¿Por qué los padres alimentan con cuchara a los bebés, pero esperan que los niños saludables de cuarto grado coman por sí solos? Porque los bebés no son capaces de hacer la tarea solos, pero los niños mayores sí pueden hacerlo. Una de las formas básicas en que distinguimos lo que es dar apoyo de la permisividad es mediante la evaluación de lo que los niños son capaces de hacer. La progresión normal pasa del apoyo completo al entrenamiento o enseñanza, y luego a la autosuficiencia.

Sin embargo, lo que es relativamente claro con un niño típico se vuelve más turbio cuando un niño tiene problemas de aprendizaje o problemas de salud mental. No siempre es fácil descubrir qué es lo que cuenta como apoyo y qué cuenta como permisivo cuando el estado de ánimo, la ansiedad, la distracción y el comportamiento de un niño varían día a día. ¿Cómo sabe si está siendo considerado con las dificultades de su hijo? … O, ¿está limitando su crecimiento al asumir tareas que él mismo puede hacer?

¿Qué es dar apoyo?

“La vida arrojará todo tipo de desafíos a los niños”, dice el Dr. David Anderson, psicólogo y director del Centro de Trastornos del Comportamiento del Child Mind Institute. “Y el objetivo de apoyarlos es aumentar la resiliencia y desarrollar estrategias de afrontamiento”.

Comencemos por una regla general: el apoyo siempre debe empoderar a su hijo para avanzar hacia una mayor estabilidad y más independencia. El apoyo reconocerá las dificultades pero no las eliminará. Se trata de trabajar con su hijo mientras aprende a superar obstáculos, a manejar sus miedos y a generar confianza para el futuro.

Para dar apoyo, siempre es bueno:

  • Aprender sobre el trastorno y el tratamiento de su hijo, para que tenga claro qué es útil para su sanación y qué no lo es
  • Reconocer los sentimientos de su hijo, validando lo difícil que es estar asustado, triste, incómodo, avergonzado o teniendo dificultades
  • Proporcionar confort humano sencillo (como acurrucarlo, darle chocolate caliente, un masaje en los hombros, usar herramientas sensoriales, cualquier cosa que le quite el estrés) y asistencia práctica que la ayude a superar las emociones fuertes
  • Modelar habilidades sanas de afrontamiento para lidiar con la frustración, la desilusión, la ira y la ansiedad (o modelar la perseverancia si todavía está aprendiendo cómo hacerlo)
  • Proporcionar estructura en el hogar en forma de reglas apropiadas, horarios y consecuencias positivas para que su hijo pueda experimentar el éxito con su comportamiento
  • Observar y elogiar los pequeños pasos de avance, elogiando el esfuerzo y la perseverancia además de los resultados
  • Discutir las reglas de la casa y sus consecuencias en tiempos de calma, para que no se encuentre inventándolas sobre la marcha
  • Entrenar a su hija en el momento que suceden problemas que la niña no puede manejar sin ayuda
  • Establecer límites claros para la salud y seguridad personal de todos los miembros de la familia (¡incluido usted mismo!)
  • Abogar por su hijo en su escuela, para que éste reciba las acomodaciones que nivelen su acceso académico según su discapacidad
  • Busque ayuda profesional para cualquier miembro de su familia que esté teniendo dificultades

Si su hijo ya está trabajando con un terapeuta, puede apoyar el trabajo realizado en la sesión pidiendo “tareas” que refuercen las habilidades que se están trabajando. El terapeuta también puede brindarle orientación sobre las estrategias que puede usar para manejar problemas específicos.

Cómo ser permisivo es diferente

Ser permisivo es reforzar un comportamiento no deseado sin darnos cuenta. Todos los padres hacen esto hasta cierto punto porque es natural querer proteger a nuestros hijos del dolor, el miedo, el fracaso, los problemas y la vergüenza.

La investigación sugiere que es mejor retrasar la exposición a los grandes riesgos como son las drogas, el sexo y el alcohol el mayor tiempo posible, pero, como señala el Dr. Anderson, los niños no deberían estar protegidos contra todos los riesgos. Con los riesgos más pequeños, los niños desarrollan habilidades de afrontamiento y confianza. Como padres, si queremos a ayudarlos a crecer, tenemos que aprender a tolerar nuestra propia incomodidad al ver a los niños teniendo dificultades.

La permisividad ante los comportamientos indeseables también ocurre cuando cedemos a las quejas o demandas porque desesperadamente queremos evitar el conflicto. Generalmente, esta evasión es una solución a corto plazo que va en contra de ayudar al niño a progresar a largo plazo.

