Los padres pueden ayudar a que la transición desde el hospital psiquiátrico a la casa sea segura al discutirlo previamente con el psiquiatra de su hijo. Investiga qué reglas serían adecuadas. ¿Se puede quedar a solas por periodos cortos de tiempo? ¿Puede ir a la casa de sus amistades? ¿Cuánto tiempo transcurrirá hasta que sea más independiente? Si tu hijo tuvo pensamientos o intentos de suicidio, es necesario que al principio esté bajo supervisión continua.
Llevar a casa a un hijo después de una hospitalización psiquiátrica
Carta abierta de una madre sobre qué esperar y cómo manejarse.
in EnglishLo que aprenderá
- ¿Qué debo esperar cuando mi hijo regrese a casa de un hospital psiquiátrico?
- ¿Qué preguntas debo plantearle al médico que atiende a mi hijo?
- ¿Qué debo hacer si el comportamiento de mi hijo es preocupante?
Lectura rápida
Cuando tu hijo ha estado en un hospital psiquiátrico, el hecho de que regrese a casa es emocionante, pero también puede ser aterrador. El hospital ha decidido que es seguro que esté en casa, pero sigue en proceso de sanación. Todavía necesita tratamiento. Es normal que las cosas no sean fáciles durante un tiempo.
Volver a casa puede ser estresante para los niños porque han perdido la estructura y las reglas que les ofrecía el hospital. Hazle saber que estás muy feliz de que esté en casa, pero que no esperas que todo vaya perfecto. La primera vez que algo vaya mal, es posible que te preocupes, pero intenta mantener la calma y recuerda que los contratiempos son normales.
Antes de que tu hijo vuelva a casa, habla con su psiquiatra y averigua qué medidas son adecuadas. ¿Se puede quedar a solas durante períodos cortos? ¿Puede ir a casa de sus amistades? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que pueda ser más independiente?
Si tu hijo tenía un plan de suicidio o realizó un intento, prevé una supervisión estrecha al principio. Sigue vigilando a tu hijo y prepárate para contactar a su terapeuta si vuelve a parecer que tiene tendencias suicidas. También es importante que establezcas formas de controlar tu propia ansiedad. Hacer ejercicio, pasar tiempo con amistades y hablar con tu propio terapeuta son formas de reducir el estrés.
Por último, es importante hacer un seguimiento de cómo le va a tu hijo en casa. Anota al final de cada día su estado de ánimo y sus síntomas, qué medicamentos está tomando, los efectos secundarios y cualquier incidente que te preocupe. Si sientes que las cosas van mal, el diario te puede proporcionar un punto de vista realista. También le dará al médico de tu hijo una mejor idea de cualquier cosa que te preocupe.
Importante:
Si tú o alguien que conoces necesita ayuda ahora, llama al 988 o visita la Línea de prevención del suicidio y crisis.
Estimado padre/madre:
¡Felicitaciones! Si tu hijo ha estado en el hospital, y finalmente ha logrado el alta, la saga de la hospitalización está en el espejo retrovisor. Ahora todo lo que tienes que hacer es entender qué sigue a continuación. Eso de pronto podría parecer una tarea abrumadora.
A estas alturas tu hijo probablemente ha idealizado cómo era estar en casa y tú te hayas olvidado de lo difícil que era cuando estaba en casa. También es posible que si tienes otros hijos hayan comenzado a disfrutar tener un poco de atención de nuevo.
Espera encontrarte con baches en el camino. El regreso es difícil.
El primer día probablemente todo vaya más o menos bien, porque todos estarán felices de haber dejado el hospital en el pasado. Necesitarás mucha paciencia para las siguientes una a dos semanas. Recuerda que tu hijo sigue en proceso de sanación, y por mucho que quieras que esta prueba termine, no puedes esperar que se comporte como si ya estuviera del todo bien, o incluso mejor. En el hospital lograron que se estabilizara lo suficiente como poder pasar a recibir atención ambulatoria. los antiguos comportamientos no se han extinguido, solo han disminuido. Los desencadenantes de larga data no han sido desactivados. La ansiedad, la rabia, la paranoia, o su trastorno obsesivo-compulsivo o depresión, podrían aumentar un poco menos rápido o tener una duración más corta, pero están lejos de haber desaparecido.
Así que habrá baches. Y porque serán varios, necesitarás recordarte una y otra vez que un bache no es una caída a un precipicio.
