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Cuando se requiere internar a un niño o joven en un hospital psiquiátrico, los padres también es una situación complicada y aterradora. Saber qué esperar, y qué se espera de ti, te puede ayudar a colaborar más eficazmente con el personal y estar en una mejor posición para defender los derechos de tu hijo. Esta guía explica los procedimientos y las reglas que probablemente tendrás que seguir, y cómo sacar el máximo provecho de la situación.

Qué esperar al llegar

En el supuesto de que se haya referido a tu hijo desde una sala de emergencias a un hospital, el traslado se realizará en una ambulancia. A ti se te permitirá viajar en ella. A la llegada al hospital se llevará a cabo otra evaluación, en la que tendrás que volver a contar lo que causó la necesidad de acudir a emergencias. Se te pedirá que proporciones el historial de enfermedades mentales de tu familia. La genética juega un papel muy importante en la salud mental, y los antecedentes de tu familia pueden ser relevantes para el tipo de medicamentos que pudieran ser apropiados para tu hijo.

Pide el número de teléfono de la estación de enfermería y agrégalo a tus contactos inmediatamente, para no perderlo. Esto te permitirá llamar siempre que quieras saber cómo está tu hijo, hacer preguntas o pedir que el médico o trabajador social te llamen.

Si se saltaron una comida durante el traslado, pide que te den algo de comer. La mayoría de los departamentos de admisión tendrán sándwiches o algo a mano, pero el centro en sí no los tendrá.

Dejar a tu hijo en el hospital

Alguien revisará las pertenencias de tu hijo y decidirá qué puede y qué no puede quedarse en el centro. No se permitirá nada afilado, hecho de cristal o lo suficientemente largo como para atar alrededor del cuello (incluyendo cinturones, cordones y cordones de zapatos). Algunos hospitales hacen un chequeo físico, para que el hospital tenga un inventario de las heridas y cicatrices del paciente antes de entrar. Luego, se llevará a tu hijo a su habitación. Probablemente se te permitirá ir hasta allá para que te despidas.

Es casi seguro que la unidad psiquiátrica se cerrará con un sistema de puertas de dos etapas. Más tarde tendrás que mostrar una identificación para entrar, y los teléfonos con cámaras no están permitidos (para que nadie pueda subir fotos de los pacientes en línea). Una enfermera te preguntará qué nombres se incluirán en la lista de visitantes. En algunos casos solo se permite la familia. Enumera solo a las personas que serán de ayuda.

En algún momento antes de irte, pregunta en qué circunstancias se pondrá en contacto el hospital contigo. Es probable que solo haya tres situaciones que lleven a una llamada telefónica:

  1. Quieren añadir o cambiar la medicación de tu hijo y necesitan tu permiso para hacerlo. Solo se pondrán en contacto contigo en caso de que se trate de nuevos medicamentos, no para aumentos o disminuciones de la dosis. Si recibes una llamada como esta, anota la fecha, la hora, el nombre del médico y lo que se dijo.
  2. Tu hijo se involucró en un “incidente”. Puede tratarse de un accidente físico (poco frecuente), de una lesión causada por otro paciente (poco frecuente) o de la notificación de que tu hijo fue llevado a una sala de aislamiento porque tuvo una reacción violenta. Si recibes una llamada como esta, pide detalles. Anota el relato en un cuaderno, anota la fecha de la llamada y el nombre de la persona que llama y luego habla con tu hijo para obtener su versión de la historia.
  3. Quieren organizar una “reunión familiar” para discutir los planes para el alta. Esto ocurrirá varios días o incluso una semana antes del alta real, porque se requiere cierto tiempo para poner en marcha los planes. “Familia” en este caso significa el padre, la madre, el niño o joven en el hospital, un trabajador social y por lo general el psiquiatra. Toma notas en la reunión, o trae a alguien (cónyuge o pariente, preferiblemente con una vestimenta de trabajo) para que tome notas por ti. Si no tenías un equipo de tratamiento antes de la hospitalización, el trabajador social te ayudará a encontrar uno. En la mayoría de los estados necesitarás una cita previa antes del alta. Es posible que en los hospitales privados no haya que seguir los mismos procedimientos.

