Los síntomas de depresión en adolescentes incluyen aislamiento o dejar de hacer cosas que solían disfrutar. Puede haber cambios en el estado de ánimo, como tristeza o irritabilidad. O en el comportamiento, como el apetito, el nivel de energía, los patrones de sueño y el desempeño académico.
¿Cuáles son los síntomas de depresión en adolescentes?
Señales de que tu hijo podría estar más que tan solo de mal humor.
Expertos clínicos: Ron J. Steingard, MD , Evelyn Ramirez, PhD
in EnglishLo que aprenderá
- ¿Cuáles son los síntomas de depresión en adolescentes?
- ¿Por qué es importante la detección temprana de la depresión?
- ¿Cuál es el tratamiento para la depresión en adolescentes?
Lectura rápida
Los adolescentes a menudo están de mal humor. Por eso es fácil pasar por alto las señales de que realmente tienen depresión y necesitan ayuda. Los síntomas de la depresión en adolescentes incluyen cosas como evitar salir con sus amistades y la familia, y estar tristes o irritables. Otras posibles señales podrían ser: tener un desempeño académico deficiente en la escuela, dormir mucho y comer más o menos de lo habitual.
Si notas que tu hijo muestra desánimo y que ha perdido el interés por las cosas que disfrutaba hacer, es posible que tenga depresión. Puede que el adolescente ni siquiera se dé cuenta de que tiene depresión.
Hay dos tipos principales de depresión. El trastorno depresivo mayor es el más común. Es cuando un adolescente experimenta momentos muy intensos de depresión durante meses. La distimia, el otro tipo, es más leve, pero puede durar años. Debido a que la depresión provoca baja energía y problemas de concentración, puede afectar negativamente la escuela y las amistades. Esto, a su vez, puede causar una baja autoestima, lo que puede empeorar la depresión. Sentirse mal contigo también puede provocar ansiedad.
El tratamiento temprano es importante para evitar los efectos prolongados de la depresión. El tratamiento más común es la terapia cognitivo-conductual o TCC, cuyo objetivo es cambiar el pensamiento negativo del adolescente. Les enseña formas de percibir y cambiar las emociones molestas. Además de la terapia se puede añadir la medicación antidepresiva. La combinación suele funcionar mejor que cualquiera de los dos tratamientos por separado.
Dado que los los cambios de humor son frecuentes durante la adolescencia, puede ser difícil reconocer si tu hijo o hija pudiera tener depresión, y por lo tanto, cuándo podría necesitar ayuda. Lo primero que las personas suelen observar es el retraimiento, o cuando los adolescentes dejan de hacer cosas que solían disfrutar. Es posible que haya otros cambios en el estado de ánimo, como tristeza o irritabilidad. O en el comportamiento, incluido el apetito, el nivel de energía, los patrones de sueño y el desempeño académico. Si varios de estos síntomas están presentes, presta atención a la posibilidad de depresión.
Esto es especialmente importante porque para el momento en que la familia y las personas que están alrededor del adolescente notan su falta de interés en la mayoría de las cosas (o lo que denominamos anhedonia), generalmente ya han estado experimentando depresión por algún tiempo. La depresión es un trastorno de internalización, es decir, que afecta la vida emocional del paciente, en lugar de un trastorno de externalización, que toma la forma de un comportamiento disruptivo o problemático. Como tal, es necesario cierto tiempo, no solo para que las demás personas lo reconozcan, sino también para que el propio paciente se dé cuenta de que su forma de pensar y sus respuestas emocionales están perturbadas.
Es importante tener en cuenta que en realidad hay dos tipos de depresión. En el trastorno depresivo mayor (la forma más familiar de depresión), los síntomas se presentan como lo que pueden ser episodios graves que tienden a durar de siete a nueve meses. Pero también hay otra forma de depresión llamada distimia, en la que los síntomas son más leves pero se mantienen durante más tiempo, incluso años. De manera que, aunque experimentar distimia puede ser menos debilitante para los niños en un momento específico, el riesgo es que se acumule el daño y el niño se mantenga fuera del proceso de desarrollo saludable durante mayor tiempo.
