Cómo terminar la terapia cuando no funciona
Si tu hijo no está progresando, ¿cómo puedes hacer la transición hacia otro tipo de tratamiento?
Expertos clínicos: Heather Bernstein, PsyD , Stephanie A. Lee, PsyD
in EnglishLo que aprenderá
- ¿Por qué es importante establecer desde el inicio objetivos de la terapia?
- ¿Cómo le puedes decir al terapeuta que no estás conforme con la terapia?
- ¿Cuál es el papel del terapeuta al momento de terminar la terapia?
Lectura rápida
Si la terapia de tu hijo es exitosa, el terapeuta y tú sabrán que ha llegado el momento de finalizarla cuando tu hijo esté mucho mejor. Establecer objetivos al inicio de la terapia es la mejor manera de saberlo. Las conversaciones frecuentes entre padres y terapeuta les ayudan a ambos a saber si la terapia va en la dirección correcta. Es bueno programar esas conversaciones una vez al mes, más o menos.
Es mejor tener el hábito de discutir lo que está funcionando y lo que no está funcionando bien. El terapeuta debe saber si no está observando buenos cambios o si no puede hacer que su plan funcione en casa. Y cuanta más información tenga el terapeuta, mejor podrá ayudar a tu hijo. Algo que puede facilitar esto es que le brindes ejemplos concretos de cómo está tu hijo. ¿Cuántos berrinches hace a la semana? ¿Cuántas veces se comporta de forma inapropiada en la escuela?
Si después de un tiempo de probar la terapia, tanto tú como el terapeuta piensan que las cosas no están mejorando, puede que sea el momento de probar otra cosa. Parte del trabajo de un terapeuta es saber cuándo las cosas no están funcionando. Entonces debería poder ayudarte a averiguar qué tipo de tratamiento habría que probar en su lugar. Puede que no consigan para ti al nuevo terapeuta ni programen la cita, pero al menos te deberían ayudar a averiguar cuál es tu siguiente paso.
Intenta no abandonar la terapia si las cosas no funcionan a la primera. Es bueno que tu hijo vea que para las cosas importantes tú lo sigues intentando.
Cuando un niño esté en terapia, lo ideal sería terminarla cuando se hayan alcanzado los objetivos del tratamiento. La ansiedad paralizante ha cesado. El niño ha vuelto a la escuela y a los juegos. Los estallidos y berrinches son mucho menos frecuentes. Sin importar cuáles sean los síntomas problemáticos, estos han disminuido. (Para obtener consejos sobre cómo terminar el tratamiento cuando se han alcanzado los objetivos, ve ¿Cuándo es el momento de terminar el tratamiento? Y para obtener información sobre cómo retirar la medicación a los niños de manera segura, lee Cómo retirar el medicamento a los niños).
Pero la terapia no siempre es exitosa. Y si tu hijo no está progresando con su terapeuta actual, es posible que tengas que intentar con algo diferente. ¿Cómo terminar la relación con un terapeuta sin que se sienta como una mala ruptura? ¿Cuál es tu papel, y el del terapeuta, en la transición hacia algo nuevo?
Evaluar los progresos con regularidad
La mejor manera de hacer menos difícil el final del tratamiento, de acuerdo con nuestros expertos, es hablar honestamente con el terapeuta desde el principio del tratamiento. Al inicio, es importante acordar los objetivos que esperas alcanzar con la terapia. Y, a medida que avanza el tratamiento, tiene que haber revisiones periódicas para hablar de los progresos de tu hijo. Estas revisiones deben estar integradas en el proceso, por ejemplo, cada mes, y no ser solo algo que ocurre cuando hay una crisis.
Para que las revisiones sean eficaces, los padres deben plantear con claridad las dudas y preocupaciones que tienen. ¿Dónde hay que mejorar más? ¿Dónde no está funcionando este proceso? “Si el padre no puede, por ejemplo, poner en práctica el plan de comportamiento que el terapeuta ha creado y que considera perfecto, entonces el plan no va a servir de nada”, explica Carolyn Moriarty, LCSW, trabajadora social clínica del Child Mind Institute. “El padre o la madre podrían decir: ‘Creo que es una gran idea. Pero no puedo hacerlo. No lo puedo sostener. No soy lo suficientemente constante. No funciona’”.
Puede que recibir esta información no sea una buena noticia, pero es fundamental que el terapeuta la escuche. A menudo, cuando una familia decide poner fin al tratamiento, el terapeuta se sorprende al escuchar preocupaciones y problemas que desconocía, y saber esas cosas antes le habrían sido muy útiles para entender mejor al niño y a la familia.
“Siempre es útil para el terapeuta tener más información”, añade Heather Bernstein, PsyD, psicóloga clínica del Child Mind Institute. Y es bueno no posponer compartirla. “Si la familia está pensando en suspender la terapia para el niño y lleva un tiempo sintiéndose así, los niños también lo van a sentir. Ciertamente, si los padres dudan del tratamiento, es difícil que eso no se filtre y afecte el compromiso del niño”.
Iniciar la conversación
Si tienes dudas o sientes frustración, hablar de esto puede llevar a conversaciones fructíferas, ya sea que conduzcan a dejar el tratamiento o a entender mejor por qué sería bueno continuar.
