La separación traumática puede ocurrir cuando una niña o un niño se separa de su madre o padre de forma repentina, inesperada o como parte de un acontecimiento angustioso más amplio, como una guerra. Algunos ejemplos pueden ser la separación debido al encarcelamiento o la deportación de uno de los progenitores, o la pérdida de la patria potestad.
¿Qué es la separación traumática?
Los efectos negativos de la separación entre madres, padres e hijas o hijos y cómo las personas adultas pueden ofrecer apoyo.
Expertos clínicos: Caitlyn Downie, LCSW , Kimberly Alexander, PsyD , Dylan Gee, PhD
in EnglishPuntos clave
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La separación de un progenitor puede ser traumática para una niña o un niño por la forma en que ocurre (por ejemplo, si es repentina, confusa o forma parte de un acontecimiento perturbador más amplio), independientemente de cuánto dure.
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Los efectos de la separación traumática pueden manifestarse como problemas de sueño, ansiedad por separación o comportamientos regresivos, con señales que varían según la edad.
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Las personas adultas que se preocupan por la niña o el niño pueden desempeñar un papel crucial a la hora de ayudarles a afrontar la separación traumática. Por ejemplo, pueden crear consistencia y rutina, y dar ejemplo de formas saludables de manejar el estrés.
Quizás recuerdes haberte separado de tu mamá o papá de pequeño, aunque solo fuera por unos minutos. Tal vez los perdiste entre la multitud o te alejaste demasiado en la tienda y sentiste pánico y miedo.
Un momento como este puede estar entre tus primeros recuerdos porque la sensación fue muy intensa, dice Caitlyn Downie, LCSW, directora de trauma y resiliencia del Child Mind Institute. Eso nos da una idea del miedo que siente una niño o un niño de cualquier edad que se separa de su madre, padre o cuidador de una forma más grave. Los efectos de este estrés son tan fuertes que pueden llegar a cambiar su desarrollo.
Un niño pequeño cuya madre va a la cárcel (en inglés). Una niña de kínder cuyo padre es detenido y deportado (en inglés). Un adolescente que es colocado en un hogar de acogida. Estos son algunos ejemplos de lo que los expertos llaman separación traumática, un concepto clínico basado en la importancia del vínculo entre padres e hijos y los profundos efectos que puede tener romperlo.
La separación traumática no es un diagnóstico clínico, pero las investigaciones muestran que puede ser profundamente dañina para niñas y niños (en inglés). Lo que la hace traumática es el carácter de la separación: aquellas que son repentinas, inesperadas o confusas, o las que se producen a raíz de acontecimientos angustiosos de mayor envergadura, como un desastre natural o una guerra, a diferencia de las separaciones rutinarias, como cuando una persona adulta deja a su hija o hijo regularmente para ir a trabajar. No se define por el tiempo de la separación: tanto las separaciones a corto como a largo plazo pueden ser perjudiciales.
Algunos ejemplos comunes de separación que pueden llegar a ser traumáticos incluyen:
- La deportación de un progenitor
- La inmigración (p. ej., la separación forzosa en la frontera)
- El despliegue militar de un progenitor
- El encarcelamiento de un progenitor
- La privación de la patria potestad
Separarse de un progenitor o del cuidador principal puede ser angustioso para una niña o un niño incluso cuando se considera necesario para su seguridad, como en los casos en que el progenitor del que se ha ido ha abusado de ella o él (en inglés), dice Kimberly Alexander, PsyD, psicóloga del Child Mind Institute. “Sigue existiendo un vínculo natural. Y la separación rompe esa relación, aunque sea por el bien y el cuidado del niño o niña”.
¿Por qué es perjudicial la separación traumática?
Más de ocho décadas de investigación han demostrado la profunda importancia que tiene el vínculo entre progenitores e hijos para el desarrollo. Este es el principio rector de la teoría del apego (en inglés), impulsada por un psicólogo británico que estudió a niños que fueron evacuados durante el Blitz, el bombardeo aéreo de Londres en la Segunda Guerra Mundial.
Esto es lo que nos dice la investigación sobre los daños de la separación traumática:
Puede alterar el apego seguro
Piensa en el apego seguro como una “sensación fundamental de seguridad y protección” que una niña o niño siente con una madre, padre o cuidador, dice Dylan Gee, PhD en Psicología de la Universidad de Yale que estudia cómo el estrés en la primera infancia afecta al desarrollo de niñas y niños (en inglés).
