Tu hijo podría entrar al kínder si puede jugar cooperativamente, compartir de manera apropiada, comunicar sus necesidades a maestros o compañeros, sentarse y escuchar durante un periodo de tiempo prolongado y si le interesa ser independiente.
¿Tu hijo tiene la preparación para entrar a kínder?
Consejos para ayudar a los padres a decidir cuándo sus hijos tienen la suficiente madurez para la escuela.
Experto clínico: Laura Phillips, PsyD, ABPdN
in EnglishLo que aprenderá
- ¿Cómo saber si tu hijo tiene la preparación necesaria para el kínder?
- ¿Qué habilidades necesitan los niños para ir al kínder?
- ¿Los niños con problemas de salud mental o del desarrollo deberían esperar un año más?
Lectura rápida
¿Tu hijo tiene la preparación que se necesita para entrar a kínder? Mucho depende de lo bien que puedan prestar atención y controlar sus emociones y comportamientos. ¿Juega bien con otros niños? ¿Puede compartir en forma adecuada? ¿Puede comunicarle a personas adultas o niños sus necesidades? ¿Puede sentarse y escuchar durante un largo periodo de tiempo?
Si respondiste afirmativamente a todas estas preguntas, probablemente tu hijo pueda entrar al kínder. Los educadores insisten en que la madurez emocional y la independencia son más importantes para la preparación que las habilidades “preacadémicas”, como conocer las letras, los números, los colores y las formas. Pero si no sabes si tu hijo tiene realmente la preparación necesaria, podrías ir a la escuela primaria para que conozcan a tu hijo y te digan qué sería lo mejor.
Si tu hijo es más joven que el resto de la clase y le falta madurez, considera la posibilidad de esperar un año. Un estudio muy publicitado (en inglés) reveló que los niños más pequeños de su clase, especialmente los varones, tienen más probabilidades de que se les diagnostique TDAH. Esto significa que al menos una parte de los niños reciben un diagnóstico equivocado solamente porque no tienen el mismo nivel de madurez que los demás.
Si tienes un hijo con problemas de salud mental o del desarrollo, como ansiedad, autismo, TDAH o trastornos del aprendizaje, eso no significa que debas esperar un año más. Cuanto antes reciba apoyo, mejor estará a largo plazo.
Cada estado tiene leyes diferentes respecto a cuándo se tiene que empezar el kínder, pero todos exigen que los niños vayan a la escuela a una determinada edad. Si crees que tu hijo no tiene aún la preparación suficiente, puedes solicitar permiso para esperar un año.
Si decides esperar, utiliza ese tiempo para ayudar a tu hijo a desarrollar las habilidades que necesita para etrar al kínder al año siguiente. Puedes hacerlo en casa, en un centro preescolar o con un grupo de juego.
¿Cuándo deberían empezar los niños el kínder? Se supone que la mayoría de los niños pueden hacerlo cuando cumplen los requisitos de ingreso, a los 4 y medio o 5 años. Pero cada vez hay más padres que están eligiendo esperar un poco. Hay padres que piensan que es una ventaja para los niños ser de los mayores de la clase, lo que en inglés se conoce como “redshirting“ (en inglés). A otros padres les preocupa que su hijo no haya desarrollado aún las habilidades necesarias para desempeñarse bien en el kínder. Como padres, ¿cómo saber si es mejor esperar un año?
Falta de preparación
Al considerar si un niño tiene la preparación necesaria para el kínder, Laura Phillips, PsyD, neuropsicóloga clínica, dice que el foco de atención no está tanto en las habilidades preacadémicas, como podrían ser el dominio de las letras, los números, los colores y las formas.
En su lugar, dice la Dra. Phillips, la pieza clave para decidir sobre el kínder tiene que ver con el desarrollo socioemocional y del lenguaje, así como con las habilidades de autorregulación de los niños: su capacidad para prestar atención y manejar sus emociones y comportamiento.
Estos son los factores en los que ella se fija:
- ¿Tiene la habilidad para jugar cooperativamente o muestra interés en estar con sus pares?
- ¿Puede compartir de manera apropiada?
- ¿Muestra entusiasmo por aprender? Por ejemplo, ¿tiene interés por explorar y descubrir? ¿Puede hacer preguntas con comodidad? ¿Se siente bien con la posibilidad de asumir riesgos? ¿Puede perseverar cuando las cosas se ponen difíciles?
