Una manera de manejar la ira de una niña o un niño es mantener la calma cuando ella o él pierda el control. Cuando tú controlas tus emociones, les das el ejemplo. Le puedes brindar elogios cuando exprese sus sentimientos tranquilamente y cuando se calme después de una explosión de ira. Las personas adultas que son seguras calmadas y consistentes ayudan a las niñas y los niños a desarrollar las habilidades necesarias para regular su comportamiento.
Furia infantil: Cómo lidiar con la conducta explosiva
Cómo responder cuando una niña o niño arremete con violencia.
Expertos clínicos: Vasco Lopes, PsyD , Marc Shuldiner, PsyD
in EnglishPuntos clave
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El enojo en niñas o niños suele tener su origen en la dificultad para manejar la frustración, así como en la falta de habilidades para la resolución de problemas. Condiciones como TDAH, ansiedad o autismo pueden contribuir a ello.
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Tratar de mantener la calma, evitar ceder a las demandas y elogiar las expresiones emocionales adecuadas es lo que se aconseja habitualmente a madres y padres.
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Enseñar a niñas y niños habilidades para la resolución de problemas e identificar qué los desencadena también puede ayudar a reducir la ira.
Cuando una niña o niño, incluso de corta edad, pierde el control y se comporta con agresividad, puede representar un riesgo grave para su persona o para otras, incluyendo su familia.
No es inusual que quienes tienen problemas para manejar sus emociones pierdan el control y dirijan su angustia hacia sus cuidadores, gritando y maldiciendo, lanzando objetos peligrosos o golpeando y mordiendo. Puede ser una experiencia aterradora y estresante para ti y también para tu hija o hijo. Una vez que se han agotado y calmado por lo general se arrepienten.
Entonces, ¿qué deberías hacer?
Ayuda comprender primero que el comportamiento es una forma de comunicación. Una niña o niño que cuando se abruma reacciona con violencia es una niña o niño que está experimentando mucha angustia. Durante la infancia no se cuenta todavía con la habilidad para manejar nuestros sentimientos y expresarlos de una manera más madura, y puede que niñas y niños no tengan las habilidades verbales, de control de impulsos o de resolución de problemas.
Hay madres y padres que consideran este tipo de comportamiento explosivo como manipulación. Pero, por lo general, las niñas y los niños que reaccionan con violencia no pueden manejar su frustración o ira de una manera más efectiva (por ejemplo, hablando y pensando cómo lograr lo que quieren).
Sin embargo, la manera en que las personas adultas reaccionamos ante un estallido de ira de una niña o niño determina si a futuro seguirá respondiendo a la angustia de la misma manera o aprenderá mejores formas de manejar sus sentimientos para que no se vuelvan abrumadores.
Técnicas conductuales para el manejo de la ira
Estos son algunos consejos prácticos para ayudar a niñas y niños a aprender técnicas que les ayuden a regular sus emociones:
- Mantén la calma. Cuando nos enfrentamos a la furia de una niña o niño es fácil perder el control y gritarle. Pero cuando gritas, tienes menos posibilidad de comunicarte con ella o él. En su lugar, lo que logras es que aumente su agresividad y comportamiento desafiante. Por difícil que sea, si logras mantener la calma y controlar tus propias emociones, puedes servir de ejemplo para tu hija o hijo y enseñarle a hacer lo mismo.
- No te rindas. No promuevas que mantenga su comportamiento, al aceptar eso que quiere para lograr que se detenga.
- Elogia el comportamiento apropiado. Una vez que tu hija o hijo haya recuperado la calma, elógiale por recobrar la compostura. Y cuando trate de expresar sus sentimientos de forma verbal y calmada, o trate de llegar a un acuerdo en un área de discrepancia, también reconoce de forma positiva esos esfuerzos.
- Ayúdale a practicar las habilidades de resolución de problemas. Cuando no siente enojo es el momento adecuado para ayudar a tu hija o hijo a comunicar sus sentimientos y proponer soluciones a conflictos antes de que se intensifiquen en estallidos agresivos. Le puedes preguntar cómo se siente y cómo cree que podría solucionar un problema.
- Sistemas de tiempos fuera y de recompensas. Los tiempos fuera por mal comportamiento no violento pueden funcionar bien en niñas y niños menores de 7 u 8 años. Cuando uses tiempos fuera, procura aplicarlos de manera consistente y equilibrarlos con otras formas de atención más positivas. Si tu hija o hijo es demasiado mayor para los tiempos fuera, quizá quieras probar un sistema de refuerzo positivo por conducta apropiada (puntos o fichas que puede acumular para obtener algo que quiere).
