Cuándo esperar: Buscar (o no) atención médica para una niña o un niño
Esperar es una decisión, y hacer algo nunca es hacer nada.
Expertos clínicos: Matthew M. Cruger, PhD , Rachel Busman, PsyD, ABPP , Dr. Alan Ravitz, MS
in EnglishLo que aprenderá
- ¿Cómo saber si mi hija o hijo necesita ayuda profesional?
- ¿Qué tipo de problemas necesitan tratamiento inmediato?
- ¿Qué tipo de problemas puedo simplemente vigilar?
Lectura rápida
No siempre es fácil saber cuándo tu hija o hijo necesita ayuda externa para un problema de comportamiento o del aprendizaje. A muchas familias se les aconseja esperar y ver si las cosas mejoran. Pero eso puede conducir a problemas más serios.
Si el problema que te preocupa se prolonga durante un tiempo, empeora o se interpone en la vida diaria de la niña o el niño, esas son razones para pedir ayuda. Si algo ocurre solo una vez, mantener una vigilancia cuidadosa puede ser suficiente.
Algunas situaciones y síntomas exigen atención inmediata. Si crees que tu hija o hijo pudiera tener autismo o un trastorno alimentario, es crucial el tratamiento temprano. La ansiedad es otro problema que no suele desaparecer por sí solo.
Los problemas que se producen después de un gran cambio, como un divorcio, una mudanza o el nacimiento de un bebé, suelen pasar con el tiempo. Son situaciones en las que se puede observar y esperar. Los problemas del desarrollo temprano también suelen ser situaciones en las que se puede observar y esperar, ya que todos los niños se desarrollan a ritmos diferentes. Pero si el problema no desaparece después de un tiempo, una buena opción es comenzar con el pediatra, que sabe mucho sobre el desarrollo y te puede decir si tu hija o hijo necesita acudir con un especialista para tratar el problema.
Hay familiares que te podrían hacer sentir que te estás comportando de forma exagerada. Pero si algo como la ansiedad o un problema del aprendizaje está haciendo que tu hija o hijo se sienta mal o tenga dificultades en la escuela o para llevarse bien con sus pares, es una buena idea buscar ayuda.
Cuando expresas una preocupación sobre el desarrollo o el comportamiento de una niña o un niño (parece que algunas cosas le causan más ansiedad que a otros niños o tiene dificultades en la escuela), el primer consejo que probablemente escucharás es: “espera”. Espera y ve si logra superar sus miedos. Espera y ve si se pone al día en la clase. El consejo de relajarse y esperar puede ser muy tranquilizador: de hecho, los niños se desarrollan a diferentes velocidades. Además, hay veces en que puede ser un buen consejo. Pero en otras ocasiones no lo es. Por cada caso que supera lo que parecía ser un problema, hay otro caso en el que la situación empeora. Y ahí estás tú, diciéndole al especialista que sabías que algo andaba mal desde hace un año o dos, pero que estabas esperando a ver si se resolvía por sí solo. Entonces, ¿cómo distinguir entre problemas transitorios y problemas duraderos?
Lo decimos todo el tiempo: muy pocos niños y adolescentes con trastornos psiquiátricos y del aprendizaje graves reciben el diagnóstico a tiempo, cuando la intervención es más eficaz. Pero también sabemos que madres y padres tienen muy claro que, tratándose de enfermedades mentales, puede haber diagnósticos erróneos y excesivos, así como tratamientos innecesarios que tienen un costo en tiempo y dinero. Estos factores, y el estigma que aún se asocia a estos trastornos, hacen que la pregunta “¿cuándo debería esperar para buscar atención médica?” merezca ser estudiada. Nos propusimos encontrar algunas respuestas.
“Como madres y padres nos podemos comportar a veces con algo de ansiedad”, dice la psicóloga clínica, Rachel Busman, PsyD, y mantener en perspectiva los desafíos de una niña o un niño requiere una mente clara. “Si algo tiene un impacto negativo, es persistente e interfiere en la vida cotidiana, esos son factores clave” para que una particularidad del desarrollo se pase a considerar un problema que requiere tratamiento. Por otro lado, “si vives en Manhattan y tienes fobia a las serpientes, eso no afectará tu vida con demasiada frecuencia”, dice la Dra. Busman, por lo que tal vez el médico prescriba precisamente una estrategia de espera vigilante.