- ¿Puede comunicar sus necesidades a maestros o pares?
- ¿Puede sentarse y escuchar durante un período de tiempo prolongado? “La hora del cuento es un gran componente del kínder —dice la Dra. Phillips— y muchos niños no han tenido una exposición a ese tipo de estructura”.
- ¿Tiene el deseo de ser independiente? ¿Tiene dificultad para separarse de sus padres?
La importancia de la independencia
La maestra de kínder Donna Pollack Sacks considera que la independencia es la clave. “No importa si tu hijo tiene la preparación académica”, dice. “Si no puede manejar la experiencia de estar en un salón, se debería retrasar su ingreso”. Ella añade a la lista otras preguntas que se deberían plantear los padres, como si puede seguir instrucciones simples y controlar la necesidad fisiológica de ir al baño.
“Les puedo enseñar a los niños habilidades de lenguaje y matemáticas, además de cómo sostener un lápiz y cómo cortar con tijeras”, dice Pollack Sacks. “Pero mi trabajo es infinitamente más difícil cuando mis estudiantes no tienen experiencia siendo independientes”.
Las expectativas han cambiado
Angie Cole Maranville, quien ha sido maestra de educación especial a nivel primaria durante más de 18 años, señala que las expectativas del kínder han cambiado mucho, lo que complica la preparación de algunos niños de 5 años.
En muchos lugares, dice, “el kínder dura todo el día y es muy académico. Muchos niños de 5 años no tienen la preparación a nivel del desarrollo para quedarse en su silla por largos períodos de tiempo”. A menudo ella ha notado lo que llama una gran brecha en la preparación relacionada con la motricidad fina. “A los niños de 5 años les cuesta lograr que sus letras y números quepan en los pequeños recuadros de las hojas de trabajo. Se frustran cuando esto sucede.”
La experiencia de una familia
En algunos distritos escolares, hay programas de prekínder para niños que se considera que no tienen todavía la preparación para la experiencia completa de un kínder. Ann Arbor, de Michigan, por ejemplo, ofrece una experiencia para los niños que cumplen 5 años entre mayo y diciembre, que se llama “Young 5s”. Con tamaños de grupo más pequeños, ofrece una introducción a la escuela primaria más suave y basada en el juego.
Una madre que eligió el programa de Young 5s para su hijo dice que la decisión fue difícil. “Consideré ambas opciones”, recuerda. “Sería más preciso decir que le di muchas vueltas”.
Su hijo cumple años a finales de mayo. “Leí estudios que decían que los niños mayores de su clase tienen más éxito y seguridad —señala— y estudios que dicen que los niños mayores de su clase se desempeñan peor, porque todo siempre les ha resultado fácil, así que su ética de trabajo no es tan firme”.
Al final, ella decidió consultar con la joven maestra de la escuela Young 5s de su vecindario. “Ella se reunió con mi hijo por unos minutos, habló con él y le pidió que hiciera algunas tareas, y luego nos recomendó inscribirlo en el programa de “Young 5″. ¡Así que eso fue lo que hicimos!”.
Su hijo ha tenido un año escolar exitoso, nos cuenta, y la familia se siente bien con la idea de iniciar el kínder en otoño.
Preocupaciones sobre un diagnóstico erróneo de TDAH
Un estudio que fue muy publicitado (en inglés) también podría hacer que los padres retrasen la inscripción al kínder de los niños más pequeños. El estudio encontró que los niños que se encuentran dentro del grupo más joven de su clase, especialmente los varones, tienen más probabilidades que quienes están entre los mayores de la clase de recibir un diagnóstico equivocado de TDAH, lo que sugiere que al menos una parte de los niños están recibiendo un diagnóstico erróneo simplemente porque son más jóvenes.
La Dra. Phillips reconoce los riesgos de confundir la inmadurez con los síntomas del TDAH (incluyendo un período de atención más corto, menos capacidad para permanecer en su silla en calma y mayor impulsividad). Ella suele recomendar a los padres de niños que tienen cumpleaños tardíos y que muestran inmadurez en relación con sus compañeros que retrasen el ingreso al kínder, con el fin de darles ese año adicional para desarrollar algunas de esas habilidades.