- Evita los factores desencadenantes. Vasco Lopes, PsyD, psicólogo clínico, dice que para una gran parte de las niñas y los niños que tienen estallidos emocionales frecuentes, estos se presentan en momentos predecibles, como a la hora de hacer las tareas, la hora de acostarse o cuando es momento de dejar de jugar, ya sea con Legos o Xbox. El factor detonante suele ser que se les pide hacer algo que no les gusta o que dejen de hacer algo que sí le gusta. Las advertencias de tiempo (“nos vamos en 10 minutos”), dividir las tareas en instrucciones de un paso (“primero, ponte los zapatos”) y prepararles para determinadas situaciones (“por favor, pide permiso antes de levantarte de la mesa de la abuela”) pueden ayudar a evitar las crisis emocionales.
¿Qué tipo de berrinche es?
La manera de responder ante un berrinche depende de su intensidad. La primera regla para manejar las rabietas no violentas es ignorarlas lo más frecuentemente posible, ya que incluso la atención negativa, como decirle a tu hija o hijo que se detenga, podría alentarla.
Pero cuando una niña o un niño comienza a pasar al plano físico, no se recomienda ignorar la situación, ya que podría lastimarse o lastimar a otras personas. En esta situación, el Dr. Lopes aconseja poner a la niña o el niño en un ambiente seguro donde no tenga acceso a ti o a ninguna otra posible recompensa.
Quienes critican los tiempos fuera sostienen que pueden resultar emocionalmente aislantes para niñas y niños, pero las investigaciones muestran que son eficaces y no les causan daño (en inglés). Si quieres conocer más sobre el debate en torno a los tiempos fuera, lee nuestro artículo completo sobre el tema. De cualquier manera, es muy importante utilizarlos solo como una herramienta dentro de una crianza afectuosa y de apoyo. Procura equilibrar los tiempos fuera con mucho reconocimiento de las conductas positivas. También es importante manejar tu propio estrés para que niñas y niños puedan aprender a regular sus emociones a partir de tu ejemplo.
Si se trata de una niña o niño de corta edad (de 7 años o menor), trata de que se siente en una silla de tiempo fuera. Si no se queda en la silla, haz que vaya a un área tranquila donde se pueda calmar por su cuenta sin nadie más en la habitación. De nuevo, para que este enfoque funcione, no debe haber ningún juguete ni juego en el área que pueda ser gratificante.
Tu hija o hijo debería permanecer en esa habitación durante un minuto y calmarse antes de que le permitas salir, y regresar a la silla de tiempo fuera si no es el caso. El Dr. Lopes explica que “lo que esto hace es darle a tu hija o hijo una consecuencia inmediata y consistente por su agresión y elimina todo acceso a cosas gratificantes en su ambiente”.
Si tienes una hija o hijo de mayor edad que está teniendo un comportamiento agresivo y no le puedes llevar a un área aislada para que se calme, el Dr. Lopes aconseja que te alejes. Esto asegura que tu hija o hijo no obtenga ninguna atención o refuerzo de tu parte y también mantiene tu seguridad. En casos extremos, puede que sea necesario llamar al 911 para garantizar tu seguridad y la de tu hija o hijo.
Ayuda con técnicas conductuales
Si tu hija o hijo está teniendo muchas reacciones violentas, lo suficiente como para que te asustes con frecuencia y perturbe a la familia, es importante obtener ayuda profesional. Hay buenas terapias conductuales que les pueden ayudar tanto a ti como a tu hija o hijo a superar la agresión, aliviar su estrés y mejorar su relación. Tú puedes aprender técnicas para manejar este comportamiento con mayor efectividad, y tu hija o hijo puede aprender a detener su mal comportamiento y disfrutar de una relación mucho más positiva contigo.
- Terapia de interacción padres-hijos (PCTI). La terapia de interacción padres-hijos ha demostrado ser muy útil con niñas y niños entre 2 y 7 años. Madres y padres y la hija o el hijo trabajan conjuntamente a través de una serie de ejercicios, mientras un terapeuta guía a madres y madres a través de un auricular. Con este método aprendes a prestar más atención a la conducta positiva de tu hija o hijo, ignorar los malos comportamientos menores y ofrecer consecuencias consistentes para la conducta negativa y agresiva, todo ello sin perder la calma.
- Capacitación en el manejo del comportamiento para padres (PMT). La PMT enseña técnicas similares a la PCIT, aunque la terapia se enfoca más en el trabajo con madres y padres que con la hija o el hijo.
- Soluciones proactivas y colaborativas (CPS). CPS es un programa que se basa en la idea de que la conducta explosiva o el mal comportamiento es consecuencia de un retraso en las habilidades, en lugar de, por ejemplo, un intento de obtener atención o probar los límites. La idea es enseñar a niñas y niños las habilidades de las que carecen para que puedan responder a una situación en una forma más efectiva que con una rabieta.
Descifrar la conducta explosiva
Los berrinches y las crisis emocionales son especialmente inquietantes cuando ocurren con mayor frecuencia, mayor intensidad o después de la edad en la que se esperan para su nivel de desarrollo, (esos terribles dos años y durante la edad preescolar). A medida que la niña o el niño crece, la agresión se vuelve cada vez más peligrosa para ti y para la niña y o el niño. Además, se puede convertir en un gran problema en la escuela y también con las amistades.