La Dra. Busman da el ejemplo de una adolescente que experimentó un ataque de pánico en la escuela lo suficientemente severo como para que su maestra le recomendara ir al médico. “El médico de atención primaria la revisó, y médicamente la joven estaba bien”, dice, pero sugirió que la adolescente “se sometiera a una evaluación psiquiátrica” por seguridad. Durante el proceso de admisión, mientras la madre de la paciente se enteraba de lo que implicaba la evaluación, preguntó si el procedimiento era realmente necesario.
“Podría haber sido un incidente aislado”, señala la Dra. Busman. “Mi sensación es que la madre estaba pensando: ‘Esto fue algo de una sola vez. Tal vez nos podemos ahorrar todo esto’”. La familia terminó decidiendo no hacer la evaluación. ¿Habrán estado en lo correcto?
“La mayoría de las jóvenes de 15 años no tienen ataques de pánico que requieran atención médica”, continúa la Dra. Busman. “Sin embargo, eso no significa que ahora ella vaya a desarrollar el trastorno de pánico para el resto de su vida”. Pero sí significa que la familia tiene que estar alerta: “Esto implica esperar a ver si tiene otro ataque y si desarrolla alguna conducta dirigida a evitar el pánico”. Por ejemplo, evitar ir al lugar donde ocurrió el ataque de pánico o tomar medidas extremas para mantener la calma”.
Lo básico
Hay una serie de situaciones y síntomas que hacen que la decisión de esperar o no sea bastante sencilla. Algunos trastornos son tan graves (y responden bien a una intervención temprana e inmediata) que es imprescindible consultar con un profesional de la salud mental. Cuando los déficits de comunicación y los problemas sociales asociados con el autismo se detectan a tiempo, los niños tienen más posibilidades de mejorar y de disfrutar de una vida menos restringida. Identificar un trastorno alimentario antes de que se arraigue puede, literalmente, salvar la vida de alguien. Y si hay antecedentes familiares de una determinada enfermedad psiquiátrica, las familias deberían prestar más atención a síntomas específicos, así como a cualquier posibilidad de que la niña o el niño comience a desarrollar el trastorno.
Luego están los eventos de la vida que causan cambios en el funcionamiento de los niños como parte del proceso natural de adaptación. El divorcio de los padres, el cambio de escuela, la llegada de un bebé a la casa, todos ellos pueden tener efectos preocupantes en el comportamiento de los niños, aunque la mayoría de las veces los síntomas pasarán con el tiempo. De hecho, el criterio para determinar muchos de los trastornos psiquiátricos en la infancia y la adolescencia requiere que los síntomas estén presentes al menos durante un período de semanas o meses. Por lo tanto, a veces es necesario observar y esperar.
Pensar en el desarrollo
La forma y el tiempo en que se decide controlar una situación depende de la edad de los niños y de la preocupación específica, explica Matthew Cruger, PhD, psicólogo clínico y director del Centro para el aprendijaje y el desarrollo del Child Mind Institute. Cuando se trata de cuestiones de aprendizaje y el desarrollo, dice, “como regla general, la mayoría de las personas esperan”, y eso está bien. “Si tu hija o hijo presenta algunos desafíos del aprendizaje, lo más evidente y natural es esperar y ver qué pasa. Es muy poco probable que la familia venga y diga: ‘Mi hijo tiene 4 años, todavía no lee o lee de forma inconsistente, y quiero una evaluación”.
El desarrollo en las edades tempranas es desigual, continúa el Dr. Cruger. Los hitos no son reglas rígidas, y un grupo de niños en el mismo rango de edad puede mostrar una variación bastante amplia en el desarrollo social, el aprendizaje, las habilidades de atención y la madurez emocional. Si los retrasos, déficits o comportamientos inusuales persisten, dice, es entonces cuando las familias pueden consultar al pediatra, quien seguramente tendrá una comprensión más completa del rango de habilidades y comportamientos que son apropiados en el grupo de edad de la niña o el niño en cuestión. Y si la familia sigue preocupada, es natural que consulten a un especialista, alguien que conozca mejor los detalles de lo que le sucede a esa niña o niño.