La primera vez que tu hijo se comporte de la misma manera que antes de la hospitalización, podrías llegar a la conclusión de que ha vuelto a estar como antes. Pero esto no es cierto. Respira profundamente. No te permitas entrar en pánico. Ten paciencia. Muéstrale tu empatía.
Cómo manejar el estrés
Tu hijo se asustará igual que tú ante los baches, si es que no más. Aunque ninguno de ustedes lo haya pensado así, lo cierto es que la vida en el hospital era mucho más simple que la vida en casa. Las reglas, las expectativas de comportamiento y las consecuencias estaban grabadas en piedra. Todo estaba planeado. El personal no se tomaba el mal comportamiento o los arrebatos como algo personal: respondían de acuerdo al protocolo, en vez de con temor o alarma. Así que llegar a casa, aunque definitivamente es algo bueno, también es estresante. Hay muchos más estímulos, muchas más tentaciones. El hogar es un lugar de viejos hábitos y expectativas de parte de los padres. Lo que parecía fácil de manejar en el hospital puede parecer mucho más complicado ahora. El nivel de estrés de tu hijo probablemente será mayor.
Esto es lo que puedes hacer para reducirlo. Dile algo como: “Estoy tan, tan feliz de que hayas vuelto. Me advirtieron que el regreso a casa podría ser estresante, y quiero que sepas que no espero que todo sea perfecto. No espero que tú te comportes perfectamente, o que te sientas mucho mejor. Sé que yo tampoco me comportaré de forma perfecta ni manejaré todo perfectamente. Y está bien. Sé que habrá obstáculos. Y quiero que sepas que te amo, y que trabajaremos en conjunto para superar los obstáculos”. Entonces cuando surjan los problemas, haz una pausa, respira profundamente y di: “¿Recuerdas cuando te decía que habrían baches? Eso fue un bache. Y lo superaremos”.
Tu tarea es alejarte de tus expectativas y emociones, y mantener la calma lo mejor que puedas. Ofrece empatía (toneladas de empatía) y atenciones de primera: sus comidas favoritas, una taza de té, un animal de peluche, algo de música relajante. Esto ayudará. O al menos ayudará mucho más que gritarle durante los momentos de frustración.
Si tienes que desahogarte, hazlo en privado con alguien que te recuerde que lo que estás viendo es un bache en el camino. Si vives en pareja, busquen maneras de cuidarse mutuamente y relevarse cuando uno de ustedes sienta mucho cansancio o ansiedad, o esté perdiendo la paciencia.
A qué prestar atención
Si tu hijo tenía un plan para suicidarse o realizó un intento antes de la hospitalización, probablemente te habrán dicho que la mayor probabilidad de que se repita el intento es dentro de los tres primeros meses. Estas son malas noticias, especialmente teniendo en cuenta todo lo que has pasado. Tu tarea consistirá en averiguar cómo controlar el estado mental de tu hijo sin invadir, y sin disolverte en tu propio charco de preocupaciones. Hay tres aspectos clave para lograrlo.
- Tendrás que manejar bien tu propia ansiedad. Utiliza cualquier cosa que te funcione, ya sea ejercicio, meditación, yoga, conciencia plena o respiración lenta (hay algunas buenas apps disponibles para tu teléfono), escribir un diario, tomar largas duchas, hablar con tu propio terapeuta o cualquier otra cosa. Encuentra una combinación de enfoques que incluyan medidas preventivas diarias (para mantener tu ansiedad inicial a un nivel razonable) y técnicas en el momento (para situaciones estresantes específicas). Si necesitas medicamentos, consíguelos, pero ten cuidado de no abusar.
- Necesitarás mantener abiertas las líneas de comunicación con tu hijo. Refresca tu memoria sobre buenas técnicas para hablar con adolescentes. En tiempos de estrés todos tendemos a regresar a hábitos antiguos, así que es una buena idea traer a la memoria los hábitos saludables leyendo sobre ellos.
- Necesitarás orientación sobre qué hacer si tu hijo te dice que todavía tiene pensamientos de autolesión. Habla con el terapeuta de tu hijo para obtener consejos. Conocer la diferencia entre la ideación suicida pasiva y la activa te puede ayudar a mantener la calma y actuar de toma práctica.
El equipo de atención ambulatoria de tu hijo probablemente te pedirá que programes citas adicionales de terapia y psiquiatría por un período de tiempo. Esto es costoso y un dolor de cabeza logístico, sin embargo, querrás que sea otra persona quien evalúe la seguridad de tu hijo con regularidad, especialmente mientras se realizan los cambios de medicación.