Qué pasará durante la hospitalización

La información clave que hay que entender desde el principio es que el único propósito de una estancia hospitalaria es estabilizar a tu hijo lo suficiente como para que sea dado de alta para poder recibir atención ambulatoria. En otras palabras, no van a curar nada aquí. En el mejor de los casos, los síntomas o el comportamiento de tu hijo mejorarán un 10 por ciento, tal vez un 20 por ciento.

Al igual que en otros hospitales, nada sustancial sucede los fines de semana. Si el niño o joven ingresa un viernes, un sábado o un domingo la evaluación del equipo regular de la unidad se realizará hasta el lunes.

Una vez que los doctores hayan visitado a tu hijo (tú no estarás allí cuando esto suceda) llegarán a un diagnóstico preliminar.

El día de tu hijo se estructurará en un horario que incluye una revisión diaria (breve) por parte del personal médico, trabajo escolar (por lo general, solo una o dos horas, de valor educativo limitado, pero que le otorgará a tu hijo un crédito de asistencia) y varias terapias de grupo. Estas pueden incluir clases o grupos sobre habilidades para enfrentar problemas, información sobre salud mental y terapia familiar. Algunos hospitales también utilizan terapias experimentales que incorporan animales, música, arte u horticultura. Es poco probable que haya asesoramiento individual. Recuerda, el objetivo no es llegar al fondo de nada. El objetivo es lograr que tu hijo esté lo suficientemente estable como para que pueda pasar al tratamiento ambulatorio, donde se realiza el trabajo a largo plazo.

La televisión en la sala de día sonará durante el tiempo libre, y la mayor parte del día será muy tranquilo. Esto puede hacer que parezca que el hospital no está haciendo casi nada. Lo que ahí hacen es proporcionar la estructura, la medicación y el control.

Reglas y privilegios

Puede que te sorprenda el horario limitado de visitas, lo que tal vez dificulte realizar las visitas. No es necesario que vayas todos los días; los fines de semana son el mejor momento para visitar, cuando hay menos estructura y los pacientes tienen menos cosas que hacer. Si llevas comida (lo cual tu hijo probablemente te rogará que hagas), pregunta de antemano qué está permitido. Llévala en una bolsa de papel: el plástico no está permitido.

Habrá muchas reglas. La naturaleza ridícula de muchas de ellas será probablemente el tema de conversación con tu hijo. Asimismo, la mayoría de los hospitales psiquiátricos utilizan algún tipo de sistema en el que los pacientes ganan privilegios si cumplen con las expectativas de comportamiento. Tu hijo podría quejarse de ellos también. Tu trabajo es mostrarle comprensión y empatía.

Medicamentos

Por lo general, se requiere que el médico discuta contigo los cambios en la medicina antes de implementar cualquier cosa. Si tu hijo ya tiene un psiquiatra, asegúrate de que los dos médicos estén en contacto durante toda la estancia. Además de conocer a tu hijo mejor que el médico del hospital, el psiquiatra de tu hijo también será responsable de controlar cualquier cambio en la medicación a largo plazo, por lo que la comunicación es importante.

