La ansiedad académica es una forma de ansiedad provocada específicamente por las exigencias escolares, como exámenes, presentaciones o tareas. A diferencia del estrés cotidiano, puede interferir en la capacidad de aprendizaje y desarrollo de los niños.
Ansiedad académica: cuando la escuela causa demasiado estrés
Cómo saber si el estrés escolar es señal de un trastorno de ansiedad, TDAH u otra cosa.
Experto clínico: Kenneth Schuster, PsyD
in EnglishPuntos clave
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La escuela es motivo de estrés para todas las personas en algún momento, pero esa sensación debería desaparecer una vez que terminan los exámenes o los proyectos. Si persiste, puede ser señal de un trastorno de ansiedad.
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La ansiedad académica se puede manifestar en forma de dolores de estómago y crisis emocionales, o a través de una conducta perfeccionista, en la que se dedica demasiado tiempo a las tareas o a rehacer el trabajo.
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Dado que la ansiedad académica con frecuencia se sobrepone con trastornos como el TDAH y trastornos del aprendizaje, puede ser difícil saber qué está pasando realmente. Comprender la raíz del problema permite averiguar cómo ayudar.
Para muchos niños, la escuela trae consigo una dosis de estrés diario: un examen difícil, una presentación delante de la clase o la presión de terminar un trabajo importante. Ese tipo de estrés es normal. Pero en algunos casos, el estrés relacionado con la escuela se puede convertir en algo más agotador y perturbador. Si no se trata, puede afectar gravemente el bienestar y rendimiento de los niños.
Ken Schuster, PsyD, neuropsicólogo del Child Mind Institute, ha visto de primera mano cómo los factores de estrés en la escuela pueden conducir a una ansiedad grave. Los niños pasan la mayor parte del tiempo en la escuela, por lo que no es de extrañar que sea el centro de su atención y preocupaciones. “La ansiedad académica no es un diagnóstico clínico en sí mismo”, explica. “En realidad, es la ansiedad que se desencadena por las exigencias escolares. En algunos casos, ese desencadenante es tan poderoso que perturba la capacidad de aprendizaje y desarrollo de los niños”.
¿Qué es la ansiedad académica?
“Todas las personas sentimos estrés a veces”, dice el Dr. Schuster. “Es parte de la vida. La diferencia clave es si desaparece una vez que el evento estresante ha terminado”. Un examen puede causar nerviosismo, pero una vez que ha terminado, la ansiedad debería disminuir. “Si no es así, si un niño o niña deja de dormir, evita ir a la escuela, tiene crisis por las tareas o no puede disfrutar del tiempo que pasa con sus amistades, es cuando empezamos a pensar en un trastorno de ansiedad”, dice.
Dado que el estrés escolar puede desencadenar diferentes tipos de ansiedad, los profesionales clínicos analizan qué trastorno de ansiedad específico se ajusta mejor a los síntomas que manifiesta el niño o niña. Una preocupación constante pero indefinida se podría diagnosticar como trastorno de ansiedad generalizada. El perfeccionismo extremo (como borrar tantas veces que se hace un agujero en el papel) puede ser indicador de TOC. Si el miedo se centra en situaciones donde está en juego el rendimiento (como leer en voz alta o hablar en clase), puede ser que el trastorno de ansiedad social sea lo que encaje mejor. Los niños que experimentan taquicardia, dificultad para respirar o sienten que se podrían desmayar antes de un examen podrían cumplir los criterios del trastorno de pánico. El objetivo es averiguar cómo se manifiesta la ansiedad y si está interfiriendo en la vida cotidiana.
¿El estrés por la escuela está empeorando y se ha generalizado? Los niños siempre se han preocupado por la escuela, pero el Dr. Schuster dice que actualmente los niños se enfrentan a retos adicionales. Cada vez hay más estudiantes que compiten por un lugar en escuelas selectivas, tanto privadas como públicas, y por supuesto en universidades, y la presión por cursar asignaturas avanzadas comienza antes. Además, están las redes sociales, que amplifican la sensación de que todas las demás personas lo están haciendo mejor. “Cuando yo buscaba universidades en la década de los noventa, era un proceso personal con mi familia y mi consejero”, dice el Dr. Schuster. “Ahora los estudiantes revisan TikTok y ven a otros estudiantes comparando sus puntajes en los exámenes y tasas de aceptación. Esa lupa puede hacer que la presión se sienta mucho más intensa”.
