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Trastorno afectivo estacional

Cómo puede afectar a los niños, y cómo los padres pueden ayudar

Hannah Sheldon-Dean

A medida que todos nos preparamos para un invierno único y complicado, no es sorprendente que muchos niños y adolescentes tengan dificultades para sobrellevarlo. Ser explosivos, mal humor, poca energía, los padres están viendo todo esto, incluso en niños que normalmente son alegres.

Si ha notado un cambio en el estado de ánimo o en el comportamiento de su hijo a medida que cambia la estación, puede que se haya preguntado si el trastorno afectivo estacional (a veces abreviado SAD, por sus siglas en inglés) podría tener que ver. Pero, ¿Qué es exactamente el trastorno afectivo estacional y cómo saber si su hijo lo está experimentando? Continúe leyendo para obtener ayuda entendiendo este diagnóstico a veces confuso, además de consejos para ayudar a su hijo a salir adelante este invierno, esté o no experimentando SAD.

¿Qué es el trastorno afectivo estacional?

A pesar de su nombre, el SAD no es un trastorno independiente o distinto a otros, según el DSM-5 (que clasifica los trastornos psiquiátricos). Más bien, es una forma específica del trastorno depresivo mayor que aparece y desaparece según los cambios de las estaciones.

“En términos de síntomas, el trastorno afectivo estacional y la depresión son lo mismo, –dice Heather Bernstein, PsyD, psicóloga clínica del Child Mind Institute. –El trastorno afectivo estacional es esencialmente un trastorno depresivo mayor que ocurre durante meses específicos del año”.

La mayoría de las personas afectadas por el SAD experimentan episodios de depresión durante el otoño y el invierno, ya que los días son más cortos en muchas partes del mundo. Cuando la estación cambia de nuevo, la depresión desaparece hasta el siguiente año. Sin embargo, un número menor de personas experimentan depresión durante la primavera y el verano. Las mujeres son más propensas que los hombres a verse afectadas, y los síntomas suelen comenzar a aparecer en adolescentes mayores o adultos jóvenes, aunque los niños más pequeños también pueden experimentar el SAD.

Los expertos no están seguros de qué causa el SAD, pero una teoría es que la disminución de la luz solar en los meses de invierno puede afectar los niveles de melatonina y serotonina en nuestros cerebros, lo que a su vez puede afectar nuestro humor y nivel de energía.

¿Cuáles son los síntomas del trastorno afectivo estacional?

Los síntomas del SAD coinciden con los de otros tipos de depresión, incluyendo:

  • Sentirse inusualmente triste o irritable, incluso cuando no hay una razón obvia.
  • Perder el interés en las cosas que solían ser agradables.
  • Bajos niveles de energía.
  • Cambios en el peso o en los hábitos alimenticios.
  • Dormir demasiado o muy poco.
  • Ser demasiado autocrítico.
  • Participar en conductas de autolesión, como cortarse.
  • Sentirse desesperanzado, sin valor o entumecido.
  • Tener pensamientos o intentos de suicidio.

Al igual que en otros tipos de depresión, sólo se hace un diagnóstico si varios de estos síntomas están presentes durante al menos dos semanas. Además, el patrón de la depresión que aparece y desaparece con las estaciones debe ocurrir por lo menos durante dos años para que se considere SAD.

También es importante descartar otras fuentes de estrés. “Uno de los criterios para este diagnóstico en particular es que no está asociado con un patrón estacional donde siempre hay un factor estresante”, dice la Dra. Bernstein. Por ejemplo, un niño que participa en un deporte de invierno estresante y siempre se deprime cuando comienza no sería diagnosticado con SAD, porque su cambio de humor no es causado por el cambio de estación en sí.

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¿Cómo se trata el trastorno afectivo estacional?

En muchos casos, el tratamiento recomendado para el trastorno afectivo estacional es la terapia cognitivo-conductual o TCC (CBT, por sus siglas en inglés).

Debido a que los niveles de energía y motivación disminuyen cuando los individuos están deprimidos, la TCC para este diagnóstico a menudo se centra en lo que se llama activación del comportamiento. “Va a haber mucha intervención conductual para realizar la acción opuesta a la que su cuerpo lo está impulsando a hacer, –dice la Dra. Bernstein. –El tratamiento puede enfocarse en preguntas como: ¿Cómo estamos estableciendo un horario? ¿Cómo estamos haciendo las cosas aunque no necesariamente queramos hacerlas?”. Esto puede incluir el apoyo para desarrollar y cumplir con las rutinas de los horarios de sueño, los hábitos alimenticios, el tiempo de pantalla y la conexión social.