Cosas que preguntar sobre los medicamentos (y tomar notas al respecto):

  1. ¿En qué está pensando el médico al elegir este medicamento? ¿Qué alternativas existen? Si tienes familiares con problemas similares, dile al médico qué medicamentos han sido eficaces y cuáles no. No hay garantías de que tu hijo responda a la medicación de la misma manera, pero cuando se dispone de una gama de opciones, vale la pena considerar la que ha funcionado para otras personas dentro del patrimonio genético de tu hijo.
  2. ¿Cuánto tiempo tardará el medicamento en hacer efecto? Algunos medicamentos psiquiátricos son efectivos el mismo día. Otros tardan mucho tiempo en hacer efecto. Los antidepresivos, por ejemplo, podrían no alcanzar toda su potencia durante 4 a 6 semanas. Lo que necesitas saber es qué esperar y cuándo. También puedes preguntar qué sucederá en caso de que los médicos no observen ningún efecto. Debido a que los cambios podrían no ser visibles hasta después de que tu hijo salga del hospital, asegúrate de que el psiquiatra ambulatorio de tu hijo participe en las decisiones sobre los medicamentos que se tomen mientras tu hijo esté en el hospital.
  3. ¿Cuáles son los efectos secundarios más comunes? ¿Cuánto tiempo suelen durar? Muchos efectos secundarios pasan después de un tiempo, pero algunos no. La somnolencia, por ejemplo, suele ser un problema mayor en la primera o segunda semana. Otros medicamentos son notorios por el aumento de peso, así que avisa si la diabetes es común en tu familia. También se te debe informar sobre cualquier efecto secundario peligroso pero poco frecuente, cuándo es probable que se manifieste y cómo se manifiesta. El Lamictal, por ejemplo, causa un sarpullido en un pequeño porcentaje de casos que puede ser muy grave.

Lleva un buen registro de los medicamentos que toma tu hijo, cuándo cambia la dosis y cualquier cambio notable en su comportamiento.

Enfrentar tus emociones mientras tu hijo permanece en el hospital

Es probable que tengas muchos sentimientos intensos acerca de tener un hijo en un hospital psiquiátrico —incluyendo vergüenza, culpa, miedo, enojo, tristeza y alivio—, y podrás ayudar mejor a tu hijo si te permites sentir y procesar estas emociones. La mezcla de sentimientos de tu pareja será sin duda diferente a la tuya. Ambos tienen derecho a sentir lo que sienten. Trátense con amabilidad, ya que cada quien está sufriendo a su manera.

No importa lo que sientan, recuérdense una y otra vez: su hijo está a salvo. Esto, al menos, es algo bueno.

Ahora que tu hijo está a salvo, es hora de que se cuiden ustedes. Definitivamente se deberían tomar un día o dos para dejar salir sus emociones, y luego aprovechen el tiempo para descansar.

Llamadas telefónicas, ira y angustia

Los niños a menudo sienten vergüenza, confusión y miedo por estar en un centro de salud mental. Como son niños, es probable que se desquiten con la persona que más quieren, la persona que más seguridad les da: tú.

No serás la primera persona a la que su hijo lama la peor madre o padre del mundo, ni la última que recibirá un devastador: “¿Cómo pudiste hacerme esto?”. No te lo tomes como algo personal, aunque esté dirigido a ti. Independientemente de tu miedo (y de la afirmación de tu hijo de que te odiará el resto de su vida), lo más seguro es que no lo hará. Así que cuando recibas esa décima llamada venenosa, o escuches otra súplica desgarradora para que lo saques de ahí, respira.

Puedes intentar razonar con tu hijo, pero no esperes llegar lejos. La lógica rara vez es efectiva para desarmar las emociones. Probablemente avanzaras más si reconoces y empatizas con sus sentimientos más profundos:

“Parece que de verdad estás muy asustado”.

“Debes estar muy enojada por tener que estar ahí”.

“Siento mucho que sea tan difícil. Desearía que hubiera una mejor forma, pero no la hay”.

Si te sientes demasiado frágil para manejar este enfoque (o las llamadas simplemente te superan), habla con el personal de enfermería acerca de limitar el acceso al teléfono. O bien, no atiendas todas las llamadas. No tienes que “estar ahí” cada hora del día. Es saludable establecer límites.

Obstáculos en el hospital

Si has tenido experiencia con otros tipos de hospitales, sabes que incluso en buenas instalaciones es posible encontrarse con una enfermera prepotente, un médico que no escucha o algún tipo de inconveniente que empeora la atención. Para obtener la mejor atención posible, tendrás que abogar por tu hijo.

