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Dar apoyo versus permisividad

Cómo saber qué ayuda y qué no cuando un niño tiene desafíos emocionales o del aprendizaje.

Julia Johnson Attaway

¿Por qué los padres alimentan con cuchara a los bebés, pero esperan que un niño sano de cuarto grado coma por sí solo? Simplemente porque los bebés no pueden hacer la tarea solos, pero los niños mayores sí pueden. Una de las formas básicas en que distinguimos lo que es dar apoyo frente a la permisividad es mediante la evaluación de lo que los niños pueden hacer. La progresión normal pasa del apoyo completo al entrenamiento o enseñanza, y luego a la autosuficiencia.

Sin embargo, lo que es relativamente claro con un niño de desarrollo típico se vuelve más turbio cuando un niño tiene discapacidades del aprendizaje o problemas de salud mental. No siempre es fácil descubrir qué es lo que cuenta como dar apoyo y qué cuenta como ser permisivo cuando el estado de ánimo, la ansiedad, la distracción y el comportamiento de un niño varían día a día. ¿Cómo saber si usted está siendo considerado con las dificultades de su hijo… o si está limitando su crecimiento al asumir tareas que él puede hacer por sí mismo?

¿Qué es dar apoyo?

“La vida arrojará todo tipo de desafíos a los niños”, dice el Dr. David Anderson, psicólogo clínico del Child Mind Institute. “Y el objetivo de apoyarlos es desarrollar resiliencia y estrategias de afrontamiento”.

Comencemos por una regla general: el apoyo siempre debe empoderar a su hijo para avanzar hacia una mayor estabilidad y más independencia. El apoyo reconocerá las dificultades pero no las eliminará. Se trata de trabajar con su hijo a medida que aprende a superar obstáculos, manejar sus miedos y desarrollar confianza para el futuro.

Por lo tanto, siempre es de apoyo:

  • Aprender sobre el trastorno y el tratamiento de su hijo, para que tenga claro qué es útil en la recuperación y qué no lo es.
  • Reconocer los sentimientos de su hijo, validando lo difícil que es estar asustado, triste, incómodo, avergonzado o enfrentar dificultades.
  • Brindar consuelo simple (acurrucarse, darle chocolate caliente, un masaje en los hombros, usar herramientas sensoriales, cualquier cosa que le quite el estrés) y asistencia práctica que lo ayude a superar las emociones fuertes.
  • Modelar habilidades de afrontamiento saludables para lidiar con la frustración, la desilusión, la ira y la ansiedad (o modelar la perseverancia si todavía está aprendiendo cómo hacerlo).
  • Proporcionar estructura en el hogar en forma de reglas apropiadas, horarios y consecuencias positivas para que su hijo pueda experimentar el éxito a través de su comportamiento.
  • Observar y mencionar los pequeños avances, elogiando el esfuerzo y la perseverancia además de los resultados.
  • Discutir las reglas de la casa y las consecuencias por no seguirlas en momentos de calma, para que no se encuentre en la situación de tener que inventarlas sobre la marcha.
  • Asesore a su hijo cuando se presentan problemas que no puede manejar sin ayuda.
  • Establecer límites claros para la salud y seguridad personal de todos los miembros de la familia (¡incluido usted mismo!).
  • Abogar por su hijo en la escuela, para que obtenga adaptaciones para su discapacidad que nivelen el campo de juego.
  • Busque ayuda profesional para cualquier miembro de la familia que esté batallando.

Si su hijo ya está trabajando con un terapeuta, usted puede apoyar lo que hagan en la sesión pidiendo al terapeuta que le dé “tareas” a su hijo que refuercen las habilidades que están trabajando. El terapeuta también puede brindarle orientación sobre las estrategias que puede usar para manejar problemas específicos.

Cómo ser permisivo es diferente

Ser permisivo es reforzar un comportamiento no deseado sin darnos cuenta. Todos los padres hacen esto hasta cierto punto porque es natural querer proteger a nuestros hijos del dolor, el miedo, el fracaso, los problemas y la vergüenza.

La investigación sugiere que es mejor retrasar el mayor tiempo posible la exposición a los grandes riesgos como son las drogas, el sexo y el alcohol, pero, como señala el Dr. Anderson, los niños no deberían estar protegidos contra todos los riesgos. Con los riesgos más pequeños, los niños desarrollan habilidades para enfrentar situaciones difíciles y confianza. Como padres, si queremos ayudarlos a crecer, tenemos que aprender a tolerar nuestra propia incomodidad al ver que los niños tienen dificultades.

La permisividad ante los comportamientos indeseables también ocurre cuando cedemos a las quejas o demandas porque queremos evitar el conflicto de manera desesperada. Generalmente, esta evasión es una solución a corto plazo que va en contra de ayudar al niño a progresar a largo plazo.