Síntomas a los que prestar atención
El estrés escolar no se manifiesta de la misma manera en cada estudiante, pero hay algunos patrones comunes que pueden detectar padres y maestros:
- Molestias físicas: Dolores de cabeza, dolores de estómago o náuseas antes de ir a la escuela o de presentar exámenes.
- Evitación: Negarse a ir a la escuela, faltar a clases o posponer las tareas.
- Dependencia o crisis emocionales: los niños más pequeños se podrían aferrar a sus padres al dejarlos en la escuela o tener crisis emocionales a la hora de hacer las tareas.
- Estudio obsesivo o perfeccionismo: dedicar un tiempo excesivo a las tareas, o reescribir y prepararse en exceso.
- Dificultad para concentrarse: problemas para mantener la atención en clases o al realizar las tareas, debido a la aceleración de pensamientos.
Cambios en el sueño y el apetito: dormir mal, comer en exceso para sentirse mejor o perder el apetito por completo.
El Dr. Schuster señala que los síntomas pueden aparecer en otros contextos además de la escuela. “Los dolores de estómago, las crisis emocionales, el comportamiento obsesivo… no son exclusivos del estrés escolar. Lo que marca la diferencia es el factor desencadenante. Si se trata de las tareas escolares, es a eso a lo que nos enfrentamos”.
Diagnóstico: Distinguir la ansiedad de otros problemas
Debido a que la ansiedad académica suele coincidir con otras condiciones, puede ser difícil saber qué es lo que está pasando realmente. El TDAH y los trastornos del aprendizaje coexisten frecuentemente con la ansiedad, y uno puede ocultar al otro. Por ejemplo, “una niña podría parecer ansiosa, pero a veces esa ansiedad proviene de sus dificultades con la lectura o las matemáticas”, explica el Dr. Schuster. “O viceversa: la ansiedad en sí misma podría afectar la atención”. Por lo general, para aclarar si es lo uno o lo otro se requiere realizar una evaluación completa. Esto podría implicar conversaciones con los padres, los maestros y el niño o niña, además de aplicar cuestionarios y, en ocasiones, pruebas académicas formales. El objetivo, dice el Dr. Schuster, es siempre el mismo. “Queremos responder a la pregunta del “porqué”. ¿Esta ansiedad tiene su origen en un trastorno del aprendizaje? ¿Forma parte de un problema de ansiedad más amplio? ¿O está relacionada con el rendimiento? Saberlo nos indica cómo ayudar”. Él enfatiza que estas evaluaciones no se tratan de etiquetar a los niños, sino de abrir las puertas hacia el apoyo adecuado. “Cuanto antes entendamos lo que está pasando, antes podremos enfocar la ayuda que realmente necesita un niño o niña”.
Consecuencias de la ansiedad académica no tratada
La ansiedad académica tiende a aumentar cuando no es tratada. A corto plazo, los niños se podrían resistir a ir a una escuela, no participar en clase o desconectarse por completo del aprendizaje. “Podrían llegar a creer que son incapaces o que no son inteligentes”, afirma el Dr. Schuster. Con el tiempo, la ansiedad constante puede afectar el sueño, la concentración, el apetito y la autoestima. “Imagina sentirte bajo estrés ocho horas al día, cinco días a la semana, nueve meses al año”, dice. “Es agotador. Y puede derivar en otras formas de ansiedad y depresión”.
La ansiedad académica no tratada también puede erosionar la relación de los estudiantes con una escuela. “Si cada día es como una batalla, los niños dejan de conectar con el aprendizaje. Esa pérdida de confianza puede durar años”, advierte el Dr. Schuster. Por eso es importante la intervención temprana. Reconocer el problema y buscar ayuda puede evitar una espiral descendente que afecte tanto el éxito académico como la salud emocional.
Opciones de tratamiento
La buena noticia es que la ansiedad académica es muy tratable. Los enfoques más eficaces se basan en la terapia, pero también pueden incluir el desarrollo de habilidades y, en algunos casos, la medicación.