Hay tres obstáculos para poder abogar bien:

  • Tus emociones están desbordadas. Tendrás que recurrir a la cautela para evitar reaccionar de forma exagerada o sacar conclusiones precipitadas. Si tu hijo relata un suceso que le angustió o que parece haber sido mal manejado, toma notas de su versión de lo sucedido. Recuerda que tu hijo no está bien y que su percepción de lo que ocurrió puede no ser exacta. Esto te ayudará a acercarte al personal con una mente abierta. Preguntas como “mi hija parece estar molesta por lo que dice que ocurrió con _______________. ¿Podría hablarme de eso?”, obtendrán una respuesta más honesta que si te lanzas con una acusación.
  • No sabes cómo funciona exactamente este sistema. Sé amable, forma alianzas con el mayor número de trabajadores posible, conoce a las personas por su nombre y vístete con ropa respetable cuando vayas de visita. Sé un ser humano razonable. Toma muchas notas. Si tienes una preocupación y has hablado de ella varias veces y todavía no recibes una respuesta, ponla por escrito. Puede que necesites preguntarle a alguien del personal con quien has entablado amistad cómo hacer que X ocurra, o quién está a cargo de Y. Si te están poniendo trabas, sube en la cadena de mando administrativo.
  • No todo el personal tiene la misma disposición. Algunos se comportarán de manera atenta y proactiva, otros simplemente harán bien su trabajo pero nada más, y puede que haya algunos más del tipo de quienes están todo el tiempo al teléfono. La consideración más importante aquí es que cualquier conexión humana que crees con el personal es algo bueno. Cuanto más empatía puedas generar, más probable es que las personas sean más amable. Si tienes pareja, definan quien será el policía malo y quien será el policía bueno. (Estos papeles pueden cambiar, por cierto, dependiendo del turno con el que están tratando, y cuál de ustedes ha desarrollado una relación con determinado miembro del personal).

Como en cualquier otro tipo de visita al hospital, te resultará más fácil averiguar lo que está pasando si tomas buenas notas durante cada reunión o después de cada conversación.

Preparándose para ir a casa

Por lo general, la discusión sobre el alta tiene lugar varios días días antes o incluso una semana antes de que ocurra propiamente el alta. Ten en cuenta que el factor clave para determinar el alta es qué tanto del costo cubrirá tu compañía de seguros. Tú podrías estar de acuerdo o no con la decisión de que tu hija puede volver a casa.

Si tu reacción inicial a la noticia es un grito de “¡Nooooo!”, querrás hacer una pausa y examinar lo que está pasando en tu cabeza.

Tal vez recuerdas lo mal que estaban las cosas antes de la hospitalización y sientas inseguridad sobre cómo será la vida en la siguiente fase. O tu reacción se podría deber a la intuición de que en realidad tu hijo aún no está preparado. Asegúrate de expresar cualquier preocupación específica al médico, especialmente si en tus conversaciones privadas con tu hijo sigue mencionando que se quiere suicidar, o si tú sospechas que tu hijo está mintiendo para poder salir.

Hay padres que se molestan porque el hospital quiere una estancia más larga de lo estrictamente necesario. Pregunta por qué quieren esto. Las razones más comunes son que aún no existe un plan de seguimiento o que los médicos consideran que no es seguro dar de alta a tu hijo hasta que cumpla con ciertas condiciones.

Cómo preparar la casa para tu hijo

Si tu hijo tiene tendencias suicidas o ha intentado suicidarse alguna vez, querrás preguntar qué cantidad de su nuevo medicamento constituye una sobredosis. Pregunta esto varios días antes de que le den de alta, porque puede que necesites comprar una caja de seguridad o caja fuerte en la que guardar la medicación. También necesitarás un dispensador de medicamentos (disponible en cualquier farmacia) para organizar los medicamentos que se requieren para una semana. No es conveniente estar sacando los envases de los medicamentos varias veces al día, porque cuanto más abras y cierres la caja de seguridad, mayores serán las probabilidades de que dejes la llave en algún lugar o de que tu hijo vea la combinación.

