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¿Cómo se relacionan la autolesión y el suicidio?

La intención es diferente, aunque uno puede conducir al otro.

Este es un extracto de Healing Self-Injury: A Compassionate Guide for Parents and Other Loved Ones (en inglés), de Janis Whitlock, PhD, y Elizabeth Lloyd-Richardson, PhD.

No es inusual que los jóvenes que están enfrentando sentimientos dolorosos se involucren en comportamientos de autolesión: acciones como cortarse, quemarse o arañarse hasta sangrar. Saber que un niño tiene la intención de hacerse daño es muy doloroso para los padres, y a muchos les preocupa que las autolesiones sean una señal de que su hijo es suicida.

Las autolesiones y los comportamientos suicidas (imaginar, planificar o intentar el suicidio) están relacionados, pero la relación entre los dos es confusa. Debido a que pueden lucir similares, puede ser muy difícil distinguirlas. Pero hay diferencias importantes tanto en la intención como en el riesgo. Prácticamente en todos los casos se recurre a la autolesión para sentirse mejor, en lugar de para intentar acabar con la propia vida. En efecto, algunas personas que se autolesionan tienen claro que eso les ayuda a evitar el suicidio. De hecho, el término técnico para autolesión es autolesión no suicida (NSSI, por sus siglas en inglés).

Diferencias

La autolesión y el suicidio difieren en múltiples aspectos, incluidos:

La intención: La intención de la autolesión es casi siempre sentirse mejor, mientras que en el caso del suicidio es acabar con los sentimientos por completo (y, por tanto, con la vida).

El método utilizado: Los métodos para autolesionarse generalmente solo causan daño en la superficie del cuerpo. Los comportamientos relacionados con el suicidio son mucho más letales. Principalmente, es muy poco común que los individuos que practican la autolesión y que también son suicidas identifiquen los mismos métodos para cada propósito.

Nivel de daño y letalidad: La autolesión suelen llevarse a cabo con métodos dirigidos a hacer daño al cuerpo, pero no para herirlo lo suficiente como para requerir tratamiento o acabar con la vida. Los intentos de suicidio suelen ser más letales que los métodos típicos de NSSI.

Frecuencia: La autolesión suele utilizarse de forma regular o continua para manejar el estrés y otras emociones. Los comportamientos relacionados con el suicidio son mucho más infrecuentes.

Nivel de dolor psicológico: El nivel de angustia psicológica que se experimenta en la autolesión suele ser significativamente menor que el que conduce a pensamientos y comportamientos suicidas. Además, la autolesión tiende a reducir la agitación en muchos de quienes recurren a ella y, en el caso de las personas que han considerado el suicidio, se utiliza muchas veces como una forma de evitar el intento de suicidio.

Presencia de constricción cognitiva: La constricción cognitiva es un pensamiento en blanco y negro: ver las cosas como todo o nada, como buenas o malas, o de una manera u otra. Permite muy poca ambigüedad. Los individuos con tendencias suicidas suelen experimentar una gran constricción cognitiva. La intensidad de la constricción cognitiva es menos grave en los individuos que utilizan la autolesión como mecanismo de afrontamiento.

Consecuencias: Aunque la muerte no intencionada puede ocurrir con la autolesión, no es común. Las consecuencias de un incidente típico de autolesión consisten en una mejoría a corto plazo en la sensación de bienestar y en el funcionamiento. Las secuelas de un acto o intento de suicidio son precisamente lo contrario.

Factores comunes de riesgo

A pesar de las diferencias y la intención, los pensamientos y comportamientos suicidas y las autolesiones comparten factores de riesgo comunes. Algunos de ellos incluyen:

  • Alta sensibilidad emocional.
  • Una historia de trauma, abuso o estrés crónico.
  • Emoción extrema o carencia de emoción.
  • Una tendencia a reprimir las emociones junto con pocos mecanismos eficaces para afrontar el estrés emocional.
  • Sentimientos de aislamiento (esto puede ser invisible en personas que parecen tener muchos amigos/conexiones).
  • Un historial de abuso de alcohol o sustancias.

Debido a estos factores de riesgo comunes, es importante saber que los jóvenes que se autolesionan están en un mayor riesgo de desarrollar tendencias suicidas. Nuestro trabajo muestra que alrededor del 65 por ciento de los jóvenes que se autolesionan tendrán tendencias suicidas en algún momento (aunque muchos no pasarán de solamente tener pensamientos suicidas). Para muchos, la autolesión se utiliza sola o en combinación con otros comportamientos como una manera de mantener en un nivel manejable la angustia emocional o la desconexión.

Aunque los pensamientos y comportamientos suicidas pueden ocurrir antes de que se recurra a la autolesión, en la mayoría de los casos, los pensamientos y comportamientos suicidas coinciden con el inicio de la autolesión o aparecen después. También es importante tener en cuenta que solo el 36 por ciento de los adultos que se autolesionan en los Estados Unidos declararon haber tenido alguna vez pensamientos o tendencias suicidas mientras se autolesionaban, lo que significa que la mayoría de los individuos que se autolesionan nunca se han sentido suicidas mientras se autolesionaban.

Reducción de la inhibición suicida

Aunque las autolesiones no provocan el suicidio, la otra cosa importante que hay que saber sobre la relación entre las autolesiones y el suicidio es que el hecho de autolesionarse reduce la inhibición ante un comportamiento suicida, en el caso de que alguien se vuelva suicida. En otras palabras, el hecho de haber “practicado” la lesión del cuerpo en repetidas ocasiones en realidad hace que sea más fácil lesionarse con intención suicida.

Otros factores que pueden poner a alguien en mayor riesgo de pasar de la autolesión al suicidio incluyen:

  • Mayor conflicto familiar y mala relación con los padres.
  • Más de 20 incidentes de NSSI en la vida.
  • Angustia psicológica en los últimos 30 días.
  • Una historia de trauma emocional o sexual.
  • Aumento en los sentimientos de desesperanza.
  • Identificación de odio a sí mismo, deseo de querer sentir algo o utilización de las autolesiones para practicar o evitar el suicidio.
  • Alto nivel de impulsividad y participación en conductas de riesgo.
  • Uso de sustancias.
  • Diagnóstico de trastorno depresivo mayor o TDM o de TEPT.

Estos factores de riesgo pueden estar presentes de manera individual o agrupados. Cuantos más de ellos tenga su hijo, mayor será su riesgo de tener, al menos, pensamientos suicidas (lo que se conoce como “ideación suicida”).

Algo especialmente importante que debe saber es que uno de los factores de protección más poderosos para evitar el paso de la autolesión al suicidio es un sentimiento de conexión con los padres. De hecho, la consistencia con la que aparecen los padres en nuestros estudios como fuentes de apoyo importantes para sus hijos es una de las razones por las que escribimos este libro.

Janis Whitlock, PhD, es la fundadora y directora del Cornell Research Program sobre autolesiones y recuperación. Elizabeth E. Lloyd-Richardson, PhD, es profesora asociada de psicología en la University of Massachusetts, en Dartmouth. Este artículo es un extracto de Healing Self-Injury: A Compassionate Guide for Parents and Other Loved Ones (en inglés), de Oxford University Press.

La última revisión de este artículo se realizó el 14 de octubre de 2022.