Si tu hija o hijo tiene un patrón de reacciones violentas puede ser debido a un problema subyacente que necesita tratamiento. Algunas razones posibles para la conducta agresiva incluyen:
- TDAH: Niñas y niños que tienen el trastorno por déficit de atención con hiperactividad o TDAH se frustran con facilidad, especialmente en ciertas situaciones, como cuando se supone que deben hacer tarea o ir a la cama.
- Ansiedad: Una niña o niño con ansiedad puede mantener sus preocupaciones en secreto, luego reaccionar con enojo cuando las exigencias en la escuela o en casa generan una presión que no puede manejar. Es común que quienes se logran contener en la escuela terminen desbordándose con una o ambas figuras cuidadoras en casa.
- Discapacidades del aprendizaje no diagnosticadas: Cuando tu hija o hijo tiene arranques de furia repetidamente en la escuela o durante el momento de hacer las tareas, puede ser porque el trabajo le resulta demasiado difícil.
- Problemas del procesamiento sensorial: Hay niñas y niños que tienen problemas al procesar la información que están captando a través de sus sentidos. Cosas como demasiado ruido, multitudes e incluso ropa que “pica” les puede causar ansiedad, incomodidad o agobio. Eso puede conducir a acciones desconcertantes, incluida la agresión.
- Autismo: Niñas y niños con el trastorno del espectro autista suelen tener tendencia a crisis emocionales cuando experimentan frustración o se enfrentan a un cambio inesperado. También suelen tener problemas sensoriales que les causan angustia y agitación.
Debido a que hay tantas causas posibles para los estallidos emocionales y la agresión, contar con un diagnóstico preciso es clave para obtener la ayuda que necesitas. Puede que quieras comenzar con tu pediatra, quien puede descartar causas médicas y referirte con un especialista en caso necesario. Especialistas en psicología o psiquiatría infantil con capacitación y experiencia pueden identificar posibles problemas subyacentes.
Cuando los planes de conducta no son suficientes
Las y los profesionales coinciden en que, mientras antes se trate a una niña o niño, mejor. Pero, ¿qué pasa en el caso de niñas y niños mayores (aunque a veces también en su primera infancia), quienes representan un peligro para su propia seguridad o la de otras personas, cuando las técnicas conductuales no son suficientes para mantener su seguridad?
- Medicación. La medicación para las condiciones subyacentes, como el TDAH y la ansiedad puede facilitar que tu hija o hijo participe mejor en el proceso de aprendizaje. Niñas y niños con problemas graves de conducta suelen recibir tratamiento con medicamentos antipsicóticos como Risperdal o Abilify. Pero estos medicamentos se deben acompañar con técnicas conductuales.
- Zonas de contención. La capacitación para madres y padres puede, de hecho, incluir aprender cómo usar zonas de contención seguras para proteger tanto a tu hija o hijo como a ti y evitar situaciones de riesgo.
- Entornos residenciales. Puede que niñas y niños que tienen conductas extremadamente graves necesiten pasar tiempo en un centro residencial de tratamiento, y a veces, pero no siempre, en un entorno hospitalario. Allí, se les brinda tratamiento conductual y y puede que también tratamiento farmacéutico. Los internados terapéuticos ofrecen estructura y acompañamiento de forma continua, las 24 horas del día, los siete días de la semana. La meta es que la niña o el niño desarrolle mayores habilidades de autocontrol para que pueda regresar a casa con herramientas que le ayuden a relacionarse de manera más adecuada tanto contigo como con las demás personas.
- Tratamiento diurno. Con el tratamiento diurno, una niña o niño que tiene problemas de conducta extremos sigue viviendo en su casa, pero asiste a una escuela que tiene un plan de conducta estricto. Estas escuelas deberían tener personal con capacitación para manejar con seguridad situaciones de crisis.
Niñas y niños con conductas explosivas necesitan personas adultas serenas y seguras
Aprender a manejar conductas agresivas mediante estrategias conductuales puede ser un reto para madres y padres, pero para muchas niñas y niños puede marcar una gran diferencia. Las personas adultas que se comportan con seguridad, calma y consistencia les pueden ayudar con mucho éxito a desarrollar las habilidades que necesitan para manejar el enojo y regular su comportamiento.
Esto puede requerir más paciencia y disposición para probar técnicas diferentes que las que podrías necesitar con una niña o niño que se desarrolla de forma típica, pero cuando el resultado es una mejor relación y un hogar más feliz, bien vale la pena el esfuerzo.
Preguntas frecuentes
En la terapia de interacción padres-hijos, un terapeuta le enseña a las y los cuidadores cómo prestar más atención a los comportamientos positivos, ignorar los malos comportamientos menores y proporcionar consecuencias consistentes para la conducta negativa y agresiva, siempre manteniendo la calma. Otros tipos de terapia se centran también en enseñar a madres y padres cómo ser ejemplos de estabilidad emocional.
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