Pregunta si es seguro dejar los medicamentos de una semana fuera y accesible. Lo creas o no, el doctor probablemente no sabrá la respuesta de memoria, a menos que la medicación sea particularmente potente. Si es peligroso dejar una semana de medicamentos fuera, compra un dispensador de medicamentos con compartimentos desmontables que permitan tomar los medicamentos de un día a la vez. De esta manera, podrás organizar toda la semana, guardar la mayor parte en la caja de seguridad, y sacar solo la medicación de un día.

Si tu hijo tiene tendencias suicidas o ha llevado a cabo un intento, haz una limpieza de objetos peligrosos antes de que regrese a casa, y especialmente en su habitación. Ojalá los médicos te hayan dicho qué método de suicidio estaba contemplando tu hijo. Esto te ayudará a priorizar lo que debes eliminar o buscar. Guarda bajo llave los artículos de alto riesgo como armas de fuego, todas las recetas (incluyendo las tuyas) y los medicamentos de venta libre como el Tylenol y la aspirina. Retira los venenos (incluidos los productos de limpieza tóxicos), los objetos punzantes como navajas y cuchillos y las bolsas de plástico grandes. También tendrás que asegurarte de que durante las próximas semanas tu hijo no se quede a solas en casa más allá de periodos de tiempo muy breves.

Si sospechas que tu hijo ha escondido algo peligroso (objetos punzantes, medicamentos, drogas ilícitas) pero aún así no puedes encontrarlo, busca en Google “los mejores lugares para esconder ____  en tu habitación”. Es posible que tu hijo haya visitado esa página antes que tú.

Para obtener una lista más completa de los pasos a seguir para “sanitizar” su casa, consulta el sitio web Grief Speaks (en inglés).

Obtén las instrucciones de alta que te indican lo que debes hacer y asegúrate de firmar una autorización diciendo que te gustaría recibir el resumen del alta cuando esté listo y a quién quieres que se envíe el resumen del alta. Si a tu hijo se le hizo algún tipo de prueba psicológica o de educación psicológica, asegúrate también de obtener una copia de esos resultados antes de que se vayan.

La integración al hogar será difícil

A estas alturas tu hijo podría estar idealizando cómo es estar en casa y puede que tú hayas olvidado lo difícil que era cuando estaba en casa. También es posible que si tienes otros hijos ellos tengan sus propios sentimientos sobre el regreso de su hermana o hermano a casa.

Necesitarás mucha paciencia durante las próximas semanas o dos. Recuerda que sigue en proceso de sanación, y por mucho que quieras que esta prueba termine, no puedes esperar que se comporte como si estuviera bien, o mejor. En el hospital lograron que se estabilizara lo suficiente como poder pasar a recibir atención ambulatoria. Pero solo eso: los antiguos comportamientos no se han extinguido, solo han disminuido. Los desencadenantes de larga data no han sido desactivados. La ansiedad, la rabia, la paranoia, o su trastorno obsesivo-compulsivo o depresión, podrían aumentar un poco menos rápido o tener una duración más corta, pero están lejos de haber desaparecido.

Por lo tanto, habrá baches. Y como serán varios, tendrás que recordarte repetidamente que un bache no es una caída a un precipicio.

La primera vez que tu hijo se comporte de la misma manera que antes de la hospitalización, podrías llegar a la conclusión de que ha vuelto a estar como antes. Pero esto no es cierto. Respira profundamente. No te permitas entrar en pánico. Ten paciencia. Muéstrale tu empatía.

