Usted tomó la decisión de buscar ayuda para su hijo y eligió un psiquiatra, un psicólogo u otro profesional de la salud mental. Lo siguiente en su lista de tareas pendientes es averiguar qué puede esperar del terapeuta y qué se espera de usted. Aquí lo guiaremos a través de cómo formar una relación de trabajo sólida, establecer expectativas apropiadas y comprender su papel para ayudar a su hijo a progresar. Y le daremos consejos sobre cómo superar los obstáculos para recibir un buen cuidado de salud.

Cómo empezar

“Las mejores relaciones comienzan con la transparencia”, dice la Dra. Wendy Nash, psiquiatra de niños y adolescentes del Child Mind Institute. Ella sugiere venir a su primera reunión preparado para hablar no solo sobre los problemas de su hijo, sino también sobre sus antecedentes, cómo era antes de que usted se preocupara, los factores estresantes o eventos claves que pueden haber desencadenado un cambio y cuáles son sus prioridades de tratamiento.

“Es útil si puede explicar lo que ya intentó, lo que funcionó y lo que no”, dice la Dra. Nash. “Mientras más contexto proporcione, mejor”. La información de las escuelas también puede ser valiosa, y el terapeuta puede guiarlo en cuáles son las maneras de solicitarla sin revelar por qué es necesaria.

Otro buen movimiento es arreglar la logística por adelantado. Los malentendidos se pueden evitar si tiene claridad sobre asuntos como lo que se le facturará (o no), la rapidez con la que el terapeuta devolverá las llamadas y los tipos de incidentes que merecen una llamada de aviso antes de una cita.

Expectativas de tratamiento

Los padres preocupados quieren saber cuánto tiempo llevará el tratamiento y qué tan pronto comenzarán a ver el progreso. Conocer los factores que afectan los resultados puede ayudarlo a formar expectativas realistas y mantener a raya la frustración.

Algunos tipos de terapia de conversación son abiertos, pero otros, como la terapia cognitivo-conductual, que utiliza técnicas de desarrollo de habilidades que han sido rigurosamente probadas, han demostrado resultados en un período de tiempo específico. Eso no significa que todos los niños progresen al mismo ritmo, señala Jerry Bubrick, un psicólogo infantil y adolescente del Child Mind Institute, pero le brinda un marco de referencia, y es apropiado que los padres pregunten cuál es el marco de tiempo estimado. También es apropiado preguntar sobre objetivos específicos para el tratamiento y cómo se va a medir el éxito.

La rapidez con la que su hijo progrese dependerá de la complejidad de sus desafíos y de cuánto tiempo haya tenido el problema para arraigarse. Un niño que está muy ansioso, por ejemplo, puede tener dificultades para participar en la terapia y necesita medicamentos para llegar al punto en que pueda beneficiarse. Un adolescente deprimido puede resistirse al tratamiento y necesitar ayuda para ver cómo podría beneficiarse de él. “Una mudanza familiar, un divorcio o un incidente traumático pueden retrasar mucho las cosas”, señala el Dr. Bubrick. Las citas perdidas y los conflictos entre padres por la necesidad de terapia también pueden socavar el tratamiento. Una influencia abrumadoramente positiva es tener una familia solidaria e involucrada.

Los padres son fundamentales

Incluso el mejor terapeuta del mundo solo obtiene una muestra breve del comportamiento y el estado de ánimo de un niño en 45 minutos a la semana. Para completar la imagen, los médicos generalmente reservan tiempo para visitas regulares con mamá o papá. ¿Cómo se traducen las habilidades de manejo de la ansiedad de la terapia al patio de recreo? ¿Cómo está respondiendo su hijo al medicamento? ¿Ve signos de empeoramiento de la depresión de su hijo? ¿Hubo una crisis importante que su hijo no haya mencionado en la terapia? La retroalimentación de los padres le brinda al terapeuta una imagen más rica y precisa de las necesidades de su hijo.

“Si los padres se sientan o no en las sesiones depende de la edad del niño y de la naturaleza del tratamiento”, explica el Dr. Bubrick. “Pero los padres siguen siendo los entrenadores, los que manejan el tratamiento en el hogar”. La moraleja: para que su hijo aproveche al máximo el tratamiento, deberá monitorearlo de cerca, saber qué habilidades se están trabajando y cómo, para reforzarlas fuera del consultorio en la vida cotidiana.

Cuando una reunión de cinco minutos o una llamada telefónica con el terapeuta no son suficiente, pregunte sobre material de lectura relacionada, recursos en línea y grupos de apoyo para padres. También puede solicitar una reunión completa sin el niño presente. Estas sesiones “colaterales” pueden estar cubiertas por el seguro, lo que le permite analizar los problemas y el cuidado que recibe en mayor profundidad.