- Terapia cognitivo-conductual (TCC): Enseña a los niños a reconocer los pensamientos ansiosos y sustituirlos por otros más realistas. “‘Si no obtengo un sobresaliente, pasará algo terrible’, se podría convertir en ‘una calificación no me define’”, explica el Dr. Schuster.
- Terapia de exposición: Una forma gradual de enfrentarse a los temores hasta que dejen de atemorizar tanto. Puede empezar simplemente por hablar de una situación que causa ansiedad en un entorno seguro, luego pasar a representarla, y finalmente, a practicarla en la vida real hasta que resulte manejable (por ejemplo, hacer que una niña responda deliberadamente de forma incorrecta frente a otras personas en una terapia de grupo).
- Estrategias de estudio: “A veces, la solución es más práctica”, dice el Dr. Schuster. “Si tu forma de estudiar no es eficaz, es lógico que sientas ansiedad al enfrentarte a un examen. Cambiar el enfoque puede reducir mucho el estrés”.
- Medicación: Se utiliza con precaución y, por lo general, junto con la terapia si la ansiedad es grave y persistente.
“No existe una solución única para todos los casos”, afirma el Dr. Schuster. “Averiguamos qué es lo que provoca la ansiedad y luego utilizamos la combinación adecuada de herramientas”.
Cómo pueden ayudar los padres
Los padres están en primera línea y su respuesta puede marcar una gran diferencia. El paso más importante es simplemente hablar sobre ello. “No lo escondas bajo la alfombra y esperes a que desaparezca”, aconseja el Dr. Schuster. “Valida lo que está experimentando tu hijo o hija y hazle saber que es real”.
- No refuerces la evitación: Permitir que los niños falten a la escuela empeora la ansiedad.
- Divide las tareas en pasos más pequeños: Brinda ayuda para que aprendan a abordar los proyectos poco a poco.
- Céntrate en el esfuerzo, no en la perfección: Elogia la perseverancia, no solo las calificaciones.
- Manténte en contacto con sus maestros: Haz un seguimiento de cómo se manifiesta la ansiedad en la escuela.
- Busca ayuda si es necesario: Un consejero o profesional clínico puede proporcionar apoyo adicional.
“Un error común es pensar: “Si mi hija siente tanta angustia, quizá sea mejor que le permita quedarse en casa””, dice el Dr. Schuster. “Eso solo empeora las cosas. La evitación refuerza la ansiedad”.
El papel de los maestros y las escuelas
Los maestros y las escuelas pueden ser aliados poderosos para ayudar a los niños a manejar la ansiedad académica. Incluso pequeños cambios en el aula pueden aligerar la carga:
- Dar instrucciones claras y repetidas.
- Crear oportunidades seguras para que los niños hagan preguntas.
- Establecer rutinas predecibles que reduzcan la incertidumbre.
A veces, los niños necesitan un apoyo más formal. Los planes de la Sección 504 y los Programas de Educación Individualizados (IEP) son documentos legales que garantizan que los niños con ansiedad significativa o desafíos del aprendizaje obtengan lo que necesitan. Un plan 504 suele requerir un diagnóstico y cubre adaptaciones como tiempo adicional o una sala más tranquila al realizar exámenes. Un IEP es más completo y puede incluir servicios como asesoramiento semanal o enseñanza en grupos pequeños. Ambos requieren una evaluación, aunque algunas escuelas ofrecen apoyo a corto plazo antes de que se finalicen los planes formales.
La ansiedad académica puede ser abrumadora tanto para los niños como para las familias. Pero también es muy tratable con el reconocimiento y el apoyo adecuados. “Lo más importante —subraya el Dr. Schuster— es no restar importancia a lo que están pasando los niños. Sus sentimientos son reales. Cuando los reconocemos, los validamos y les damos herramientas para afrontarlos, los preparamos no solo para tener éxito en la escuela, sino para prosperar en la vida”.
Preguntas frecuentes
El estrés escolar normal, como sentir nerviosismo antes de un examen, es temporal. Cuando termina el examen, la sensación de estrés desaparece. La ansiedad académica es más persistente y perturbadora, y puede dificultar que los niños asistan a la escuela, se concentren en clase o completen las tareas.
La ansiedad académica no tratada puede provocar rechazo escolar, falta de concentración, baja autoestima, problemas de sueño y apetito, o incluso ansiedad o depresión.
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