Desde un niño pequeño que no puede escoger con cuál juguete quiere jugar, hasta un estudiante de último año de high school eligiendo una universidad, los niños de todas las edades deben tomar decisiones. Mientras que algunas decisiones pueden parecer fáciles para los adultos, éstas pueden requerir habilidades que el niño todavía no ha desarrollado. Y a medida que los niños crecen, las decisiones se van haciendo más importantes y más complicadas.

Por eso es importante ayudar a los niños a desarrollar su capacidad de toma de decisiones desde pequeños dándoles muchas oportunidades para practicar de un modo apropiado para su desarrollo. Nuestros expertos indican cómo ofrecerles andamios adecuados (página en inglés) cuando lo necesiten, y cuándo dejarlos que ejerciten sus músculos de toma de decisiones por sí mismos.

Empiece lo antes posible… incluso los niños pequeños pueden tomar decisiones

“Empiece enseñando a su hijo pequeño cómo tomar decisiones al darle dos opciones que usted considere buenas opciones para que seleccione”, dice Grace Berman, LCSW, trabajadora social clínica del Child Mind Institute. “Por ejemplo, déjelos que decidan si quieren ponerse los zapatos rojos o azules, o deles dos opciones para elegir en el menú de un restaurante”.

Esto no significa que los niños deben tener las riendas sueltas y tomar todas las decisiones que quieran (no todo requiere opciones). Continúe estableciendo límites y restricciones, pero deles opciones y flexibilidad dentro de esos parámetros. Por ejemplo, pueden elegir qué tipo de fruta les gustaría como refrigerio, pero no pueden tomar la decisión de comer dulces todo el día.

“A medida que crecen, indique las opciones diarias de las que le gustaría que su hijo se hiciera responsable”, aconseja Berman. “Haga una lista y trabaje con su hijo para transferir la responsabilidad a su hijo. Cuantas más decisiones puedan tomar los niños, más práctica tendrán.“

Modele su proceso de toma de decisiones

Cuando somos adultos, estamos tan acostumbrados a tomar decisiones que no podemos pensar en el proceso por el que pasamos para llegar a ellas. Por eso, pensar en voz alta cuando esté tomando decisiones, desde qué hacer para la cena hasta dónde ir de vacaciones, puede ayudar a los niños a entender cómo está llegando a ellas. ¿Cuáles son sus alternativas? ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de cada una?

El siguiente paso es involucrar a sus hijos en un diálogo sobre las decisiones que los afectan. Por ejemplo: la decisión de asistir a la fiesta de cumpleaños de un compañero de clase en lugar de ir a la casa de otro amigo. Pregúntele a su hijo las razones del porqué sí debería ir a la fiesta y por qué no. Pero luego discuta cómo se sentiría el niño del cumpleaños si se enterara de que su hijo decidió no ir a la fiesta para jugar con un amigo. Cuanto antes pueda ayudarlo a pensar en cómo sus decisiones pueden afectar a los demás, mejor.

“Es muy importante incluir a los niños en esas conversaciones porque usted estará modelando una serie de habilidades realmente buenas”, dice Rachel Busman, PsyD, psicóloga clínica del Child Mind Institute. “También estará transmitiendo que los pensamientos y las opiniones de su hijo son importantes, y que hay muchos factores que contribuyen a la toma de decisiones”.

Cuando modele la toma de decisiones, enfóquese en las preguntas básicas que le pueden ayudar a su hijo a procesar toda la información que necesitará:

  1. ¿Qué decisión debo tomar?
  2. ¿Cuáles son mis opciones, incluyendo las menos preferidas?
  3. ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de cada opción?
  4. ¿Hay alguna regla (política escolar, hora de llegada, etc.) que debo considerar al tomar mi decisión?
  5. ¿Cómo afectará esta decisión a los demás?
  6. ¿Qué me dice mi instinto?
  7. ¿Cómo me hace sentir esa decisión?
  8. ¿Cuál es mi plan B?

Ofrezca un andamiaje conforme van aprendiendo

Cuando se les permite a los niños tomar sus propias decisiones, todavía se les puede proporcionar apoyo para facilitarles las cosas.

“Si el niño está preocupado por lo que debe ponerse todas las mañanas, puede ser por la ansiedad”, explica Berman. “Si ese es el caso, entonces es realmente útil no tomar las decisiones por ellos. Necesitan practicar el desarrollo de esa habilidad. Deles dos opciones y sea paciente para que tengan tiempo de tomar una buena decisión. Luego elógielos cuando tomen la decisión, especialmente si lo hacen rápido, así se refuerza ese comportamiento”.

También, ayude a su hijo a entender que algunas decisiones son más importantes que otras, y a veces es importante practicar la toma de decisiones rápidas. Por ejemplo, no importa si eligen los palitos de pollo o los espaguetis para el almuerzo de hoy, pero es más importante que decidan rápidamente para no llegar tarde a su próxima actividad. Les gustan ambas opciones y pueden comer la otra para el almuerzo de mañana.

