A ningún niño le gusta ir al dentista. Pero para alguien como Caroline, una niña autista de 7 años que tiene problemas con el procesamiento sensorial, incluso una visita de rutina al dentista puede ser un evento traumático. Hace dos años, “todos los olores y sonidos diferentes, junto con la cercanía de las personas, realmente la llevaron al límite”, recuerda su madre, Jaime. Caroline estaba tan asustada que cuando el dentista reclinó su silla, ella saltó por encima del respaldo y corrió hacia el estacionamiento”, relata Jaime. “Intentamos traerla de regreso, pero estaba tan alterada que el dentista no pudo hacer nada”.

Cuando Jaime, originaria de Coral Gables, Florida, le contó este episodio a la terapeuta ocupacional de Caroline, Willow Rossi, ella pensó: Cuando trabajé con Caroline incluimos a mi labradora negra, Tippy, que es lo que se llama un perro de servicio. Al parecer, Tippy ayudó a Caroline a permanecer calmada, entonces  ¿por qué no invitarla a su siguiente cita con el dentista? Dado que Tippy es un animal de servicio certificado tiene acceso completo a lugares públicos como tiendas, aviones y autobuses.

Para Jaime, esto tenía todo el sentido del mundo: “En general, Caroline estaba más feliz y más calmada cuando veía a Willow y a Tippy”, dijo. Caroline no gritaba, ni pegaba, ni se escapaba, como solía hacer con otros terapeutas. Al principio, su dentista se mostró reacio, pero después de un poco de insistencia de una madre decidida, Tippy fue invitada a acompañar a Caroline.

Y funcionó. “Caroline caminó feliz con Tippy hacia la sala de espera, y luego a la sala de exploración”, dice Rossi. “Tippy se recostó en la silla junto con ella mientras duró la revisión. Aunque Caroline estaba ansiosa, logró hacerlo”.

Los perros de servicio ayudan con la terapia

Un terapeuta como Rossi usa perros de servicio (enlace disponible solo en inglés), los cuales a menudo son descritos con el término genérico “perros de terapia”, como una herramienta para ayudar a los niños a alcanzar sus metas. Tippy sirve de impulso y motivación, al hacer que la terapia sea divertida y gratificante para los niños que se enfrentan a todo tipo de problemas psicológicos, incluidos el síndrome de Down, las discapacidades del aprendizaje, el TDAH y el autismo. Tippy anima también a los niños más grandes, quienes pueden aburrirse de la repetición de tener que acudir a las sesiones de terapia.

Por ejemplo, si Rossi está trabajando en las habilidades motoras finas, puede que le diga al niño que cepille los dientes o el pelaje de Tippy, o que utilice pinzas para darle de comer. El “juego de los bichos” consiste en quitarle las “pulgas” hechas de hilo o de pelusas a la paciente de cuatro patas.

Otra tarea de motricidad fina que además aumenta la fuerza central (del torso) es un juego de abdominales, en el que el niño recostado boca arriba debe extender sus manos hacia atrás por encima de su cabeza para alcanzar una golosina y al regresar a la posición de sentado dársela a Tippy. A Tippy también le encanta esconderse en la alberca de pelotas, lo cual anima a los niños a que la busquen. Ellos no tienen que saber que están recibiendo estímulo táctil y aumentando su conciencia corporal, simplemente lo hace más divertido.

Si Rossi quiere trabajar en la secuenciación, en el seguimiento de instrucciones y la memoria, entonces le pide al niño le dé una serie de indicaciones a la labradora. En la siguiente sesión, ella comprueba si el niño recuerda las indicaciones y agrega otras.

Los perros de servicio son solo uno de los muchos animales que son utilizados cada vez por más y más médicos y terapeutas para ayudar a los niños con sus desafíos de desarrollo, de aprendizaje y de conducta. Los perros están entrenados para cumplir muchos papeles diferentes, desde ayudar a los lectores reacios que se sienten más cómodos de leer en voz alta a un animal paciente que no los juzga, hasta brindar consuelo a aquellos que han enfrentado un desastre. En algunos juzgados están utilizando perros entrenados para calmar a los niños que han sufrido abuso y deben testificar en la corte, así como para que tengan un recuerdo positivo de la experiencia.

