Cómo motivar a su hijo adolescente a buscar tratamiento

Incluso cuando los adolescentes o los adultos jóvenes están dispuestos a considerar el tratamiento, no es raro que se sientan indecisos o inseguros. Pueden pensar que el problema “no es tan grave” o que no hay necesidad de un tratamiento formal. Un joven puede pensar que la ayuda se necesita sólo para la parte de la salud mental, como la ansiedad, pero no para los problemas de abuso de sustancias. En algunos casos, puede ser reacio a probar el tratamiento por temor a que se interponga en el camino de la escuela, el trabajo, los deportes u otras actividades. El estigma relacionado con el tratamiento también puede ser un factor que contribuya a esta resistencia.

Entonces, ¿cómo puede convencer a su hijo o hija para que intente un tratamiento?

Prepárese antes de sentarse a conversar sobre este importante tema. Las siguientes pautas pueden ayudar:

  • Haga un esfuerzo para ver los asuntos desde el punto de vista de su hijo. ¿Cómo beneficiará el tratamiento a su hijo o hija? ¿Se sentirá más saludable? ¿Tendrá más éxito en la escuela, el trabajo o los deportes? ¿Irá a la universidad de sus sueños? ¿Qué es lo que su hijo verá como la desventaja del tratamiento? ¿Tendrá problemas para socializar sin sustancias? ¿Tendrá que renunciar a ciertos amigos? Reconocer tanto los aspectos positivos como los no tan positivos de participar en el tratamiento puede ayudar a que la conversación sea más fluida.
  • Determine qué es importante para su hijo y enmarque la conversación. Por ejemplo, algunos adolescentes son reacios a hablar sobre el consumo de sustancias, pero pueden sentirse más cómodos hablando sobre su problema de salud mental, como la depresión o la ansiedad. Si este es el caso, hable sobre cómo obtener ayuda para el área en la que están dispuestos a trabajar. Hable con el equipo de tratamiento que elija sobre cómo incluir otras preocupaciones.
  • Haga su tarea y esté preparado con las opciones de tratamiento. Investigue programas para encontrar los que sean adecuados para su hijo. Si es posible, es conveniente que ofrezca opciones para que su hijo pueda tomar su propia decisión en lugar de que le digan lo que tiene que hacer. Para algunos adolescentes, comenzar por una “consulta” con un consejero es menos amenazante que hablar de un tratamiento a largo plazo.
  • Use un “gancho” motivacional. Destacar lo que su adolescente o joven adulto puede ganar a raíz del tratamiento (por ejemplo, mejor sueño, mayor autoestima, menos estrés) probablemente será mejor recibido que hablar sobre las sustancias a las que hay que renunciar. Algunos padres utilizan incentivos vinculados a algo que el joven desea como una forma de lograr que se comprometan con el tratamiento. Por ejemplo, se podría decir algo como: “Si completas ocho sesiones ambulatorias, podemos hablar de conseguir el videojuego que quieres”.
  • Considere los intentos anteriores. Si los intentos anteriores de sugerir un tratamiento no han funcionado como se había planeado, tómese un tiempo para considerar por qué la discusión no salió bien. ¿Qué no funcionó? ¿Qué cambios habría que hacer? ¿Fue la discusión demasiado larga? ¿Fue un mal momento? ¿Qué se interpuso en el camino? Trate de incorporar lo que ha aprendido para que esto funcione más fácilmente, incluyendo el momento de la conversación, un tono de voz colaborativo, la provisión de opciones e incentivos.
  • Considere también los obstáculos para el tratamiento. ¿Cubre su seguro el costo del tratamiento simultáneo? ¿Puede asumir los costos que no están cubiertos? ¿Será un problema el transporte de ida y vuelta al tratamiento? ¿Su hijo podrá mantenerse al día con la escuela? Analice estos asuntos antes de hablar con su hijo.
  • Practique lo que quiere decir. Una vez que haya reunido la información relevante sugerida anteriormente, puede ser útil escribir lo que quiere decirle. A medida que escriba, piense en cómo podría responder su hijo.

