el médico es esencial para progresar. El tratamiento se verá afectado si no se establece una buena relación.

10. Usted debe tener una buena comunicación con el médico. Debe sentirse cómodo al compartir sus observaciones y preocupaciones con el médico, y saber que él las está tomando en serio. La relación médico-familia es importante, y cuando no funciona puede tener un impacto en el tratamiento.