“El apego es la lente a través de la cual las niñas y los niños llegan a saber qué pueden esperar del mundo que les rodea”, explica. “¿Va a ser este un lugar seguro o peligroso? Esto es fundamental para que la niña o niño tenga la sensación de poder desenvolverse en el mundo. Una separación traumática puede destrozar esa sensación de seguridad”.
Puede afectar al desarrollo neurobiológico
El cerebro de las niñas y los niños es especialmente plástico, dice la Dra. Gee, y está constantemente aprendiendo a entender su entorno y a lidiar con el estrés. “El trauma que ocurre en la infancia puede tener consecuencias aún más graves que el que ocurre más adelante en la vida”, dice, y experimentar estas perturbaciones en la infancia puede afectar a la forma en que tu cerebro y tu cuerpo están preparados para reaccionar ante el estrés más adelante.
Pero la mayor plasticidad es una paradoja, añade. “Conlleva más vulnerabilidad, pero también ofrece más potencial de resiliencia: las niñas y los niños tienen un mayor potencial para responder a intervenciones de apoyo y para la sanación y la recuperación”.
¿Cómo se manifiestan los efectos de una separación traumática?
Hay efectos agudos y a corto plazo que son comunes en niñas y niños de todas las edades:
Problemas de sueño: “Con frecuencia es una de las primeras cosas que vemos: pesadillas, dificultad para conciliar el sueño o mucho llanto mientras las niñas y los niños intentan dormirse”, dice la Dra. Gee.
Ansiedad por separación: Esto puede manifestarse como distracción, retraimiento o dependencia excesiva debido al miedo a separarse de sus nuevos cuidadores, explica la Dra. Alexander.
Pero las señales pueden tardar semanas o meses en aparecer. La Dra. Alexander aconseja a los cuidadores que tengan en cuenta el estado general de la niña o niño: sus patrones habituales de alimentación, sueño o interacción con los demás. “Si tienen más problemas para dormir, comen más o menos, se retraen o expresan muchos pensamientos de preocupación tres o cuatro meses después, eso es algo que merece la pena que lo revise un profesional clínico” dice.
Señales de separación traumática a diferentes edades
“A veces las personas preguntan: “Bueno, ¿cuándo es más dañina la separación?”. Puede ser extremadamente dañina a cualquier edad”, subraya la Dra. Gee. Pero hay señales específicas en diferentes etapas del desarrollo:
Bebés
Puede que los bebés no tengan tanta concientización sobre estar separados de un progenitor como los niños mayores, “pero saben, en el fondo, que les falta su principal fuente de regulación y seguridad”, dice la Dra. Gee. Como los bebés dependen tanto de sus cuidadores para el cuidado y la alimentación, la separación “puede vivirse como una amenaza para su supervivencia”. Eso puede manifestarse como “llorar mucho o volverse retraído”, dice. “Y a cualquier edad podemos ver un miedo intenso”.
Niños pequeños y preescolares (3–6)
Los niños pequeños y preescolares pueden volverse más dependientes de los nuevos cuidadores o mostrar comportamientos regresivos como mojar la cama o hablar como un bebé. Los comportamientos regresivos se producen cuando los niños se sienten abrumados por el estrés y no pueden expresarse de otra manera, dice Downie. “Es como si tu sistema nervioso se volviera un poco loco”, explica, “así que utiliza el cuerpo para indicar que algo va mal”.
Del mismo modo, los niños de esta edad pueden portarse mal, hacer más berrinches o encerrarse en sí mismos. Pueden desarrollar mutismo selectivo, una condición en la que los niños están demasiado ansiosos o angustiados para hablar, incluso cuando quieren hacerlo, en ciertas situaciones o con ciertas personas.
Niños en edad escolar
Los niños en edad escolar pueden portarse mal o experimentar ansiedad por separación. También pueden tener dificultades para entender el significado de la separación, por qué ocurrió o quién tiene la culpa. Por eso, los niños de esta edad son más propensos a tener pensamientos mágicos o distorsionados y sentimientos de culpa, pensando o diciendo cosas como: “Yo estoy causando esto” o “Esto es culpa mía”.
