Puede ser difícil lograr que los niños acepten ver a un psicólogo o a un psiquiatra. De hecho, este es un obstáculo común para muchos padres de adolescentes batallando con cualquier problema, desde ansiedad hasta TDAH, depresión o un trastorno alimentario. No basta con verlos sufrir o con que sea obvio para todos a su alrededor que no están siendo ellos mismos y que necesitan algún tipo de intervención. Los adolescentes necesitan querer mejorar, y estar dispuestos a trabajar con alguien para que eso suceda. Para que el tratamiento funcione, los adolescentes deben quererlo, al menos un poco.

Así que es importante llegar al fondo de por qué los adolescentes se niegan y tratar de que cambien de opinión. Estas son algunas razones comunes por las que un joven adolescente podría rechazar el tratamiento:

  • No cree que necesite ayuda. Podría decir algo como: “Yo soy así”.
  • No cree que la terapia o la medicina funcionen.
  • Ya lo probó y no le gustó.
  • Cree que conseguir ayuda es vergonzoso.
  • Se pone a la defensiva. Esta no sólo es una postura común en los adolescentes, sino que también es una reacción comprensible de alguien que está cansado de tener problemas repetidamente o de recibir atención negativa sobre cualquier cosa.
  • Siente desesperanza. No se imagina que es posible sentirse mejor.

Entender la razón o razones que su hijo tiene para negarse lo ayudará a adaptar su respuesta. Como saben los padres de adolescentes, convencer a los niños mayores de hacer algo que no quieren hacer es difícil, por decir lo menos. Esto se debe a que los adolescentes están creciendo, lo que significa que quieren (y, desde el punto de vista del desarrollo, necesitan) tener más control e independencia.

Es posible que los adolescentes no siempre puedan determinar correctamente lo que necesitan, pero es esencial que los padres les den la oportunidad de explicar cómo se sienten para luego dar una respuesta bien pensada. Esto no sólo mejorará la relación con su adolescente, sino que también hará que sea más factible que lo escuche. A continuación encontrará algunas estrategias que puede probar:

Enmarque el tratamiento de manera diferente

La forma en que enmarca el tratamiento es importante. A veces hay algunos prejuicios injustos contra la búsqueda de ayuda para los problemas de salud mental. La gente va a los psicólogos y psiquiatras por la misma razón que van a sus otros médicos: quieren sentirse mejor. Y olvídese del estereotipo de Freud: obtener ayuda en este milenio no siempre significa “contarle a una persona tus más profundos y oscuros sentimientos”, como dice el psicólogo Jerry Bubrick. “La verdad es que ahora tenemos tratamientos mucho más científicos”.

Cuando se trata de pacientes reacios, el Dr. Bubrick a veces compara la terapia con el trabajo con un entrenador: “Si su hijo juega al básquetbol, claro que tendrá un entrenador de básquetbol. Incluso los jugadores profesionales de básquetbol necesitan entrenadores para aprender nuevas estrategias, desarrollar nuevas habilidades, pensar en diferentes maneras con las cuales tener éxito. Su hijo puede tomar terapia para aprender estas habilidades, practicarlas una y otra vez, y eventualmente no necesitará más al entrenador”.

Dependiendo de la ayuda que su adolescente necesita, también podría ser una buena idea que toda la familia acuda al tratamiento. Esta es una buena estrategia cuando los chicos se ponen a la defensiva, porque no señala al adolescente como el único afectado, ya que toda la familia está trabajando en el asunto.

Concéntrese en las prioridades de su adolescente

Algunas veces los adolescentes no estarán de acuerdo en que tienen un problema o piensan que su problema es una parte de ellos que no puede o no debe ser tratada.

Cuando los niños piensan que no pueden mejorar, aveces eso es un síntoma de su trastorno. Por ejemplo, la depresión afecta su forma de pensar, por lo que puede que no sean capaces de imaginar que pueden sentirse mejor. Los niños también pueden empezar a identificarse con su trastorno e incluso encontrar consuelo en él, por lo que la idea de recibir tratamiento puede llegar a ser aterradora.

Si un adolescente considera que no tiene un problema o es ambivalente sobre lo que el tratamiento puede hacer por él, la recomendación del psicólogo David Anderson es que comience por preguntar al adolescente qué le gustaría obtener del tratamiento; no imponga lo que usted o sus maestros o cualquier otra persona pueda querer. “Trabajaremos para conseguir la aceptación centrándonos inicialmente en sus prioridades. ¿Qué está buscando en esta etapa? ¿Qué tipo de cosas le gustaría poder mejorar, por ejemplo las tareas o sus relaciones amistosas? Entonces podemos subrayar cómo las cosas que lo motiva podría lograrse al trabajar juntos”.

Esto es parecido a una técnica llamada entrevista motivacional, la cual es un enfoque colaborativo que algunos terapeutas usan para ayudara a los niños a sentirse mejor.

Encuentre el médico adecuado

Es importante encontrar un proveedor del tratamiento que se adapte bien a la personalidad de su hijo. Si a su adolescente no le gusta la persona con la que va a trabajar o no le inspira respeto, o cree que puede ser más listo que él, no va a ser un buen candidato.

Aunque pueda ser muy frustrante, es posible que tenga que seguir buscando hasta encontrar a la persona adecuada para su adolescente. En ocasiones los padres deciden acudir primero a la consulta ellos mismos, sin su hijo, para conocer al médico y hacer algunas preguntas (una buena pregunta sería sobre su manera de abordar el trabajo con un adolescente reacio). Los especialistas también debieran tener buenos consejos sobre lo que usted puede hacer en casa para ayudar.

Si su adolescente ya ha tratado de recibir tratamiento pero no le han sido de ayuda, o no le agradó la persona con la que estuvo trabajando, la psicóloga Stephanie Dowd recomienda preguntarle por qué cree que fue así. Por ejemplo, ¿qué fue lo que no le ayudó o qué no le gustó de la terapia? ¿Qué le gustó? Puede tener estos detalles en mente y trabajar juntos para encontrar un terapeuta que haga más cosas de las positivas. Muchos niños prefieren trabajar con médicos que sean participantes activos de las conversaciones, en vez de oyentes pasivos.

La Dra. Dowd sugiere: “Encuentre dos o tres terapeutas con quienes su hijo pueda entrevistarse y dígale que puede elegir a aquel con quien se sienta más cómodo y piense que lo ayudará más. Encontrar un terapeuta que se adapte bien es sumamente importante, y hacer que su hijo elija lo ayudará a sentirse dueño de su propio tratamiento, lo cual es muy importante para los adolescentes y prepara el terreno para una terapia efectiva”.

No se rindan

Si su hijo dice que no la primera vez que le habla de iniciar un tratamiento, siga intentándolo. Use las estrategias anteriores y trate de preguntar a los médicos qué le recomendarían.

También es importante seguir esforzándose por escuchar cómo se siente su hijo y qué cree que necesita. Las cosas importantes por lo general no se resuelven en una sola conversación. Los avances son graduales. “Si usted sienta las bases al fortalecer su conexión con su hijo ahora, es más probable que se dirija a usted en busca de apoyo cuando finalmente esté listo”, dice la Dr. Dowd.