Diversión con caballos

Los caballos también desempeñan un papel importante en este movimiento. La hipoterapia (enlace disponible solo en inglés), derivada de la palabra “hippos” que en griego antiguo significa caballo, es una estrategia de tratamiento utilizada por terapeutas físicos, ocupacionales, del habla y el lenguaje en sesiones individuales. La hipoterapia puede usarse para ayudar a los niños desde los 18 meses, así como a los adultos que tienen retrasos en el desarrollo, lesiones cerebrales, discapacidades del aprendizaje, problemas sensoriales, autismo y otros desafíos.

También existe la equitación terapéutica, supervisada por un instructor certificado, en la que los niños trabajan en sus habilidades sociales, emocionales y físicas, a medida que aprenden cómo sentarse correctamente en la silla de montar, cómo usar las riendas para controlar al caballo, y cómo ir al paso y al trote.

Rose, una niña de 8 años, hace hipoterapia en GallopNYC (enlace disponible solo en inglés). Cuando esta niña que vive en Brooklyn fue diagnosticada a los tres años con problemas de procesamiento sensorial leves y bajo tono muscular en sus manos y torso, a su madre, Catherine, solo le llevó un viaje al establo para inscribirla en este curso adicional a su terapia ocupacional y su terapia física. Después de cinco años, Catherine reporta que “Rose tiene el control mientras monta a caballo. Aunque usualmente tiene una postura algo desgarbada, cuando monta se sienta tan recta como una puerta. Y claro, esto le da mucha confianza y satisfacción”. Lo mejor es la felicidad que Catherine ve en la cara de su hija cuando interactúa con los caballos: “Ella se preocupa profundamente por los animales, incluso más que por los humanos”.

Desarrollar la confianza

El sentido de domino es también muy valioso para los niños que tienen diagnósticos como trastorno reactivo del apego, trastorno bipolar, trastornos del aprendizaje y autismo, dice Michael Kaufmann, director de granjas y de vida silvestre en Green Chimneys (enlace disponible solo en inglés), una escuela terapéutica diurna y centro de tratamiento residencial en Putnam Country, Nueva York. “Te sientes genial cuando un caballo empieza a seguir tus indicaciones”, dice. “Un caballo de 1,500 libras está yendo a donde quieres ir tú. Puedes presumirles a tus padres, y la mayoría de tus amigos no lo habrán hecho”.

Al trabajar con caballos, los niños también aprenden sobre la disciplina. “Tienen que aprender a tolerar la frustración”, dice Kaufmann. “Tienes que ganar la confianza del caballo, y también escuchar atentamente las instrucciones de los adultos. En el establo, hay reglas muy claras y un código de conducta. Solo pueden darles tres raciones de granos, no dos, no cuatro”.

En Long Island, Elizabeth Mullen dice que los simples actos de peinar y arrear a los caballos han aliviado el TOC de su hija, Bailey. “Ese contacto físico la ha relajado”, dice Mullen de su hija de 11 años. “Solía tardar hasta dos horas para quedarse dormida. Después de haber convivido con los caballos por tres semanas, se calmó lo suficiente como para dormirse en menos de una media hora”. Y claro, el perro de servicio, Kirby, de su hermano autista, Cooper, “también la ha ayudado”.

Aunque hay poca investigación que respalde las afirmaciones terapéuticas de estos programas, el uso de los animales en la terapia ha existido desde el principio del psicoanálisis. Sigmund Freud permitía que sus dos chows, Lun y Jo-Fi, asistieran a sus sesiones, y admitía con “completa sinceridad que, a menudo, dependía de Jo-Fi para que lo ayudara a hacer un diagnóstico en términos del estado de salud mental de sus pacientes”.

Muchos padres no necesitan ser convencidos. Por ejemplo, Caroline, la niña que necesitó a la perra de su terapeuta ocupacional para poder acudir a una cita del dentista. Poco tiempo después de esto, la niña recibió su propio perro de servicio, otro labrador negro que llamaron Zumi para que la ayudara con la socialización y también para tranquilizarse. Anteriormente, Zumi tomaba el mismo lugar que Tippy en la silla del dentista, pero ahora ya no. Actualmente, Caroline “¡puede ir al dentista con o sin Zumi!” dice su madre. Ella no tiene ninguna duda de a quién atribuir este gran logro: a una buena amiga de nariz húmeda que sacude la cola llamada Tippy.