El peso de estos pensamientos distorsionados u otras preocupaciones, dice la Dra. Alexander, puede hacer que parezca que al niño le cuesta concentrarse o que está desconectado o distraído. Pueden aislarse en un grupo o mostrarse reacios a salir de su zona de confort.
Los niños en edad de escuela o mayores también pueden experimentar desensibilización emocional , una especie de vacío emocional, dice Downie, lo que puede manifestarse en picos de irritabilidad, falta de empatía, no sonreír ni expresar emociones positivas, o una incapacidad para relacionarse con los demás.
Preadolescentes y adolescentes
“He visto a adolescentes que desconfían mucho de los sistemas y se muestran muy rebeldes”, dice Downie. “Del tipo: “No confío en ti. No confío en mi maestro. No confío en este trabajador de servicios sociales””. Puede tener sentido que, por ejemplo, un adolescente en acogida desconfíe del sistema de acogida. Pero Downie dice que con frecuencia se trata de un instinto más amplio de ira y desconfianza, que va más allá de cualquier entidad o persona concreta.
La adolescencia es también la etapa en la que las y los jóvenes están forjando su identidad, y una separación traumática puede alterar de forma fundamental ese proceso (en inglés). Por ejemplo, un adolescente con hermanos menores puede asumir un papel parental (en inglés), cargando con nuevas preocupaciones y responsabilidades. Por el contrario, los adolescentes pueden volverse más imprudentes ante la ausencia de un cuidador, lo que los pone en riesgo de caer en el abuso de sustancias o de acabar en la cárcel.
Cómo ayudar a las niñas y niños separados de un progenitor
Las personas adultas que cuidan de una niña o un niño que ha sido separado de un progenitor, familiares, padres de acogida, profesores, “pueden desempeñar un papel fundamental a la hora de apoyar su salud mental y su resiliencia”, dice la Dra. Gee.
Valida sus sentimientos
Una de las cosas más importantes que pueden hacer los cuidadores es estar presentes mientras la niña o el niño reacciona a sus experiencias, especialmente si surgen sentimientos de miedo. Pero ten cuidado de no influir en los niños ni dar por sentado que se sienten de una determinada manera. “No quieres agravar algo que ya es angustiante para un niño si no es necesario”, dice Downie.
Si un niño expresa culpa o dice algo como “Esto es culpa mía”, aún hay formas de validar ese sentimiento sin respaldar la afirmación, dice la Dra. Alexander. Podrías decir algo como: “Entiendo por qué te viene ese pensamiento a la mente y lo difícil que es sentirte así. Cuando estés listo, pensemos en otras posibilidades para esta situación”.
Crea coherencia y estabilidad
Una de las cosas más difíciles de una separación traumática es la incertidumbre: ¿Dónde se han ido? ¿Cuándo volverán? ¿Qué está pasando? Dar a los niños cierta sensación de coherencia y estabilidad puede ayudarles a sentir seguridad a pesar de las incertidumbres. Así que, en la medida de lo posible, ayúdalos a mantener sus rutinas: ir a una escuela, ver a sus amistades, hacer actividades que les gusten.
La Dra. Alexander aconseja centrarse en las cosas que puedes controlar, por ejemplo, proteger a los niños de conversaciones que puedan preocuparlos en una familia donde uno de los padres ha sido deportado.
“Probablemente habrá muchas conversaciones en casa sobre la situación, tal vez vean mucho las noticias, tal vez hagan muchas llamadas a abogados”, explica. “Entonces, ¿dónde mantienes esas conversaciones? ¿Puedes hacerlo en un lugar o a una hora del día en la que tu hijo no las oiga fuera de contexto?”.
Con los niños pequeños, puede ser tan sencillo como pedirles que jueguen en su habitación. Con los adolescentes, quizá sea mejor tener ciertas conversaciones cuando estén fuera de casa e invitarlos a participar directamente en otras.
Sé sincero, pero tranquiliza
Puede que los cuidadores no tengan todas las respuestas, como saber cuándo va a volver el padre o la madre de un niño, pero también pueden crear una sensación de coherencia y estabilidad en cómo responden a las preguntas de los niños.
Evita las garantías excesivas (“Todo va a salir bien”) o las promesas exageradas (“Volverán en dos semanas”) centrándote en lo que los niños pueden esperar, dice la Dra. Gee. Por ejemplo: “Lo que te puedo decir es que estoy aquí para ti y voy a estar contigo hasta que él vuelva”, o “Estás a salvo conmigo y voy a quedarme contigo durante este momento tan difícil”.