Estrategias para construir trabajo en equipo

Aunque los padres y los terapeutas tienen el objetivo común de ayudar a su hijo a mejorar, cada uno lo ve desde una perspectiva diferente. La comunicación efectiva depende de muchas variables, incluyendo su propio nivel de estrés, qué tan receptivo es el terapeuta a la retroalimentación de los padres, qué tan bien usted articula sus preocupaciones y los factores personales que intervienen en cualquier tipo de relación. Aquí hay cinco estrategias probadas por los padres para ayudarlo a superar los desafíos.

Respete su propio conocimiento. El terapeuta de su hijo es el experto en intervenciones terapéuticas, pero usted es el experto en su hijo. Ha pasado más horas con él en más entornos que nadie. Ese conocimiento es importante, al igual que su intuición de lo que está sucediendo. ¡No tenga miedo de hablar! El terapeuta necesita saber lo que usted ve, siente y piensa que está sucediendo.

Planifique lo que dirá con anticipación. Cuanto más pueda identificar sus preocupaciones, más fácil le será abordarlas. Concéntrese en observar los cambios en el comportamiento, el estado de ánimo y la interacción social de su hijo y vea si puede identificar qué es lo que está causando una alerta en su intuición. Puede ser útil mantener notas sobre la frecuencia, intensidad y duración de los síntomas. Si surgen nuevos comportamientos confusos, está bien decirle al terapeuta: “No estoy seguro de lo que esto significa, pero esto es lo que he estado viendo”. Pueden resolverlo juntos.

No se avergüence de pedir ayuda. Criar a un niño de alto mantenimiento puede llevar a los padres a situaciones en las que se sienten muy vulnerables al juicio de los demás. ¿Le admite al terapeuta de su hijo que usted le gritó a su hijo? ¿Que le parece repugnante el corte de su hija? ¿Que le mortifica cuando la gente mira los tics de su hijo? En lugar de evitar este tipo de problemas, intente pedirle al terapeuta consejos sobre cómo manejarlos. Puede comenzar con algo como: “Necesito ayuda con estrategias sobre cómo desactivarlo cuando…” o “¿Puede sugerir formas de lidiar con…?” Es posible que el terapeuta no tenga una respuesta para usted de inmediato, pero si abre la discusión puede haber progreso.

Cuente una historia. A veces, un niño se presenta de manera diferente en el consultorio del terapeuta que en el hogar o la escuela. Esto puede crear una desconexión entre su impresión de lo que está sucediendo y la del terapeuta. Las anécdotas ayudan. En lugar de resumir la semana con “Las mañanas han sido difíciles”, intente incluir detalles para que quede claro exactamente a qué se refiere. “Ella hizo una gritería de 40 minutos que incluyó arrojar libros y zapatos, y dejó una abolladura en la pared”, por ejemplo, recibe un mensaje completamente diferente.

Use la curiosidad para expresar una opinión diferente. Las personas inteligentes pueden estar en desacuerdo -y lo están-, y ocasionalmente el terapeuta de su hijo puede llegar a una conclusión que cree que está fuera de lugar. En lugar de lanzarse a un debate, busque más información. Esto honra la experiencia del terapeuta sin ponerlo a la defensiva. Puede intentar algo como: “¿Puede decirme más sobre por qué cree que eso es lo que está sucediendo? Tengo una opinión muy diferente al respecto” o “Hmmm. ¿Hay otras explicaciones posibles?”

Qué hacer con los obstáculos en el camino

Cualquier relación tiene sus momentos difíciles, y ocasionalmente la gente dice cosas que son desconsideradas o hirientes. Cuando esto sucede con un terapeuta, los padres pueden sentirse culpables, que no están siendo escuchados, o enojados. “La pregunta clave es si lo que se dijo indica que hay un problema con la relación, o si esto es simplemente un obstáculo de comunicación para superar”, aconseja la Dra. Nash. Ella sugiere una reunión cara a cara para discutir el tema directamente. “Puede preguntar ‘Cuando dijiste ___ escuché ____’. ¿Es eso lo que querías implicar?”

El Dr. Bubrick está de acuerdo. “Está bien decir: ‘Me sentí ignorado cuando dijiste ___’ o ‘No aprecié la forma en que respondiste cuando ___’. Abordar el problema directamente es la forma más rápida de avanzar”.

Si después de intentar resolver el problema decide que no está satisfecho con el proveedor o con el progreso de su hijo, está bien buscar una segunda opinión sobre el tratamiento. En general, es mucho más fácil en la relación actual si le informa al terapeuta de su hijo que está explorando otras opciones.