Buscar ayuda para una niña o un niño que tiene dificultades no significa que seas una mala madre o un mal padre o que estés exagerando. “A las familias les preocupa que las vean como exageradas, o como si estuvieran investigando algo que no es importante”, dice Susan Schwartz, especialista en aprendizaje del Friends Seminary de Nueva York. “Pero como madre o padre tienes que encontrar lo que te hace sentir a gusto”. Y eso puede ser muy positivo para los niños cuyos problemas de aprendizaje o ansiedad convierten la escuela o el momento de jugar en algo miserable. Una intervención “les permite comprender que las personas les pueden ayudar, les proporciona formas de resolver los problemas y les asegura que no continúen desarrollando malos hábitos”, dice. “Estas son habilidades fundamentales que son cruciales para el desarrollo infantil”.
Además, tan solo un poco puede ser una enorme ayuda, continúa Schwartz. “Los pequeños cambios tienen un efecto importante en el autoconcepto, el aprendizaje futuro, así como en la capacidad de ser flexibles y resolver problemas”. Lo único que se necesita es reconocer el problema que te preocupa e ir tras él. “No es necesario llevar a cabo la intervención más extensa. Se puede observar el desarrollo infantil por partes, en un área circunscrita”.
Costo de oportunidad
Hay muchas razones por las que una familia podría considerar no abordar un problema de salud mental, tanto de manera consciente como inconsciente. En primer lugar, cualquiera que te diga que no hay costos asociados con el tratamiento está mintiendo. Además, hay consideraciones no financieras que determinan la intensidad de la intervención. Hay que entender que “se le está restando tiempo a otras cosas”, dice el Dr. Cruger. Y debido al estigma en algunas familias y la renuencia de ciertos profesionales a dar malas noticias a las familias, puede ser difícil obtener una evaluación honesta, lo que resulta en una inacción pasiva, que es el verdadero problema.
Lo más importante que deben entender madres y padres, dice el psicofarmacólogo pediátrico, el doctor Alan Ravitz, es que la espera no debe ser una postura pasiva, la espera es una acción. ¿Deberías esperar? No, dice el Dr. Ravitz, si con ‘esperar’ quieres decir ‘ignorar’. “El verdadero problema es cuando consideras que algo es nada”.
“Todas las cosas que las personas piensan que sus hijos terminarán superando con el tiempo, la mayoría de las veces no se superan”, dice el Dr. Ravitz. Un buen ejemplo es el efecto de la ansiedad persistente en el desarrollo. Cuanto más tiempo viva una niña o un niño con ella, más probable es que modele su comportamiento de manera disfuncional. “Algunos niños superan la ansiedad”, dice el Dr. Ravitz. “Pero la superan desarrollándose a través de ella, y el problema tiene un impacto en la trayectoria específica del desarrollo”. Por ejemplo, una niña que no podía dormir separada de sus padres, con el tiempo podría no tener miedo de dormir sola en su habitación por la noche, “pero puede ser que ahora tenga miedo de dormir fuera de su casa, o de que en el salón se enteren de que cumple años, porque no quiere ser el centro de atención”. Y “esto puede tener un impacto en su desarrollo social”, concluye el Dr. Ravitz.
Hacer algo no tiene que ser hacer mucho
Hacer algo no significa necesariamente gastar una fortuna para un tratamiento costoso o ir a terapia de por vida. “Puede que ni siquiera implique ver a un profesional de la salud mental”, dice el Dr. Ravitz. “Puede que no requiera tomar medicamentos psicotrópicos. Podría ser una conversación con un maestro”. Lo importante es reconocer las preocupaciones y monitorear cómo le está yendo a la niña o el niño.
La Dra. Busman coincide. “Debe haber un equilibrio en la identificación de algo que resulta problemático”, y en muchos casos encontrar ese equilibrio significa hablar con otras personas involucradas en la vida de los niños, comenzando con quienes le ven en clases muchas horas al día.
