Esta es una entrevista con Jamie Levine, MS Ed, quien trabaja como maestra itinerante de educación especial (SEIT, por sus siglas en inglés), y quien además ha creado una agencia para maestros SEIT llamada Team Esteem (página en inglés).

Jamie, ¿puedes empezar por explicar qué hace un SEIT?

Un SEIT es un especialista en enseñanza que viaja a diferentes escuelas y hogares, y ayuda a los niños que tienen problemas de comportamiento, sociales/emocionales, del habla, del lenguaje o del desarrollo a integrarse con éxito en el aula. Tal vez un niño es agresivo físicamente con otros niños o no está queriendo compartir. Tal vez es muy, muy tímido o no interactúa con otros niños.

Los SEIT pueden ser contratados por la junta directiva de las escuelas o directamente por los padres. Un SEIT tiene una maestría en educación especial, psicología, trabajo social o consejería. Un buen SEIT trabaja en las habilidades socioemocionales y de lenguaje, o en cambiar los malos hábitos que no funcionan para un niño por hábitos positivos, de tal manera que después de algunas semanas pueda decir: “Vaya, puedo pedir más espacio cuando lo necesito y además hice mi primer amigo en el preescolar, y no soy el monstruo que los otros niños creen que soy”. Para cuando cumpla cuatro o cinco años, el niño puede estar perfectamente bien.

¿Quién decide si se requiere un SEIT?

La recomendación de traer un SEIT suele venir del director de una escuela o de un terapeuta que ha estado trabajando con el niño. Puede que el niño tenga un diagnóstico de un trastorno psiquiátrico o de aprendizaje, o que esté en proceso de ser diagnosticado. Cuando vengo como maestra SEIT colaboro estrechamente con los padres y los terapeutas (con quienquiera que esté trabajando con el niño) para reforzar lo que están haciendo.

Algunos de los niños que atiendo son casos de emergencia de último minuto, en los que la escuela les dice a los padres: “Si no consiguen un SEIT de aquí al final de fin de año, su hijo no podrá regresar a la escuela”. Ese no es el mejor escenario. Sucede cuando los padres son realmente reacios a reconocer que hay un problema: “Mi hijo está bien, no hay nada malo con mi hijo, yo era así”. Esa renuencia puede ser reforzada por el director y los maestros, si solo se animan a hablar con los padres hasta que algo explota.

¿Cómo empieza usted a trabajar con un niño?

Lo primero que hago es obtener mucha información de contexto. Hablo con los padres, el director, los maestros y con los terapeutas con los que hayan estado trabajando. Solicito los informes que haya sobre el niño. Después, observo al niño en el aula o en la casa, dependiendo de dónde se sientan más cómodos tanto los padres como el personal escolar. Luego, me reúno con los maestros y los padres (trato de alentar la participación de todos, aunque no siempre lo consigo), y les digo: “Esto es lo que veo, esto es lo que haría para ayudar y para conseguir cambios”.

Como mínimo, generalmente son dos veces a la semana en sesiones de tres horas cada día. Y como máximo, podrían ser hasta cinco días a la semana en jornadas completas de todo el día. La mayoría de mis estudiantes tienen entre tres y siete años de edad.

¿Qué hace usted una vez que está en el aula?

Primero observo. Tengo que familiarizarme con la cultura de la escuela y la personalidad del niño. Una buena profesora de educación especial tiene que ser como un camaleón. Yo trabajo en escuelas religiosas y en escuelas privadas exclusivas, y tengo que vestirme adecuadamente para cada una, pues no quiero llamar la atención.

En el aula, no les decimos a los niños que estoy ahí para enfocarme en un niño en particular. No empiezo acercándome al niño con el que estoy trabajando: ya ha sido suficientemente señalado por demasiadas razones, por lo que no querrá que yo lo esté señalando todavía más. Vengo a la hora del juego, y mi primera misión es hacer que los niños se sientan cómodos conmigo. Utilizo mucho humor en mi trabajo, porque quiero que mi estudiante piense: ¿Quién será esa maestra tan graciosa? Es divertida. Todo mundo quiere jugar con personas como ella.

Todas mis acciones y comunicación en el aula tienen un propósito subyacente. A esta edad, la integración exitosa se logra a través del juego imaginativo con los pares. Casi siempre me encontrarán trabajando en atraer a mi estudiante, así que si todos estamos sentados jugando con bloques y hablando de cómo la torre de un niño tiene una punta puntiaguda con un triángulo, y la de otro es más como de rectángulo, y la de un tercero tiene algunas ventanas por allí, y mi estudiante apenas está empezando a construir algo, pero no puede realmente hacerlo porque está distraído por alguna razón… entonces yo voy a decir algo como: “¡WOW! Mira la torre que estás construyendo, ya le has puesto tres piezas, va muy bien encaminada, me pregunto qué podrá ser…”.

