Cuando un niño tiene problemas emocionales o de comportamiento, esto afecta a toda la familia. Para los padres, cuidar a un niño angustiado puede volverse agotador y puede ser difícil asegurarse de que los hermanos también reciban lo que necesitan.  

Tenga presente que un niño que tiene necesidades especiales, que parece estar bien o pretendiendo estar bien, podría también tener problemas. 

Le mostramos algunas maneras en las que los hermanos podrían verse afectados y las cosas que usted puede hacer para ayudarlos a responder al desafío de una manera saludable.  

Perturbados por el comportamiento 

Otros niños en la familia resultan más afectados cuando uno de sus hermanos, que tiene un trastorno psiquiátrico o del desarrollo, tiene arrebatos frecuentes: crisis o rabias dramáticas, o agresión hacia otros miembros de la familia. 

Es normal estar molesto cuando otro niño está gritando o tiene una crisis; estas cosas también son molestas para los padres, señala Mandi Silverman, psicóloga clínica del Child Mind Institute. Un niño puede llorar mientras el berrinche está sucediendo, pero la mayoría de los niños se recuperan y pueden tomarlo con calma, especialmente si entienden que su hermano o hermana tiene una enfermedad que les impide controlar sus emociones y su comportamiento.  

“Pero los hermanos también pueden sentirse muy abrumados por el comportamiento”, dice la Dra. Silverman, “especialmente si incluye abuso verbal o agresión física hacia ellos. A veces incluso pueden sentir que no están a salvo”.  

Los sentimientos crónicos de enojo, frustración o ansiedad pueden ser graves para los hermanos, dijo Jill Emanuele, psicóloga clínica del Child Mind Institute. “Esos niños están en riesgo de otras enfermedades mentales como la depresión o el trauma, especialmente si hay agresión o violencia”.  

Un sistema de apoyo para los hermanos 

Los niños en una familia que está bajo estrés debido a una enfermedad mental de algún hermano, necesitan un sistema de apoyo al cual recurrir cuando se sienten abrumados. Esto puede ser en forma de chequeos regulares con un miembro de la familia o un amigo con el que el niño se sienta cómodo para hablar o confesar cómo se siente. O podría ser una cita semanal con un terapeuta. Puede llevar un tiempo para que un niño desarrolle una relación cercana con este aliado, pero la clave es tener una estructura establecida a la que pueda recurrir cuando tenga preguntas, problemas o inquietudes.  

Cuando el hijo del medio de Laura Kleinhandler desarrolló TOC (OCD, por sus siglas en inglés) severo, su hermana mayor se volvió muy introvertida y sus calificaciones comenzaron a bajar. Entonces Kleinhandler decidió trasladarla a una escuela privada, y dice haber sido la mejor decisión que tomó la familia. “Era un ambiente mucho más estimulante”, dijo. “Ella desarrolló relaciones con sus maestros y amigos, y se volvió mucho más capaz de compartir sus experiencias de vida”.  

Aprender el comportamiento negativo 

También es común, dijo la Dra. Emanuele, que los otros hermanos imiten los comportamientos negativos de su hermano o hermana, especialmente si son más pequeños y no entienden de dónde proviene el comportamiento.  

Michaela Searfoorce, madre de cinco hijos, reporta que su tercer hijo, un niño de cuatro años y medio, es propenso a crisis intensas cuando las cosas no están bien para él. Por ejemplo, podría tener una crisis a gritos si las tazas no son del mismo color a la hora de la cena o se pierde el principio de un cuento antes de acostarse. 

Él está en el proceso de ser diagnosticado, pero estas crisis perturban a toda la familia. Impiden que los otros niños jueguen pacíficamente o miren una película, o puedan concentrarse en su tarea y consumen mucha atención de los padres.  

Searfoorce está preocupada porque los hermanos menores, uno de seis meses y uno de dos años, están comenzando a imitar el comportamiento de su hermano mayor, gritando salvajemente para ser escuchados. Pero lo que más le molesta es que sus hijos perciben este comportamiento como normal. “Me molesta que estén acostumbrados a los gritos”, comentó. 

Alabe lo positivo 

La Dra. Emanuele recomienda estar alerta ante el comportamiento copiado y establecer una rutina en la que los niños reciban elogios y atención por otros comportamientos positivos, para contrarrestar lo que se aprende con el ejemplo. 

También puede ser de ayuda facilitar que  los niños tomen distancia al involucrarlos en actividades fuera de la familia. “Está bien que los niños tomen un descanso”, dijo la Dra. Silverman. 

Searfoorce, dice que intenta iniciar momentos en que su hija pueda jugar con otros niños y no tener que preocuparse por los desafíos de su hermano. “La forma en que le damos un descanso es que va a las clases de gimnasia, ballet y tap, y con el equipo de natación, así que pasa tiempo con otros niños y sale de la casa sola”, dijo. 

Searfoorce también señala que su hija es amigable con todos. “¡Ella es la persona más social!”, dice. “Siento que se debe a que ha tenido que aprender con algunas personalidades difíciles en nuestra familia. Ella sabe cómo seguirle la corriente a todos”. 