Da ejemplo sobre cómo manejar el estrés
Las niñas y los niños son sensibles al tono de voz, dice la Dra. Alexander. “Así que, si estás experimentando emociones muy intensas que están fuera de contexto, la niña o el niño observa esas emociones e intenta entender qué está pasando. “¿Estoy en peligro en este momento concreto?””.
Ella dice que ayuda hablar sobre estos momentos, especialmente con los niños más pequeños. “Por ejemplo: “Sé que te has dado cuenta de que mamá estaba llorando. Estamos sintiendo sentimientos fuertes, y así es como vamos a lidiar con ellos. Voy a tomarme un descanso. Voy a beber un sorbo de agua. Cuando tengas sentimientos fuertes, quiero que me lo digas para que pueda ayudarte a intentar hacer lo mismo”, explica la Dra. Alexander, destacando la importancia de nombrar la emoción y luego enseñar a los niños que hay formas de lidiar con ella.
Riesgos a largo plazo de la separación traumática
Los efectos de la separación traumática pueden persistir incluso después de que la niña o el niño y su cuidador se hayan reunido. La separación traumática, al igual que otras experiencias adversas en la infancia, pone a niñas y niños en riesgo de experimentar una serie de problemas médicos y de salud mental a largo plazo, como depresión, ansiedad, problemas de atención y trastorno por estrés postraumático (TEPT).
Pero Downie señala que no todas las personas que viven una separación traumática desarrollan TEPT. “El hecho de que alguien esté viviendo un trauma ahora no significa que vaya a recibir un diagnóstico de TEPT”, dice. “Muchos de los comportamientos de los que hablamos son normales y previsibles. Hay un periodo de adaptación cuando se produce una separación”. Pero si los síntomas persisten o se agravan a lo largo de varios meses, es posible que la niña o el niño necesite un apoyo más serio.
Tratamiento para un diagnóstico de trauma
Aunque no todas las niñas y los niños que viven una separación reciben un diagnóstico de trauma o necesitan tratamiento, la terapia cognitivo-conductual (TCC), y la más específica terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma (TCC-CT), es el “estándar de referencia”, dice Downie. La TCC-CT está destinada específicamente a niñas y niños que experimentan síntomas relacionados con el trauma. Un componente importante de la TCC-CT es crear un relato del trauma, en el que niñas o niños construyen una historia sobre lo que pasó para ayudarles a procesarlo. “Pero si tu niña o niño no está listo para procesar e integrar ese trauma, no puedes forzar el ritmo del tratamiento”, dice.
En resumen, un buen profesional clínico seguirá el ritmo de la niña o el niño, aunque eso signifique solo sentarse en la misma habitación para generar confianza. “Las personas realmente necesitan sentir que se les escucha y que pueden confiar en alguien”, dice Downie. Por eso, un cuidador comprensivo o una persona adulta de confianza puede marcar una gran diferencia.
“Si hay algo que las personas puedan sacar en claro de todo esto, es que hay que hacer entender a niñas y niños que no son responsables de lo que ha pasado y que hay personas a quienes les preocupa su bienestar”, dice Downie. “Las niñas y los niños son muy resilientes y pueden adaptarse en un entorno lo suficientemente bueno. No necesitan tenerlo todo para salir adelante”.
Preguntas frecuentes
Aunque no todas las niñas y todos los niños experimentan un trauma, la separación entre progenitores e hijos puede ser profundamente perjudicial para la niña o el niño, lo que lo expone a un mayor riesgo de ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático (TEPT) y problemas de salud a largo plazo.
Entre las señales comunes de que una niña o un niño puede estar experimentando estrés extremo o un trauma tras separarse de uno de sus progenitores se incluyen problemas para dormir (por ejemplo, dormir más o menos de lo habitual) o ansiedad por separación (dependencia excesiva o retraimiento). Otras señales suelen variar según la edad.
Los cuidadores pueden ofrecer un apoyo fundamental a niñas y niños que han sido separados de uno de sus progenitores. Las personas adultas pueden ayudar a niñas y niños a sentir seguridad validando sus sentimientos, creando una sensación de estabilidad en el día a día y hablando con honestidad y tranquilidad, incluso cuando no tienen todas las respuestas.
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Referencias bibliográficas
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