Por lo general, ser permisivo es:

  • Permitir que su hijo evite todas las situaciones incómodas
  • Cubrir las cosas que su hijo hizo, olvidó hacer o hizo mal
  • Hablar en su nombre en lugar de dejar que aprenda a expresar sus propios pensamientos y sentimientos
  • No ser constante en hacer cumplir las reglas de la casa porque se siente mal por las dificultades de su hijo o porque tiene miedo de que él no lo va a querer a usted
  • Reaccionar exageradamente a las rabietas no violentas involucrándose en largos sermones o con estallidos emocionales
  • Intervenir con otros adultos para evitar que su hijo experimente desilusión, en lugar de ayudarle a superar sus sentimientos
  • Protegerlo de las consecuencias naturales de sus acciones

Cuando las cosas no son claras

Lamentablemente, los síntomas de salud mental varían día a día, por lo tanto, lo que es posible que un niño haga un día, puede ser imposible al día siguiente. Un adolescente deprimido puede, por ejemplo, reunir energía para hacer la tarea el martes, y luego subir a la cama abrumado por la tristeza el miércoles. Un niño ansioso podría sobrevivir el día escolar y luego explotar en la seguridad del hogar. Este cambio de criterio entre la capacidad y la discapacidad puede hacer que sea difícil para los padres saber qué constituye apoyar y qué es ser permisivo, dando paso a que los desafíos de salud mental retengan su control.

Medir lo que su hijo puede y no puede hacer siempre será una cuestión de observación, juicio de los padres y prueba y error. Sin embargo, su precisión para predecir el éxito mejorará si realiza un seguimiento de las circunstancias que ocurren cuando tiene éxito.

A menudo, los días buenos son una función de lo básico, como por ejemplo:

  • ¿Tu hijo tuvo una noche de sueño estable?
  • ¿Comió suficiente comida y bebió suficiente líquido?
  • ¿Qué más pasó esta semana? (intimidación en la escuela, cambio de rutina, conflictos familiares, etc.)
  • ¿Qué hay en el horizonte? (exámenes próximos, aniversarios desagradables, situaciones estresantes)
  • ¿Se ha tomado los medicamentos con regularidad o ha habido un cambio reciente en los medicamentos?
  • ¿Qué tan calmada ha podido responder ante la ira o la angustia de su hijo?
  • ¿Qué tan consistentes han sido usted (y su pareja) en apegarse a las reglas de la casa?
  • ¿Hay algún problema físico? (ciclo hormonal, dolor de cabeza, infección estomacal incipiente u otro)

A medida que cree su base de datos de conocimiento, mejorará al evaluar si sus expectativas son imposibles, difíciles pero posibles con ayuda, difíciles pero posibles con el tiempo, o si no son un problema.

Drama vs. realidad

Los niños con desafíos emocionales son como cualquier otro niño en el planeta cuando se refiere a tratar de obtener lo que quieren… y evitar hacer lo que no les gusta. A veces, las estrategias que utilizan implican capitalizar una porción de verdad, como exagerar una emoción legítima. Esto es normal. Como la mayoría de nosotros, los niños tienden a declararse abrumados cuando simplemente temen ser abrumados, y piensan “¡no puedo!” Cuando realmente quieren decir “¡no quiero!”

Cualquier padre que haya acumulado horas de preocupación por su hijo, probablemente lo encuentre increíblemente provocador. La perspectiva de dirigirse hacia (otra) espiral descendente es inducir ansiedad. Esto puede hacer que determinar qué parte de la protesta de su hijo se debe a su incapacidad y qué parte es una capa extra de drama, sea complicado.

Trate de evitar caer en la trampa de “o puede o no puede”. Casi todas las situaciones se encuentran en algún lugar entre lo que se puede y lo que no se puede, y la forma de encontrar el punto ideal es validar la sensación de su hijo y hacer que las cosas avancen desde allí. Por ejemplo, puede decir:

  • “Sé que no te sientes bien, pero me gustaría que vinieras de todos modos. Si todavía estás demasiado agotado una vez que lleguemos allí, no tenemos que entrar”.
  • “Sí, esto será un desafío, y sin embargo, estoy bastante seguro de que podemos encontrar formas de ayudarte a manejarlo”.
  • “¡Ah, puedo ver que estás cansado! Eso sucede a menudo cuando no has tomado suficiente líquido. Déjame traerte una taza de jugo y ver si eso te ayuda a animarte”.
  • “Es normal estar nervioso por algo como esto. ¿Qué cosa puedes hacer para reducir tu ansiedad a un nivel más manejable?
  • “Eh. Puedo ver que parece intimidante, pero estoy bastante seguro de que no lo es del todo. ¿Qué podríamos hacer para que sea simplemente muy difícil?

Lo que estás buscando es el terreno intermedio, el espacio de maniobrar, el pequeño paso del progreso. Si tienes éxito, ¡genial! Si no lo hace, la información que reúna en el proceso lo equipará para la próxima ronda. Hable con el terapeuta de su hijo, colabore en estrategias, informe sobre el progreso… y avance. Con paciencia y perspicacia, tiempo y sabiduría, ayuda profesional y apoyo parental en el hogar, su hijo progresará.