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Cómo la pubertad precoz afecta la salud mental de los niños

Consejos para apoyar a niños durante una transición complicada.

Escrito por: Jessica Souza

Expertos clínicos: Sandra L. Whitehouse, PhD , Paul Mitrani, MD, PhD

La pubertad es una etapa de transición intensa para todos los niños y adolescentes, pero puede ser especialmente difícil para los niños de menor edad que experimentan una pubertad precoz.

La pubertad precoz, también llamada pubertad temprana, es cuando el cuerpo de un niño comienza a madurar a una edad inusualmente temprana (por lo general antes de los 8 años en el caso de las niñas y de los 9 años en el caso de los niños). Hasta hace poco, la edad media de la pubertad era de 11 años para las niñas y de 12 años para los niños, pero ahora muchos expertos consideran normal cualquier edad a partir de los 8 o 9 años. Los expertos citan muchas causas posibles de la pubertad precoz, como la genética, la nutrición y/o la obesidad, los estímulos ambientales y el trauma. La pubertad precoz puede causar angustia emocional y aumentar los riesgos de tener problemas de salud mental como ansiedad y depresión.

Muchos estudios (en inglés) indican que la edad media del inicio de la pubertad en Estados Unidos está descendiendo. Dado que más y más niños están madurando antes de lo esperado, es importante que los padres comprendan los cambios emocionales que conlleva la pubertad y cómo ayudar a los niños a desarrollar habilidades de afrontamiento para prevenir efectos negativos a largo plazo.

¿Qué hace que la pubertad precoz sea difícil?

Los niños que experimentan una pubertad precoz pueden atravesar por cambios físicos y mentales antes de contar con la suficiente madurez emocional como para manejarlos. Sandra L. Whitehouse, PhD, psicóloga clínica del Child Mind Institute, lo explica así: “Los niños que experimentan una pubertad precoz no tienen el funcionamiento ejecutivo ni el autocontrol que les permita manejar sus sentimientos intensos. Es como un automóvil en el cual el acelerador está apretado a fondo, pero los niños no pueden alcanzar los frenos ni el volante”.

Además de las transiciones físicas que acompañan la pubertad, también se producen cambios emocionales y sociales. Los niños púberes empiezan a pensar en su identidad: quiénes son, qué les gusta, quiénes les atraen. Pueden tener sentimientos abrumadores, estar de mal humor y tener crisis. La relación con sus padres se puede volver tensa.

En esta etapa del desarrollo es común querer encajar de manera desesperada con los compañeros. Paul Mitrani, Md, PhD, psiquiatra de niños y adolescentes del Child Mind Institute, dice que es posible que los niños se sientan incómodos porque su cuerpo está cambiando antes que el de sus compañeros. “Es una etapa en la que realmente quieres ser como tus amigos, y si no puedes serlo, eso puede causar mucho más estrés”.

Los niños que experimentan una pubertad precoz pueden ser víctimas de bullying o de acoso sexual (especialmente las niñas). Puede que también se encuentren con que algunas personas piensan que son más grandes de lo que realmente son, lo que puede conducir a expectativas poco realistas sobre su comportamiento y al riesgo de una exposición temprana a comportamientos que requieren mayor madurez como la actividad sexual y el consumo de drogas.

“Cuando alguien asume que eres mayor de lo que eres, te ves expuesto a cosas diferentes y es posible que te traten de manera diferente”, explica el Dr. Mitrani. “Y puede que los niños de tu edad te excluyan si eres más alto o estás más desarrollado”.

¿Cuáles son los efectos de la pubertad precoz en la salud mental?

La pubertad precoz expone a los niños a un mayor riesgo (en inglés) de tener problemas emocionales y de salud mental, como ansiedad, depresión, baja autoestima y mala imagen corporal o dismorfia corporal.

A medida que continúan madurando, los niños que experimentaron una pubertad precoz puede que también sean más propensos a abusar de sustancias (en inglés), iniciar su actividad sexual a una edad más temprana (lo que se asocia con un mayor riesgo de embarazo en la adolescencia), así como desarrollar trastornos alimentarios.

“Es como si intentaras encajar en un molde determinado y, cuando no puedes, a veces te automedicas o haces otras cosas para tratar de controlar tu cuerpo”, explica el Dr. Mitrani.

Puede haber diferencias de género importantes en cuanto a los efectos psicológicos de la pubertad precoz. Algunas investigaciones indican (en inglés) que las niñas que se desarrollan a una edad temprana parecen ser más vulnerables a la ansiedad y la depresión, y que ese riesgo puede estar presente durante varios años. Para los niños, es posible que la pubertad precoz no sea tan angustiosa. “Los niños que maduran a una edad temprana tienen algunas ventajas sociales porque son más grandes y más fuertes”, explica la Dra. Whitehouse.