“Las familias tienen que sentir que pueden hablar con los maestros”, continúa la Dra. Busman. No hay que tener miedo de reunir información para tomar una decisión, es lo que hacen los médicos. “Cuando hacemos una evaluación siempre obtenemos información colateral”, dice. “No es que no tomemos en cuenta lo que dice la madre o el padre como fuente confiable de datos, pero también hablamos con el o la estudiante en cuestión, usamos escalas de valoración, hablamos con la escuela, con otros terapeutas, con el pediatra”.
A la inversa, las familias pueden consultar a los profesionales de la salud mental como parte de su abordaje ante las preocupaciones acerca de su hija o hijo. Incluso si no hay un diagnóstico, dice la Dra. Busman, hablar con un profesional puede aclarar la imagen y proporcionar beneficios tangibles. “Ciertamente podemos ofrecer algunas estrategias para aliviar las dificultades, incluso aunque no se trate de un trastorno”, dice, como las habilidades de la terapia cognitivo-conductual para abordar la ansiedad o los problemas relacionados con el estado de ánimo o la conducta, así como información útil sobre señales de alerta y síntomas.
Sobre todo, no te preocupes por programar una cita. Tanto la Dra. Busman como el Dr. Ravitz están de acuerdo en que no hay ningún inconveniente para la salud en buscar ayuda. “Un buen tratamiento nunca es perjudicial”, dice.
Hagas lo que hagas, recuerda que estás tomando una decisión. “Está perfectamente bien decir quiero esperar”, concluye la Dra. Busman. “Pero hay una gran diferencia entre decir ‘veamos cómo van las cosas, hablemos en un año’, y decir ‘esto me preocupa mucho, estoy vigilantemente esperando”.
Todo comienza con el manejo y la evaluación de tus propias preocupaciones. “Uno se preocupa por todo tipo de cosas, pero te dices que te estás preocupando de más y que necesitas darte un tiempo para observar”, dice el Dr. Cruger. “Por lo tanto, tienes este tipo de conversaciones contigo todo el tiempo”.
Estar en la misma página
El Dr. Cruger también señala que esta conversación se puede complicar por desacuerdos entre mamá y papá en cuanto a lo que constituye o no un “problema”. La diferencia entre “¿debería?” y “¿deberíamos?” puede ser significativa, y es una de las principales razones por las que las familias esperan para buscar consejo o atención. Pero, como toda espera, tiene que tener una estructura. “Tú dices que te preocupa tu hija o hijo”, le podría decir el Dr. Cruger a uno de los padres, “pero tú (refiriéndose al otro padre) dices que no te preocupa tu hija o hijo. Digamos, pues, que acordamos que esta es un área que necesita ser monitoreada, y en 3 meses vamos a tener una reunión de seguimiento”.
Cualquier plan que hagas para abordar una preocupación debe incorporar un plan de seguimiento: un “punto definido al que volver y examinar lo que han descubierto. ¿Las cosas se resolvieron por sí solas o todavía hay un problema?”. Este tipo de estructura facilita la reflexión sobre ti y sobre tu hija o hijo, y les puede ayudar a entender si “están posponiendo o evitando las cosas de alguna manera”.
Pero como el Dr. Ravitz y la Dra. Busman, el Dr. Cruger no ve ningún inconveniente para la salud al brindar una atención adecuada. “No hay ninguna duda en nuestra literatura de que cuanto antes se realice la intervención, mejor será el resultado”, dice. “Y cuanto más intervención, mejor”.
La clave para las familias es que la “espera” no debe ser una postura pasiva, la espera es una acción, y se debe considerar a la luz de las ventajas y desventajas de obtener una evaluación y un posible tratamiento… Y confiar en tu instinto. “Si constantemente te irrita el comportamiento de tu hija o hijo, eso podría ser la señal de un problema”, dice el Dr. Cruger. “Se supone que como madres o padres no debemos sentir que nuestros hijos nos irritan todo el tiempo”. O, para decirlo de otra manera, piensa en todos tus familiares antes de actuar, y piensa antes de decidir esperar.
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