Cuándo dar un paso atrás

Una vez que se sienta seguro de que puede confiar en su hijo para tomar una decisión, puede retroceder un poco. Las decisiones pequeñas, como qué tipo de helado comprar o a quién invitar a una cita de juegos, son un buen comienzo. Pero no dude en dejarlo tomar algunas decisiones un poco más grandes una vez que haya demostrado que es capaz de tomar decisiones más pequeñas. Por ejemplo:

  • Permítale escoger su propia ropa, siempre y cuando sea apropiada para el clima.
  • Déjelo que escoja qué libros le gustaría leer.
  • Pídale que decida cómo le gustaría celebrar su cumpleaños.

A veces puede ser difícil alejarse, pero es importante transmitir su confianza en sus crecientes habilidades. Al hacer esto, no sólo está ayudando a su hijo a practicar la toma de decisiones, sino que también lo está ayudando a formar su carácter permitiéndole desarrollar las cualidades que todos los buenos tomadores de decisiones comparten, incluyendo:

“Si les damos oportunidades de tomar sus propias decisiones, entonces sabrán qué hacer cuando se enfrenten a los problemas más grandes porque ya saben qué hacer”. dice la Dra. Busman. “Cuando lo busquen para pedirle ayuda de qué hacer con respecto a una cierta decisión, pregúnteles si realmente necesitan su ayuda y anímelos a tomar la decisión por sí mismos. Luego, pueden conversar sobre ello. Pero para decisiones más grandes, diga: ‘Me alegro mucho de que hayas acudido a mí. Esta parece ser una decisión mediana o importante. Este es el tipo de cosas en las que deberías acudir a mí para que podamos hablar de ello”.

Niños más grandes, decisiones más grandes

A medida que los preadolescentes y los adolescentes buscan su independencia, también comenzarán a enfrentarse a las decisiones más importantes, las cuales pueden requerir negociación y compromiso. La Dra. Busman da el ejemplo de una adolescente que pasaba horas haciendo sus tareas y peleaba frecuentemente con su madre por los quehaceres. En lugar de decirle cómo remediar estos problemas, la Dra. Busman trabajó con ella para identificar por qué estaba luchando y cómo tomar mejores decisiones.

“Le pregunté: ‘¿Cómo te está yendo con tus tareas? ¿Estás contenta? –La Dra. Busman explica. –Admitió que no le estaba yendo bien y discutimos qué es lo que le impide completar su tarea más rápido. Me enteré de que sus problemas se debían a la postergación, así que hicimos un plan para evitarla, que incluía la toma de decisiones sobre cuándo y cómo emplear su tiempo”.

Las peleas con su madre también fueron sobre su postergación, su madre le pedía que guardara su ropa sucia, pero ella la postergaba. Ella y la Dra. Busman discutieron cómo podría negociar con su madre al decidir lo que su madre consideraría razonable y qué consecuencias deberían existir. En lugar de pelear, aprendió a comprometerse, a tomar decisiones meditadas y a hacerse responsable de un acuerdo.

Otras decisiones mayores que los niños enfrentan, como seguir a sus amigos incluso cuando se sienten incómodos o tomar decisiones sobre la universidad con base a las preferencias de otras personas, se podrían beneficiar de un diálogo similar. Ayúdelos a decidir si les está funcionando y luego trabajen juntos para crear un plan.

Déjelos que tomen malas decisiones, y que aprendan de ellas

No siempre debe intervenir si ve que su hijo toma una mala decisión, los niños a menudo aprenden más de sus errores. Mientras sea una situación segura, déjelos tomar la mala decisión. Pero también considere cuándo pueden aprender más si usted interviene. Es un buen equilibrio entre dejar que los niños aprendan y rescatarlos cuando sea necesario.

Por ejemplo, no rescate a su hijo si:

  • Le gustaría ponerse ropa ridícula para ir a la escuela. Mientras sea apropiada para el clima, déjelo. Si se burlan de ellos, es posible que elijan no volver a hacerlo.
  • Elige jugar un videojuego antes de la práctica de fútbol y no tiene suficiente tiempo para prepararse. Si llegan al campo sin su camiseta, no se la lleve.
  • Quieren gastar el dinero de su mesada en un juguete que se rompe fácilmente o que se vuelve rápidamente aburrido.
  • Prefiere pasar el tiempo hablando con sus amigos en lugar de estudiar para un examen.

Una vez que hayan experimentado las consecuencias, ayúdelo a aprender de ellas. Mantenga la calma, evite culparlos y ayúdelos a examinar y a aprender de los errores. Incluso si se arrepienten de la elección que hicieron, trabaje para construir su confianza en la toma de decisiones.

“Valide sus emociones y qué no funcionó como esperaban”, aconseja la Dra. Busman. “Los padres a veces quieren proteger a sus hijos de las emociones difíciles, pero esos sentimientos dolorosos nos brindan retroalimentación que nos ayudan a tomar las decisiones correctas. No son peligrosos. Tenemos que dejar que los niños experimenten las consecuencias de las malas decisiones y trabajar a través de ellas. Así es como vamos a ayudar a nuestros hijos a convertirse en adultos en el mundo”.