“No verás progresos cada vez que tu hijo tenga una cita de terapia”, dice Stephanie Lee, PsyD, directora del Centro para el TDAH y trastornos del comportamiento del Child Mind Institute. “Pero creo que si la tendencia no va en la dirección correcta, definitivamente vale la pena revisar tus objetivos, o revisar la frecuencia y la dosis del tratamiento, el estilo de tratamiento, para asegurarte de que realmente estás consiguiendo satisfacer las necesidades de tu hijo”.
“A veces los padres piensan: ‘No sé qué está obteniendo mi hijo de esto’, o ‘no sé si yo, como padre o madre, estoy aprendiendo mucho. ¿Será que ya terminamos?”, dice Rachel Busman, PsyD, directora del Centro para trastornos de ansiedad del Child Mind Institute. “Cuando eso sucede, definitivamente hay que hablar con el profesional clínico”.
A veces los padres evitan discutir la posibilidad de cambiar o terminar el tratamiento porque no quieren herir los sentimientos del terapeuta. Pero los terapeutas deben ser capaces de escuchar información incómoda y estar abiertos a la posibilidad de que un niño necesite algún tipo de atención que ellos no pueden ofrecer.
“Una gran parte de la terapia consiste en poder decir las cosas incómodas que están sucediendo”, observa Moriarty. “Además, como terapeutas tenemos que tener apertura (y creo que la mayoría la tenemos) hacia la idea de que no podemos ser todo para todos. Y que puede haber una mejor adaptación con un terapeuta diferente para tu hijo o para tu familia. Y eso está perfectamente bien”.
Una cosa que puede ayudar a los padres a plantear sus preocupaciones de forma más cómoda es hablar de resultados que se pueden medir, señala la Dra. Lee. “Creo que tratar de usar datos objetivos para exponer tus puntos puede ser realmente poderoso y ayuda a los padres a sentir que no es algo personal. No se trata de decir: ‘No me gusta su estilo’, sino más bien: ‘No estoy viendo los resultados que busco en cuanto al número de berrinches por semana’. Sigue siendo un número muy alto’”.
O puedes aportar informes objetivos de la escuela. Por ejemplo: “Creo que quizá tengamos que cambiar de rumbo, porque seguimos teniendo muchas interrupciones cuando la maestra intenta hacer esto en la escuela”.
Cuando el profesional clínico piensa que el tratamiento no está funcionando
A veces es el profesional clínico quien piensa que el tratamiento no está funcionando y la familia necesita recurrir a un método diferente. Puede ser una conversación difícil, señala la Dra. Bernstein, pero es responsabilidad del profesional clínico recomendar el tratamiento que cree que será más beneficioso.
Esto puede ser difícil para el terapeuta, señala. “Puede que el niño esté a gusto contigo y tengan una muy buena relación, pero si no le puedes proporcionar el tratamiento que necesita, y no estás haciendo las cosas que le recomiendas (solo viene a sus sesiones contigo), no le estás brindando una buena atención al simplemente mantener el ciclo”.
Otra razón por la que un profesional clínico podría pensar que el tratamiento actual no debería continuar es cuando tu idea de cómo debe funcionar una terapia y la de la de la familia del paciente son diferentes. Si, por ejemplo, el comportamiento del niño es un problema, los padres podrían querer una terapia individual, pero el profesional clínico podría considerar que es necesario trabajar con los padres, señala la Dra. Busman. “Puede que haya cosas que no van a cambiar sin una participación significativa de los padres. A veces el profesional clínico tiene que decir: ‘No voy a poder ayudarles a menos que formen parte de este trabajo’”.
Hablar del seguimiento
Cuando la terapia termina, el papel del terapeuta es guiar a la familia hacia un tratamiento alternativo, opinan nuestros expertos. Hay veces en que el niño necesita un nivel más alto de atención, como un tratamiento hospitalario, o una forma más especializada o intensiva de tratamiento, y el terapeuta podría hacer esa recomendación y guiar a la familia hacia la forma de encontrarlo.
“El trabajo del terapeuta no es encontrar a la otra persona y asegurarse de que la familia está totalmente arropada por un terapeuta perfecto —señala la Dra. Bernstein— sino ayudarles en el proceso”.
Por ejemplo, si un niño tiene síntomas de un trastorno del estado de ánimo y no está progresando con la terapia cognitivo-conductual o TCC, el terapeuta podría recomendar un programa de terapia dialéctico-conductual (DBT), pero tal vez no tenga la capacitación para llevarla a cabo. “Entonces, el siguiente paso es que la familia siga esa recomendación de tratamiento”, añade la Dra. Bernstein.
Nuestros expertos hacen hincapié en que los padres no se desanimen ni se rindan si su primer intento de atención para su hijo no funciona. “Es posible que tu primer intento no sea el adecuado y que tengas que seguir adelante”, dice la Dra. Lee. Dale el ejemplo a tu hijo de que es importante persistir en la búsqueda de ayuda. Que si no obtienen ayuda de la primera persona a la que acudieron, habrá otra o que encontrarás a alguien que sí tenga la experiencia que necesitan. La terapia es un proceso. Como cualquier otro servicio médico, encontrar la vía adecuada puede requerir un tiempo”.
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