Por qué la intervención temprana es de suma importancia
Cuando un adolescente experimenta depresión, su sufrimiento no es la única razón por la que es importante buscar ayuda. Además del trastorno en sí mismo, hay efectos adicionales que pueden causar problemas de por vida. A los síntomas de la depresión se suman baja energía y falta de concentración, dos factores que es probable que tengan una repercusión significativa en el funcionamiento social y académico.
Es fácil ver los efectos de un mal funcionamiento académico: el rezago escolar debilita la confianza e imagen que tiene el niño de sí mismo y puede repercutir en su vida futura si se prolonga. Pero durante la adolescencia el aprendizaje social es tan crítico como el aprendizaje académico. Los déficits en las habilidades sociales, no solo ponen a los adolescentes con depresión en una posición de rezago con respecto a sus pares, sino que también pueden agravar su depresión.
Depresión más ansiedad
Es importante entender que un adolescente con depresión también puede desarrollar ansiedad y necesitar tratamiento para ambos trastornos. La depresión podría conducir a la ansiedad: el estado mental negativo de un adolescente con depresión es propicio para la incertidumbre. Si no te sientes bien contigo, no tienes una sensación de confianza, seguridad o protección, la ansiedad puede encontrar un terreno fértil. Esta interrelación también se podría deber a que las regiones del cerebro afectadas por la ansiedad y la depresión se encuentran muy próximas y se afectan entre sí.
Dos problemas graves que se asocian directamente con la depresión y la ansiedad en adolescentes son el pensamiento (o la conducta) suicida y el consumo de sustancias. El suicidio es la tercera causa principal de muerte entre adolescentes y jóvenes entre 15 y 24 años, y sabemos que la mayoría de los niños que se suicidan lidiaban con una enfermedad psiquiátrica. Los adolescentes que ocultan su depresión y ansiedad de sus padres y amistades están especialmente en riesgo. Por esto, es importante estar alerta a las señales de estos trastornos (retraimiento, cambios en el desempeño escolar, hábitos de alimentación, patrones de sueño, cosas que disfrutaban hacer), incluso cuando los adolescentes no expresen cómo se sienten.
De manera similar, la mayoría de los adolescentes que desarrollan un problema de consumo de sustancias también tienen un trastorno psiquiátrico, que incluye, con mayor frecuencia, ansiedad o depresión, lo cual es otro motivo importante para buscar tratamiento de manera oportuna.
Tratamientos para la depresión
Afortunadamente, la intervención temprana de profesionales de la salud puede acortar el período de enfermedad y disminuir las probabilidades de perder lecciones de vida importantes.
El tratamiento más frecuente que tiende a utilizar un profesional de la salud mental es alguna forma de terapia cognitivo-conductual, y dependiendo de la edad del niño, puede incluir también la capacitación para padres. La terapia cognitivo-conductual o TCC se basa en la idea de que una persona que tiene un trastorno del estado de ánimo está atrapada en un patrón de pensamiento negativo. Los niños con depresión tienden a autoevaluarse de manera negativa, a interpretar las acciones de otras personas de forma negativa y a asumir el resultado más catastrófico posible de los eventos. En la TCC le enseñamos a los pacientes a desafiar esos pensamientos negativos, a reconocer los patrones y entrenarse para evitarlos. Y en muchos casos observamos una verdadera mejoría.
Si la depresión es de moderada a severa, el tratamiento puede incluir medicamentos, como los antidepresivos. Generalmente, una combinación de psicoterapia y medicamentos funciona mejor que cualquiera de ellas por sí sola.
Preguntas frecuentes
Dos problemas graves que están directamente asociados con la depresión y la ansiedad adolescente son los pensamientos (o comportamientos) suicidas y el abuso de sustancias. El suicidio es la tercera causa de muerte entre adolescentes y jóvenes de 15 a 24 años, y sabemos que la mayoría de muertes por suicidio en este grupo de edad se asocian con una enfermedad psiquiátrica previa.
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