Especialmente en regiones que se vuelven mucho más frías y oscuras en invierno, la activación del comportamiento también puede tener como objetivo mantenerse activo y salir al exterior a la luz del día, incluso cuando no es atractivo hacerlo. “Cuanto más podamos equilibrar nuestro acceso a la luz del sol, más beneficioso será, –dice la Dra. Bernstein. –También se ha encontrado que la actividad física regular y una dieta balanceada son beneficiosas”.

En algunos casos, el SAD también se trata con medicamentos antidepresivos, incluidos los ISRS. La fototerapia, que consiste en el uso de lámparas especializadas que imitan la luz del sol, también es una opción que algunas personas con SAD han encontrado útil para reducir los síntomas.

¿Cuándo deben preocuparse los padres por el trastorno afectivo estacional?

Con los niños de todas partes teniendo un tiempo inusualmente difícil de sobrellevar, puede ser difícil saber si el mal humor y la irritabilidad de su hijo es algo de lo que preocuparse o si son reacciones normales a una situación difícil.

La Dra. Bernstein recomienda pensar en términos de cambios en el comportamiento normal de su hijo, sea lo que sea que “normal” signifique en este momento. Tal vez a su hijo le encantaba publicar videos de TikTok al principio de la pandemia, pero ahora dice que ya no es divertido. O tal vez se ha sentido frustrado todo el tiempo, pero sólo ahora se niega a hacer las tareas escolares. Si su hijo parece estar perdiendo la motivación o le cuesta más disfrutar de las cosas, esos podrían ser síntomas de depresión, ya sea que técnicamente califique o no como un trastorno afectivo estacional.

Buscar patrones de cambio es clave, dice la Dra. Bernstein. “No estamos hablando de un niño que está activo toda la semana y luego tiene dificultades para salir de la cama el viernes–, dice. –Estamos hablando de al menos dos semanas de no responder a los amigos, de no ir a la mesa para cenar, de no hacer las tareas escolares. Cuando ve un patrón persistente es el momento de pedir ayuda”.

También es importante recordar que siempre puede consultar a un profesional, incluso si no está seguro de que haya un problema. “Escuchen esa intuición paternal que dice: ‘Esto no está bien’–, dice la Dra. Bernstein. –Acérquense a un pediatra, terapeuta o médico general. Es mejor consultar si algo es normal tan pronto como empiecen a preguntárselo, en vez de esperar hasta que esté claro que es un problema”.

Consejos para hacer frente a un invierno difícil

Es difícil decir si este invierno particularmente duro vendrá con un aumento de casos de trastornos afectivos estacionales. Pero con diagnóstico o no, está claro que mantenerse a sí mismo y a su familia mentalmente sanos este invierno podría ser más difícil de lo normal.

“Tenemos que ser más conscientes de, ¿cómo nos cuidamos a nosotros mismos?, –apunta la Dra. Bernstein. –¿Cómo cuidamos de nuestros hijos? ¿Cómo mantenemos los hábitos saludables, incluso cuando se vuelve más difícil?”.

Para ello, recomienda adelantarse a los desafíos de la temporada poniendo en marcha algunas estrategias ahora, tanto si se trata de un trastorno afectivo estacional como si no.

  • Apéguese a las rutinas. Ya lo ha oído mil veces, pero sigue siendo cierto: las rutinas ayudan a niños y a adultos por igual. Tener un horario constante para dormir, comer, trabajar y realizar actividades familiares puede proporcionar cierta estabilidad en momentos de incertidumbre y mantener el ánimo de todos.
  • Priorice los hábitos saludables. Pídale a los niños que le den sus propias ideas sobre actividades saludables que les gustaría hacer con regularidad. Tal vez sea una excursión al parque después de la escuela (¡incluso con frío!) o una búsqueda semanal en blogs de cocina para encontrar nuevas recetas divertidas.
  • Establezca expectativas realistas. “Es un verdadero problema cuando encontramos soluciones que no están a nuestro alcance”, dice la Dra. Bernstein. Por ejemplo, usted podría pensar que hacer ejercicio todos los días es la única manera de que su familia se mantenga saludable, pero los horarios de trabajo y escuela se interponen. Intente reunirse como familia y buscar alternativas factibles: ¿Qué tal un partido de baloncesto en la entrada dos veces a la semana o turnarse para elegir la música para una fiesta familiar de fin de semana?

Sea lo que sea que elijan hacer, un esfuerzo de equipo puede hacer más fácil mantenerse en el camino. “No va a ser sólo el individuo que está lidiando con la depresión o un patrón de desafíos”, dice la Dra. Bernstein. Si su hijo está pasando por un momento difícil, piense en lo que sería útil para él y úselo para crear algunas prácticas que toda la familia pueda seguir.