Pero eso no significa que los niños no estén en riesgo de tener problemas emocionales. Con el aumento de la testosterona puede que experimenten emociones más fuertes, posiblemente un aumento en el comportamiento agresivo y un impulso sexual repentino que podrían no saber cómo manejar. Dado que la pubertad precoz puede causar un retraso en el crecimiento, los niños varones se podrían sentir inseguros acerca de su estatura más adelante si terminan siendo más bajos que sus compañeros.

Y para los niños transgénero o no binarios (que a menudo experimentan una angustia extrema llamada disforia de género), la pubertad a cualquier edad puede ser especialmente difícil, y la pubertad precoz puede agravar sus desafíos. “Si tienes disforia de género y tu cuerpo está cambiando hacia algo que no coincide con tu identidad de género —añade el Dr.Mitrani— será mucho más estresante”.

La identidad racial o étnica de un niño también puede condicionar cómo lo afecta la pubertad precoz. Por ejemplo, las niñas negras a menudo experimentan algo que se denomina sesgo de adultificación: son percibidas como menos inocentes y se espera que actúen como mayores de lo que son. Esto puede resultar en medidas disciplinarias más severas en la escuela ante las mismas infracciones que sus contrapartes blancas. Atravesar por una pubertad precoz solo empeora este trato injusto.

¿Cómo puede ayudar a su hijo a manejar la pubertad precoz?

Los padres no pueden controlar los cambios que traerá la pubertad, pero hay muchas formas de ayudar a su hijo a prepararse y manejar la transición.

Independientemente de su edad, cuando usted empiece a notar que su hijo está mostrando señales de pubertad, lo mejor es acudir al pediatra. Para las niñas, la pubertad suele comenzar con el crecimiento de los senos y el vello axilar o púbico. Para los niños, las primeras señales pueden ser el crecimiento de los testículos y el vello corporal.

Pero la mejor forma de preparar a su hijo para la pubertad comienza mucho antes de que aparezcan las señales. “Cuanto antes pueda hablar de estas cosas de una manera apropiada para la edad del niño, mejor”, dice el Dr. Mitrani. Empiece a hablar pronto acerca de la pubertad con su hijo, incluso alrededor de los siete u ocho años. Es importante eliminar cualquier estigma en torno a la pubertad y permitir que su hijo haga preguntas.

Tenga en cuenta que no tiene que explicarle todo a la vez. De hecho, eso podría abrumarlo o confundirlo. Tómelo con calma y permita que las preguntas de su hijo guíen la conversación.

“Si su hijo le plantea una inquietud, pregúntele por qué quiere saberlo. Intente obtener más información sobre lo que le preguntan y limítese a darle la información que le piden”, aconseja el Dr. Mitrani. “Usted querrá tener estas conversaciones pronto, pero también usar su intuición para captar qué necesita su audiencia”.

¿Cuándo deberían los padres buscar apoyo para la salud mental?

Si su hijo está experimentando una pubertad precoz y a usted le preocupa su salud mental, puede ayudarlo a adquirir habilidades de afrontamiento. Y consultar con un terapeuta suele ser una manera eficaz de hacerlo.

“Gran parte de lo que trata la terapia (terapia cognitivo-conductual, terapia dialéctico-conductual) es enseñarles a los niños las habilidades que necesitan para ser conscientes de sí mismos y de sus emociones”, explica la Dra.Whitehouse. “Y aprender estrategias para reconocer cuándo están teniendo pensamientos que quizá podrían cuestionar”.

Los padres pueden empezar a enseñar estas habilidades a una edad temprana, pero durante la pubertad puede ser más difícil comunicarse eficazmente con su hijo.

“La relación se tensa cuando llega la pubertad, porque naturalmente la tarea de desarrollo de los adolescentes es separarse e individualizarse de sus padres”, dice la Dra. Whitehouse. “Así que les cuesta más hablar con sus padres y hay más conflictos donde antes no los había. Los padres sienten que un monstruo se ha apoderado de su hijo, ¡y los niños sienten lo mismo por sus padres! Y por eso, un terapeuta puede ayudar a tender un puente de comunicación”.

También es útil que los padres refuercen las habilidades de afrontamiento y la regulación emocional en casa. Una de las mejores maneras es modelar ellos mismos habilidades de afrontamiento saludables, ya que los niños aprenden los patrones de comportamiento de los adultos que los rodean.

La última revisión de este artículo se realizó el 8 de diciembre de 2022.