Cómo manejar el estrés

Tu hijo se asustará igual que tú ante los baches, si es que no más. Aunque ninguno de ustedes lo haya pensado así, lo cierto es que la vida en el hospital era mucho más simple que la vida en casa. Las reglas, las expectativas de comportamiento y las consecuencias estaban grabadas en piedra. Todo estaba planeado. El personal no se tomaba el mal comportamiento o los arrebatos como algo personal: respondían de acuerdo al protocolo, en vez de con temor o alarma. Así que llegar a casa, aunque definitivamente es algo bueno, también es estresante. Hay muchos más estímulos, muchas más tentaciones. El hogar es un lugar de viejos hábitos y expectativas de parte de los padres. Lo que parecía fácil de manejar en el hospital puede parecer mucho más complicado ahora. El nivel de estrés de tu hijo probablemente será mayor.

Esto es lo que puedes hacer para reducirlo. Dile algo como: “Estoy tan, tan feliz de que hayas vuelto. Me advirtieron que el regreso a casa podría ser estresante, y quiero que sepas que no espero que todo sea perfecto. No espero que tú te comportes perfectamente, o que te sientas mucho mejor. Sé que yo tampoco me comportaré de forma perfecta ni manejaré todo perfectamente. Y está bien. Sé que habrá obstáculos. Y quiero que sepas que te amo, y que trabajaremos en conjunto para superar los obstáculos”.

Cuando surjan los problemas, detente, respira hondo y di: “¿Recuerdas que te dije que habría baches? Eso era un bache. Y lo superaremos”.

Tu tarea es alejarte de tus expectativas y emociones, y mantener la calma lo mejor que puedas. Ofrece empatía (toneladas de empatía) y atenciones de primera: sus comidas favoritas, una taza de té, un animal de peluche, algo de música relajante. Esto ayudará. O al menos ayudará mucho más que gritarle durante los momentos de frustración.

Si tienes que desahogarte, hazlo en privado con alguien que te recuerde que lo que estás viendo es un bache en el camino. Si vives en pareja, busquen maneras de cuidarse mutuamente y relevarse cuando uno de ustedes sienta mucho cansancio o ansiedad, o esté perdiendo la paciencia.

A qué prestar atención

Si tu hijo tenía un plan para suicidarse o realizó un intento antes de la hospitalización, probablemente te habrán dicho que la mayor probabilidad de que se repita el intento es dentro de los tres primeros meses. Estas son malas noticias, especialmente teniendo en cuenta todo lo que has pasado. Tu tarea consistirá en averiguar cómo controlar el estado mental de tu hijo sin invadir, y sin disolverte en tu propio charco de preocupaciones. Hay tres aspectos clave para lograrlo.

  1. Tendrás que manejar bien tu propia ansiedad. Utiliza cualquier cosa que te funcione, ya sea ejercicio, meditación, yoga, conciencia plena o respiración lenta (hay algunas buenas apps disponibles para tu teléfono), escribir un diario, tomar largas duchas, hablar con tu propio terapeuta o cualquier otra cosa. Encuentra una combinación de enfoques que incluyan medidas preventivas diarias (para mantener tu ansiedad inicial a un nivel razonable) y técnicas en el momento (para situaciones estresantes específicas). Si necesitas medicamentos, consíguelos.
  2. Necesitarás mantener abiertas las líneas de comunicación con tu hijo. Refresca tu memoria sobre buenas técnicas para hablar con adolescentes. En tiempos de estrés todos tendemos a regresar a hábitos antiguos, así que es una buena idea traer a la memoria los hábitos saludables leyendo sobre ellos.
  3. Necesitarás orientación sobre qué hacer si tu hijo te dice que todavía tiene pensamientos de autolesión. Habla con el terapeuta de tu hijo para obtener consejos. Conocer la diferencia entre la ideación suicida pasiva y la activa te puede ayudar a mantener la calma y actuar de toma práctica.