Dar seguimiento a cualquier cambio
Una cosa que te ayudará a ti y a los doctores es comenzar un diario o bitácora. Esto requiere una cantidad ridícula de tiempo, pero hay una excelente razón para hacerlo. Cuando se está en una situación de carga emocional es difícil seguir el curso de la vida. Un registro crea una medición objetiva de lo que estamos viendo y con qué frecuencia lo estamos viendo. Además, cuando el instinto nos dice que algo va mal, o que tu hijo está empeorando en lugar de mejorar, es mucho más fácil para un médico comprender tus preocupaciones si le proporcionas datos reales.
Anota:
- Qué medicamentos está tomando y cuándo cambian las dosis. Si un nuevo efecto secundario aparece dentro de un mes, las probabilidades de recordar que ha aumentado la dosis hoy son muy escasas. Tú (y tu médico) podrían concluir erróneamente que tu hijo tiene algún síntoma nuevo y añadir otro medicamento. Por otro lado, un futuro médico podría querer probar un medicamento que tu hijo ya utilizó, y es útil tener un registro de lo que se probó y por qué se rechazó más tarde.
- Qué síntomas estás viendo y con qué frecuencia. Si tu hijo tiene crisis, registra cuántas, cuánto duran y cuán graves fueron. Toma nota de los antecedentes, los comportamientos y las consecuencias. ¿Existe un patrón? Si tu hijo tiene depresión, describe cuántas horas ha estado fuera de la cama cada día, cuándo reanuda sus actividades, cuánto tiempo puede poner atención a los proyectos, si tiene hambre o no, cualquier síntoma que pueda ser relevante.
- Cambios en la rutina y en los factores de estrés externos. Querrás poder averiguar si los cambios en el comportamiento se relacionan con eventos en su entorno. Ten en cuenta cualquier cambio importante en el horario escolar o en la estructura familiar, así como cuestiones menores como las discusiones con amistades o incluso las fechas del ciclo menstrual en el caso de las niñas.
- Las cosas que dice o hace tu hijo que te preocupan. Esto es especialmente útil si te cuesta transmitir al equipo de tratamiento el grado de volatilidad o apatía que estás viendo. A veces, la lectura de una visión narrativa de “un día en la vida” de tu hijo puede dar a los médicos una comprensión más rica de lo que está sucediendo en casa. Escribe los eventos y cita lo que dijo exactamente para compartir esta información con el terapeuta de tu hijo.
Cómo mantener seguro el hogar
El hospital probablemente no te dio una orientación sobre cuánta supervisión necesitará tu hijo al regresar a casa. Las cosas que necesitarás discutir con tu pareja y el equipo de tratamiento de tu hijo incluyen:
- ¿Cuánto tiempo se puede quedar a solas tu hijo?
- ¿Qué tan rápido puede reanudar sus actividades normales?
- ¿Están bien las visitas a las casas de amigos? (Puede que sea mejor organizar todas las visitas en tu casa al principio).
- ¿Cómo hacemos la transición para volver a los niveles anteriores de independencia?
Tal vez la cantidad de supervisión que se requiere te irrite tanto como a tu hijo. Necesitarás alternar el cuidado con tu pareja o conseguir amistades o familiares de confianza que te den un respiro. Por mucho que anheles una escapada de fin de semana, no es una buena idea mientras aún estás evaluando la estabilidad de tu hijo.
El hecho de que el regreso parezca interminable no lo hace interminable. Puedes superarlo si te calmas, averiguas cómo procesar tus propios sentimientos y buscas ayuda en el equipo de tratamiento de tu hijo.
Preguntas frecuentes
Anticipa que, al principio, la transición desde un hospital psiquiátrico a la casa podría ser un poco estresante para tu hijo, porque perderá la estructura que le brinda el hospital. Pero hazle saber que estás feliz de que esté en casa y que no esperas que todo sea perfecto. Trata de mantener la calma y recuerda que los retrocesos son normales.
Algunas herramientas para supervisar la transición de tu hijo del hospital a la casa incluyen tomar notas cada día acerca de su estado de ánimo y sus síntomas, las medicinas que toma y cualquier efecto secundario que presente, así como los incidentes que te preocupen. Si sientes que las cosas van mal, ese diario te puede dar una perspectiva más clara de la realidad. También te servirá para poder darle al médico de tu hijo un panorama más completo.
Es importante manejar tu propio estrés durante la transición de tu hijo desde el hospital psiquiátrico a la casa. Hacer ejercicio, pasar tiempo con tus amistades y hablar con tu terapeuta son cosas que te pueden ayudar a reducir tu ansiedad.
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