Estrés y ansiedad 

Otra cosa con la que los hermanos batallan es la preocupación por el niño que está teniendo problemas. Kleinhandler recuerda las miradas en los rostros de sus otras dos hijas cuando supieron que su hermana con TOC (también conocido como ODC, por sus siglas en inglés) iba a un centro de tratamiento residencial al otro lado del país. “Fue más que devastador”, dijo. “Todo lo que imaginaron fue un hospital psiquiátrico, y fue aterrador”.  

Algunas veces, los niños sanos se vuelven ansiosos y se autodiagnostican. “Los niños comenzarán a presentar síntomas que no tienen o comenzarán a comportarse de una manera que no es típica de ellos”, dijo la Dra. Emanuele. “Podrían decir: No puedo prestar atención, seguro tengo TDAH”. 

Liza Long, madre de cuatro hijos, entre ellos un hijo con trastorno bipolar, dice que su hija se asusta de que también tiene el trastorno cuando se enoja o se frustra. “Le digo que es normal sentirse frustrada, pero que hablemos con su terapeuta sobre eso”. 

Long también se preocupa de que gran parte de los recursos de la familia se destinen al tratamiento y cuidado de un niño. Su hijo mayor tiene 18 años y fue aceptado en universidades excelentes que la familia no puede pagar. “Es difícil para mí ver todas las universidades donde ha sido aceptado y decir: “No podemos pagar”. 

Demasiada responsabilidad 

A veces, los problemas de un niño requieren que los otros niños de la familia actúen de manera más madura para su edad. Pueden convertirse en ayudantes de sus padres para cuidar al niño con problemas. O simplemente sienten que tienen que ser perfectos, ya que sus padres tienen mucho que manejar. 

El hijo de Long, hasta que lo diagnosticaron y lo trataron por trastorno bipolar, se enfurecía violentamente, incluso llegó a apuntar a los miembros de la familia con un cuchillo. Todos los hermanos fueron entrenados para ir a un lugar seguro como un automóvil y cerrar la puerta con llave hasta que el episodio hubiera pasado. Esto fue especialmente difícil para su hijo mayor, dijo. “Tuvo que crecer mucho más rápido de lo que lo hubiera hecho de otra manera. Tenía que ser más responsable, asegurarse de que los más pequeños estuvieran a salvo o ser quien llamara a la policía”. 

Sea proactivo 

Los padres deberían comenzar a preocuparse si ven que el comportamiento de sus hijos cambia drásticamente. Si un niño que duerme regularmente durante la noche comienza a despertarse repetidamente, si hay un cambio repentino en el apetito, si un niño al que le encanta jugar Minecraft pierde el interés repentinamente, si un niño parlanchín deja de hacerlo, si las notas escolares de un niño bajan: Todos estos son motivos para poner pausa y observar. 

Debido a que los hermanos de niños con enfermedades mentales ya de por sí son vulnerables, los padres deben estar al tanto de las señales de que algo puede estar mal, dijo la Dra. Emanuele. 

Las formas efectivas de ser proactivo incluyen consultar con la escuela para ver cómo le está yendo al niño y pedirle al maestro y a los consejeros estudiantiles que vigilen los cambios en el comportamiento. Los padres también deben tener un diálogo abierto con sus hijos, especialmente aquellos que pueden sentirse culpables hablando de sus propias necesidades. 

Quizás lo más importante que un padre puede hacer, dijo la Dra. Silverman, es seguir sus instintos. “Mantenga los ojos y los oídos abiertos, y si siente que algo es particularmente preocupante, puede ser importante consultar con un profesional de salud mental para obtener pruebas y apoyo adicionales”. 

Cuídese a usted mismo

Más importante aún, los padres deben cuidarse a sí mismos. Esto significa dedicar tiempo a las necesidades básicas: ejercicio, sueño, alimentación y tiempo de ocio. “Si llega al punto en que no puede cuidarse porque el niño está consumiendo mucho de su tiempo y energía, es posible que necesite más atención de la que brinda el tratamiento ambulatorio”, dijo la Dra. Emanuele. 

Los padres también sufren porque se preocupan tanto por sus hijos o están tan estresados ​​de que no están haciendo lo correcto, que la ansiedad los consume. Eso se puede aliviar concentrándose en el presente, dice ella. “Si se encuentra teniendo esos pensamientos, trate de dirigirlos a ¿qué puedo hacer ahora? ¿Puedo preparar la comida favorita de mi hija y hacerla sentir mejor? ¿Puedo ver una película con mis hijos y relajarme con ellos ahora mismo? 

Long dice que lo mejor que ha hecho por sí misma es tomar terapia junto a sus hijos. “Tomo terapia, he tomado clases para padres. Estoy en redes de apoyo”, dice ella. “Facebook también juega un gran papel para los padres de niños con enfermedades mentales”. El resultado final: cuídese para que pueda hacer el mejor trabajo posible como padre o madre.