El equipo de atención ambulatoria de tu hijo probablemente te pedirá que programes citas adicionales de terapia y psiquiatría por un período de tiempo. Esto es costoso y un dolor de cabeza logístico, sin embargo, querrás que sea otra persona quien evalúe la seguridad de tu hijo con regularidad, especialmente mientras se realizan los cambios de medicación.

Dar seguimiento a cualquier cambio

Una cosa que te ayudará a ti y a los doctores es comenzar un diario o bitácora. Esto requiere tiempo, pero hay una excelente razón para hacerlo. Cuando se está en una situación de carga emocional es difícil seguir el curso de la vida. Un registro crea una medición objetiva de lo que estamos viendo y con qué frecuencia lo estamos viendo. Además, cuando el instinto nos dice que algo va mal, o que tu hijo está empeorando en lugar de mejorar, es mucho más fácil para un médico comprender tus preocupaciones si le proporcionas datos reales.

Anota:

  1. Qué medicamentos está tomando y cuándo cambian las dosis. Si un nuevo efecto secundario aparece dentro de un mes, las probabilidades de recordar que ha aumentado la dosis hoy son muy escasas. Tú (y tu médico) podrían concluir erróneamente que tu hijo tiene algún síntoma nuevo y añadir otro medicamento. Por otro lado, un futuro médico podría querer probar un medicamento que tu hijo ya utilizó, y es útil tener un registro de lo que se probó y por qué se rechazó más tarde.
  2. Qué síntomas estás viendo y con qué frecuencia. Si tu hijo tiene crisis, registra cuántas, cuánto duran y cuán graves fueron. Toma nota de los antecedentes, los comportamientos y las consecuencias. ¿Existe un patrón? Si tu hijo tiene depresión, describe cuántas horas ha estado fuera de la cama cada día, cuándo reanuda sus actividades, cuánto tiempo puede poner atención a los proyectos, si tiene hambre o no, cualquier síntoma que pueda ser relevante.
  3. Cambios en la rutina y en los factores de estrés externos. Querrás poder averiguar si los cambios en el comportamiento se relacionan con eventos en su entorno. Ten en cuenta cualquier cambio importante en el horario escolar o en la estructura familiar, así como cuestiones menores como las discusiones con amistades o incluso las fechas del ciclo menstrual en el caso de las niñas.
  4. Las cosas que dice o hace tu hijo que te preocupan. Esto es especialmente útil si te cuesta transmitir al equipo de tratamiento el grado de volatilidad o apatía que estás viendo. A veces, la lectura de una visión narrativa de “un día en la vida” de tu hijo puede dar a los médicos una comprensión más rica de lo que está sucediendo en casa. Escribe los eventos y cita lo que dijo exactamente para compartir esta información con el terapeuta de tu hijo.

Cómo mantener seguro el hogar

El hospital probablemente no te dio una orientación sobre cuánta supervisión necesitará tu hijo al regresar a casa. Las cosas que necesitarás discutir con tu pareja y el equipo de tratamiento de tu hijo incluyen:

  • ¿Cuánto tiempo se puede quedar a solas tu hijo?
  • ¿Qué tan rápido puede reanudar sus actividades normales?
  • ¿Están bien las visitas a las casas de amigos? (Puede que sea mejor organizar todas las visitas en tu casa al principio).
  • ¿Cómo hacemos la transición para volver a los niveles anteriores de independencia?

Tal vez la cantidad de supervisión que se requiere te irrite tanto como a tu hijo. Necesitarás alternar el cuidado con tu pareja o conseguir amistades o familiares de confianza que te den un respiro. Por mucho que anheles una escapada de fin de semana, no es una buena idea mientras aún estás evaluando la estabilidad de tu hijo.

El hecho de que el regreso parezca interminable no lo hace interminable. Puedes superarlo si te calmas, averiguas cómo procesar tus propios sentimientos y buscas ayuda en el equipo de tratamiento de tu hijo.

Última revisión o actualización: 18 de diciembre de 2025.

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