Una nota sobre el consentimiento requerido para el tratamiento

Si su hijo es menor de 18 años, puede suponer que su consentimiento es suficiente para iniciar el tratamiento; sin embargo, es posible que no sea así. Las leyes de los Estados varían considerablemente en cuanto a la edad de consentimiento, que en algunos casos puede ser tan baja como los 12 años de edad. Además, quién puede dar su consentimiento puede cambiar dependiendo de si el programa de tratamiento es para la salud mental o el abuso de sustancias y si el centro es ambulatorio u hospitalario. A menudo no hay orientación en situaciones en que los padres y el niño no están de acuerdo, dejando que los tribunales se encarguen de resolverlo.

Si su hijo se niega a dar su consentimiento, pedir a otros miembros de la familia o amigos que intervengan puede ayudar, especialmente si hay alguien en quien su hijo confía y a quien respeta. Algunos padres recurren a organizaciones educativas o religiosas para animar a los jóvenes a que se sometan al tratamiento, aunque las investigaciones demuestran que es más probable que los resultados sean positivos si su hijo acepta el tratamiento voluntariamente.

Alternativas al tratamiento

Si su hijo se niega rotundamente a buscar tratamiento, puede que haya otras alternativas saludables a considerar mientras tanto. La meditación de conciencia plena, por ejemplo, es una forma eficaz para que muchas personas disminuyan el uso de drogas y alcohol, y también se ha demostrado que ayuda con la depresión, la ansiedad y otros trastornos de salud mental.

El ejercicio es otra estrategia útil. Puede valer la pena pagar una membresía a un gimnasio o clases de yoga o danza. ¿Le interesa la música a su hijo? Las clases de guitarra o de canto pueden ser una gran diversión y una excelente manera de aumentar la confianza y la autoestima.

Hay varias formas en que los adolescentes pueden obtener ayuda y apoyo, incluso si no están listos para hacer cambios significativos a largo plazo. Un acuerdo para experimentar con la abstinencia o para reducir su consumo de sustancias mediante la participación en actividades más saludables puede considerarse una gran victoria que a menudo conduce a mayores cambios.

Cómo abordar las situaciones de crisis

Llame al 911 inmediatamente si le preocupa que su hijo sea violento o pueda tener una sobredosis o un suicidio. Informe al personal de respuesta que su hijo está teniendo una emergencia de salud mental con tantos detalles como sea posible para que puedan estar preparados cuando lleguen. También puede llamar a la red nacional de prevención del suicidio al 1-800.273.8255. La línea directa gratuita está disponible las 24 horas del día.

  • Algunos estados ofrecen servicios de respuesta móvil que responden las 24 horas del día, los siete días de la semana, proporcionando ayuda en su casa para evaluar a su hijo y ayudar a calmar la situación. Además, los servicios incluyen asesoramiento de apoyo y derivaciones a servicios de salud mental comunitarios, que suelen ser gratuitos.
  • Puede considerar la posibilidad de llevar a su hijo a la sala de emergencias o al centro de crisis más cercano, pero sólo si puede hacerlo de manera segura. Si es posible, llame y avise a la sala de emergencias cuando salga, para que estén preparados cuando llegue. Si cree que no puede conducir, pida recomendaciones sobre lo que debe hacer a continuación. No transporte a un joven en contra de su voluntad.

Situaciones que no son de emergencia

Si cree que su hijo no está en peligro inmediato, pero sí necesita ayuda, puede que haya varias opciones a considerar dependiendo de los servicios disponibles en su estado o comunidad. Las siguientes sugerencias pueden ayudarle a determinar el mejor curso de acción:

  • Si su hijo tiene un terapeuta o equipo de tratamiento (por ejemplo, psiquiatra, terapeuta, enfermera, etc.), ellos deben ser el primer punto de contacto. Las personas que conocen la historia de su hijo están en una buena posición para ayudarle a determinar el siguiente paso.
  • Llame al centro de crisis de salud mental de su comunidad local, el cual puede ser encontrado usando una búsqueda en Internet. Los servicios específicos varían mucho según el estado o el condado, pero la mayoría ofrece tratamiento ambulatorio especializado para los jóvenes. El personal suele incluir un equipo de profesionales de salud mental, como psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales y enfermeras.

Independientemente de a quién le llame, el primer paso es una evaluación o un examen. A continuación, el equipo se esforzará por comprender las necesidades de su hijo y por considerar varias alternativas de tratamiento.