Una mamá nos escribió para preguntar cómo ayudar a su hija de 10 años, que se preocupa mucho por “malos pensamientos”.

A veces estos pensamientos son malos porque son crueles: un amigo de la familia es “gordo” o “está arrugado”. A veces son sexuales: ella se imagina a un compañero desnudo. O violentos: ella cree que quiere matar a su madre. Tienen una cosa en común: ella siente la necesidad de confesar todos estos pensamientos a su mamá, que se pregunta qué está pasando.

Es un escenario que escuchamos mucho: un niño de repente está desesperado por confesar pensamientos perturbadores. Un niño de 9 años notó el escote de su profesora y se siente culpable por ello. Como su papá escribe: “Cuanto más trata de controlar los pensamientos, más vienen”. Se preocupa en voz alta de que podría haber algo malo en él, y le pide que le confirme que él está bien. Una y otra vez.

Los niños pueden sentirse muy molestos por estos pensamientos, aunque, por supuesto, no todos se sienten obligados a compartirlos con sus padres. Pero cuando lo hacen, la confesión constante y las peticiones de que les reconfirmen, también pueden ser estresantes para los padres.

¿Por qué los niños se preocupan por los “malos pensamientos” y sienten la necesidad de confesarlos? ¿Y qué puede hacer usted como padre para ayudarlos?

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¿Qué dice este pensamiento sobre mí?

Jerry Bubrick, un psicólogo clínico en el Child Mind Institute, nos recuerda que todos tenemos pensamientos al azar que creemos, al igual que lo hacen estos niños, que son malos. Podemos pensar, ¡Wao, eso fue cruel, o extraño, o inapropiado! Y luego lo desechamos. No los expresamos, ni hacemos nada al respecto y rápidamente los olvidamos.



En contraste, el Dr. Bubrick dice, los niños pueden enfadarse cuando estos pensamientos ordinariamente fugaces se “atascan” y no pueden desecharlos y seguir adelante. En lugar de reconocer los malos pensamientos como algo sin sentido, los niños se sienten responsables de ellos.


“Estos niños se valoran así mismo basados en los pensamientos que tienen”, explica el Dr. Bubrick. Así que piensan, “Debe haber algo malo en mí para que tenga ese pensamiento. O, debo ser una persona horrible si tengo ese pensamiento”.

El Dr. Bubrick lo llama “sobre-responsabilidad de pensamiento” –los niños literalmente se sienten responsables de sus pensamientos, en lugar de dejarlos ir. “Y es por eso que los niños se sienten obligados a confesar. Están pidiendo reconfirmación a los padres, para que los padres digan: ‘Sí, está bien. No te preocupes por eso’”, añade. “Eso calma el miedo: Está bien, no soy una mala persona”.

¿Por qué algunos pensamientos se quedan atascados?

Los pensamientos a menudo son impulsados ​​por estados emocionales, señala el Dr. Bubrick. Por ejemplo, “cuando estoy feliz, es más probable que tenga pensamientos felices, y cuando tengo miedo, es más probable que tenga pensamientos de miedo. Cuando tengo hambre, es más probable que tenga pensamientos acerca de la comida”. Cuando nos sentimos frustrados o enojados, todos podemos identificarnos con imaginar que le suceden cosas malas a la persona que se interpone en nuestro camino.



Pero la mayoría de nosotros no nos alarmamos o nos autocriticamos basándonos solamente en nuestros pensamientos, lo que importa son las acciones que tomamos. Tener una fijación en pensamientos “atascados” puede ser un síntoma de ansiedad, no importa si es solo una personalidad ansiosa o un trastorno de ansiedad completo.

Lo que los niños consideran “malo” depende de la cultura y de lo que les han enseñado. En las familias religiosas, por ejemplo, los niños se preocupan por los “malos pensamientos” que piensan que podrían ofender a Dios. Los pensamientos sexuales frecuentemente perturbadores para los varones, especialmente antes de que la pubertad haga que hablar de sexualidad sea algo común entre sus compañeros adolescentes. Las preocupaciones acerca de querer matar a la gente son sorprendentemente comunes en los niños pequeños. Rachel Busman, psicóloga clínica del Child Mind Institute, trató a una niña de 10 años que sentía que necesitaba sentarse sobre sus manos porque pensaba en estrangular a alguien.

Los niños que se sienten obligados a confesar y pedir reconfirmación por lo general tienen menos de 12 años, señala el Dr. Bubrick. “Los niños mayores tienden a no decirles a los padres lo que están pensando, me imagino, porque los pensamientos son más oscuros o más atemorizadores. Son más sexualizados o son más violentos”.

¿Cómo podemos ayudar a los niños a manejar los ‘malos pensamientos’?

El objetivo es simple: ayudar a los niños a reconocer que sus pensamientos son sólo pensamientos.

“Sólo porque usted tenga un pensamiento —ya sea un pensamiento bueno o malo— no lo convierte en verdad”, explica el Dr. Bubrick. “Un mal pensamiento no te hace una mala persona, sólo significa que estás teniendo ese pensamiento”.

Ese es el mensaje que los médicos utilizan cuando tratan a niños con trastornos de ansiedad usando la terapia cognitivo-conductual. A los niños se les enseña a identificar sus pensamientos obsesivos como algo separado de ellos mismos —como un “acosador del cerebro”, como dice el Dr. Bubrick. “Cuando los pensamientos se atascan en nuestra mente, es como si nos hostigaran para pensar que son más importantes de lo que son”, añade el Dr. Busman.

“Buscar reconfirmación es una manera de aliviar la angustia o la ansiedad”, dice. “Y funciona por el momento”. Pero la única manera de detener el ciclo de quedarse atascado en pensamientos intrusivos y pedir reconfirmación es aprender a tolerar la angustia sin confesar y ver que la ansiedad se desvanecerá.

Si los malos pensamientos realmente se convierten en un problema para un niño –si continúan, si causan gran angustia o interfieren con el desempeño del niño, puede ser una señal de un trastorno de ansiedad subyacente que merece ayuda profesional.

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