Por lo general, ser permisivo es:

  • Permitir que su hijo evite todas las situaciones incómodas.
  • Cubrir a su hijo por las cosas que hizo, olvidó hacer o hizo mal.
  • Hablar en su nombre en lugar de dejar que aprenda a expresar sus propios pensamientos y sentimientos.
  • No ser consistente en hacer que las reglas de la casa se cumplan, porque se siente mal por las dificultades de su hijo o porque tiene miedo de que él no lo vaya a querer.
  • Reaccionar exageradamente a las rabietas no violentas involucrándose en largos sermones o teniendo usted sus propios estallidos emocionales.
  • Intervenir con otros adultos para evitar que su hijo experimente desilusión, en lugar de ayudarlo a procesar sus sentimientos.
  • Protegerlo de las consecuencias naturales de sus acciones.

Cuando las cosas no son claras

Lamentablemente, los síntomas de salud mental varían día a día, por lo tanto, lo que es posible que un niño haga un día, puede ser imposible al día siguiente. Un adolescente deprimido puede, por ejemplo, lograr reunir la energía necesaria para hacer la tarea el martes, y luego, el miércoles, meterse a la cama abrumado por la tristeza. Un niño con ansiedad podría sobrevivir el día escolar y luego explotar cuando llega a la seguridad del hogar. Este terreno movedizo entre capacidad y discapacidad puede hacer que sea difícil para los padres saber qué es dar apoyo y qué permite que los desafíos de salud mental sigan manteniendo el control.

Medir lo que su hijo puede y no puede hacer siempre será una cuestión de observación, juicio de los padres y prueba y error. Sin embargo, su precisión para predecir el éxito mejorará si realiza un seguimiento de las circunstancias que están presentes cuando tiene éxito.

A menudo, los días buenos están en función de cosas básicas, como por ejemplo:

  • ¿Su hijo tuvo una noche de sueño estable?
  • ¿Comió suficiente comida y bebió suficiente líquido?
  • ¿Qué más pasó esta semana? (acoso en la escuela, cambio de rutina, conflictos familiares, etc.).
  • ¿Qué hay en el horizonte? (exámenes próximos, aniversarios desagradables, situaciones estresantes).
  • ¿Se ha tomado los medicamentos con regularidad o ha habido un cambio reciente en los medicamentos?
  • ¿Con cuánta calma ha respondido usted ante la ira o la angustia de su hijo?
  • ¿Qué tan consistentes han sido usted (y su pareja) en apegarse a las reglas de la casa?
  • ¿Hay algún problema físico? (ciclo hormonal, dolor de cabeza, infección estomacal incipiente u otro).

A medida que usted vaya creando su base de datos con información, podrá evaluar mejor si sus expectativas son imposibles, difíciles pero posibles con ayuda, difíciles pero posibles con el tiempo, o si no son un problema.

Drama versus realidad

Los niños con desafíos emocionales son como cualquier otro niño en el planeta cuando se trata de intentar obtener lo que quieren… y evitar hacer lo que no les gusta. A veces, las estrategias que utilizan implican capitalizar una pizca de verdad, como exagerar una emoción legítima. Esto es normal. Como la mayoría de nosotros, los niños tienden a declararse abrumados cuando simplemente temen sentirse abrumados, y piensan “¡no puedo!”, cuando realmente quieren decir “¡no quiero!”.

Cualquier padre que haya acumulado horas de preocupación por su hijo, probablemente encuentre esto increíblemente provocador. La perspectiva de dirigirse hacia (otra) espiral descendente genera ansiedad. Esto puede hacer que determinar cuánto de la protesta de su hijo se debe a sus dificultades y cuánto a un poco de drama sea complicado.

Trate de evitar caer en la trampa de “o puede o no puede”. Casi todas las situaciones se encuentran en algún lugar entre lo que se puede y lo que no se puede, y la forma de encontrar el punto ideal es validar la sensación de su hijo y hacer que las cosas avancen desde allí. Por ejemplo, puede decir:

  • “Sé que no te sientes bien, pero me gustaría que vinieras de todos modos. Si todavía estás demasiado agotado una vez que lleguemos allí, no tenemos que entrar”.
  • “Sí, esto será un desafío, y sin embargo, estoy bastante seguro de que podemos encontrar formas de ayudarte a manejarlo”.
  • “¡Ah, puedo ver que estás cansado! Eso sucede a menudo cuando no has tomado suficiente líquido. Déjame traerte una taza de jugo y ver si eso te ayuda a animarte”.
  • “Es normal estar nervioso por algo como esto. ¿Qué cosa puedes hacer para reducir tu ansiedad a un nivel más manejable?
  • “Puedo ver que parece intimidante, pero estoy bastante seguro de que no lo es del todo. ¿Qué podríamos hacer para verlo como algo simplemente muy difícil?

Lo que estás buscando es el terreno intermedio, el espacio para maniobrar, el pequeño paso del progreso. Si tienes éxito, ¡genial! Si no, la información que logre reunir en el proceso lo equipará para la próxima ronda. Hable con el terapeuta de su hijo, colabore con él en estrategias, informe sobre el progreso… y avance. Con paciencia y perspicacia, tiempo y sabiduría, ayuda profesional y apoyo parental en el hogar, su hijo progresará.