Pero también señala que si un niño en edad de kínder parece cumplir con los criterios del TDAH, la primera línea de tratamiento debería ser la terapia para mejorar la atención y la regulación del comportamiento (no la medicación), y eso debería ser beneficioso ya sea que las dificultades se deban al TDAH o a inmadurez. Si es lo último, se podría esperar que el niño se ponga al día con el tiempo. Si es lo primero, es probable que necesite un tratamiento continuo. “Ser mayor no eliminará el TDAH de un niño. Se necesitan otras intervenciones basadas en evidencia para manejar esos síntomas”.
¿Se debería retrasar el ingreso al kínder de los niños con algún diagnóstico?
¿Qué pasa con la idea de retrasar el kínder en el caso de niños con problemas de salud mental y del desarrollo, como ansiedad, autismo y trastornos del aprendizaje? La Dra. Phillips dice que esta no es la forma de resolverlos: “La edad no corregirá las dificultades asociadas con esos trastornos”. Y lo que sucede con casi todos los trastornos de salud mental y del aprendizaje es que cuanto antes reciban apoyo los niños, mejor será el pronóstico. “Una niña con ansiedad, por ejemplo, no va a superar su ansiedad únicamente porque haya comenzado el kínder un año después”, dice la Dra. Phillips. “Tenemos que tratar la ansiedad“.
Si aún no se cuenta con apoyos, es el momento de considerar cosas como un programa de educación individualizado (IEP), un plan de la Sección 501, paraprofesionales y posiblemente una escuela privada especializada o una colocación en un salón de educación especial dentro del sistema escolar público.
En cuanto a las discapacidades del aprendizaje, la Dra. Phillips dice que si un niño ha estado en contacto con habilidades preacadémicas, como aprender los colores, los números y las letras, y no las domina, es una señal de advertencia de que podría haber algún tipo de problema del aprendizaje subyacente. “Pero esta no es una razón para retrasar al niño”, dice. En cambio, es motivo para considerar apoyos o un entorno escolar alternativo.
¿Cómo saber cuándo inscribir a tu hijo?
La pregunta básica de si tu hijo debería empezar el kínder (y cuándo) varía entre los estados y, en algunos casos, incluso entre los distritos. La Education Commision of the States (en inglés) analiza las políticas en torno a los jardines infantiles en todo el país, incluida la edad de ingreso en varios estados. La comisión detalla las excepciones formales que aplican, ya sea para detener el ingreso de un niño al kínder o para que un niño de menor edad se pueda inscribir, lo que se conoce como ingreso anticipado. Kristie Kauerz, directora del Nacional P-3 Center (en inglés) y profesora clínica asociada de School of Education and Human Development de la University of Colorado, explica los factores que podrían influir en las opciones de una familia.
“Hay tres variables clave de la política estatal”, dice. Estas son: las leyes de asistencia obligatoria, si los distritos están obligados o no a ofrecer el servicio de kínder y si los niños están obligados o no a asistir al kínder.
Algunos requieren que los niños comiencen en primer grado, otros en el kínder. Ella dice que si los padres quieren obtener una exención para no asistir al kínder, tienen que pasar por un proceso establecido para demostrar alguna razón por la que eligen no cumplir con la ley.
Si optas por no inscribir a tu hijo, fortalece sus habilidades
Cuando el kínder se retrasa un año, la Dra. Phillips enfatiza la importancia de utilizar ese año para ayudar a los niños a desarrollar las habilidades que les faltan, ya sea en casa o a través de un prekínder o un grupo de juegos.
“Es realmente importante trabajar en casa en las habilidades de comunicación y hacer que participen en actividades sociales”, explica. “Están aprendiendo a cooperar. Y tú les estás leyendo. Están aprendiendo a escuchar atentamente, y tú les ayudas a formar y reforzar esas habilidades de preparación académica que van a ser realmente cruciales”.
Además, Kauerz plantea una perspectiva más amplia: “Creo que otro punto realmente importante es que estas decisiones de los padres son muy buenas para las familias que tienen opciones (pueden pagar el prekínder, pueden quedarse en casa, etc.) pero en el caso de niños que vienen de familias de bajos ingresos u otras circunstancias desfavorecidas, estas preguntas no tienen sentido. Muchas familias necesitan el kínder para que sus hijos tengan supervisión y oportunidades de aprendizaje estructuradas. Hay profundas cuestiones de equidad en todo esto”.
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