Algunos niños lo entenderán y dirán: “Estás aquí por fulanito de tal”, y yo responderé: “No, estoy aquí por todos los niños”. A lo que ellos responderán: “Bueno, fulanito es un monstruo aterrador y golpea a las personas”. Entonces yo diré: “¡Ah!, ¿eso es lo que piensas? Tal vez antes le pegaba a las personas pero ahora está trabajando en ello y está mejorando mucho, ¿no crees? Y tú realmente estás mejorando en las sumas. Fulano de tal es muy bueno en matemáticas, tal vez él pueda ayudarte y tú puedas ayudarlo a hacer caras felices. Eso es lo que hacen los buenos amigos”.

Otra cosa que hago es preguntarle a los maestros: “¿Quién le cae bien a mi estudiante? ¿A quienes les cae bien él? ¿Han tenido algún intercambio en el pasado?”. Entonces, puedo decir algo como: “Mañana, cuando hagan grupos pequeños, ¿pueden juntarlos y ver cómo les va?”.

¿Qué la llevó a convertirse en una SEIT?

Crecí en Long Island, me gradué en la Jericho High School y luego fui a la Universidad de Boston. La verdadera razón por la que me metí en este trabajo es algo que ocurrió allí: Me suspendieron de la Universidad de Boston, me dijeron que me mantuviera alejada por un semestre, porque mis calificaciones eran muy bajas. Llegué a casa a pasar las vacaciones de Navidad y me dijeron que no podía regresar a la escuela.

Había estado viendo a una terapeuta en la universidad y ella siempre me decía: “Jamie, eres tan brillante que no entiendo por qué tus calificaciones son bajas. Realmente creo que deberías hacerte un examen. Puedes tener trastorno por déficit de atención con hiperactividad o TDAH. Deberías hacerte una evaluación neuropsiquiátrica”. Entonces, yo le contesté: “Tan solo soy tonta, simplemente soy estúpida”. Ella dijo: “No, eres muy, muy brillante, creo que deberías hacerte un examen”.

Así que terminé haciéndome la prueba en ese momento. Tenía una forma leve de TDAH. Tomé Ritalin, y me ayudó mucho. Volví a la universidad, cambié mi especialidad a comercio y psicología, y obtuve calificaciones sobresalientes. La medicina no cambió lo que soy, no me hizo una estudiante genial, pero me mantuvo más concentrada. En lugar de pensar en el material, había estado pensando en todo lo demás: lo que todos llevaban puesto, si a ese chico le gustaba esa chica, por qué el cabello de ese maestro se veía tan desordenado. Ahora, podía pensar en el material. Realmente marcó la diferencia.

La gran razón por la que quise hacer este trabajo fue porque me sentí tan triste de haber pasado 20 años de mi vida académica en un montón de escuelas. Nadie lo sabía. Mis padres siempre decían: “No fuimos buenos estudiantes, no serás un buena estudiante, pero no te preocupes, tenemos éxito”.

Me siento muy apasionada con este trabajo y no quiero que otros niños sufran.

¿Cómo fue que empezó?

Vi un anuncio en el New York Times de una vacante como suplente en la Park Side School, una escuela privada de necesidades especiales que recibe principalmente a niños con problemas del habla y el lenguaje. El trabajo de suplente se trata de un maestro que sustituye al maestro habitual cuando éste está ausente, o que en otros momentos puede dedicarse a trabajar de manera individual con un niño que necesita ayuda adicional, o como asistente en algún salón de clases. Al tiempo que trabajaba en Parkside, estudiaba mi maestría en educación especial por la noche, en Fordham. Y luego de allí trabajé como directora en la Gillen Brewer School. Es otra escuela privada de necesidades especiales, pero se centran más en niños con trastornos socioemocionales. Allí enseñé desde el jardín de niños hasta el segundo grado.

¿Por qué cambió al trabajo como SEIT?

Siempre supe que quería hacer el trabajo de SEIT porque me gusta el trabajo individual. Puedes hacer más progresos en un período de tiempo más corto. Mi experiencia inigualable enseñando en un aula de educación especial autónoma en Parkside y Gillen Brewer me permitió llevar mis habilidades especializadas a cualquier escenario convencional, porque he aprendido de los mejores.

¿Por qué decidió iniciar una agencia?

En esencia, la razón por la que empecé mi agencia fue para llevar mis conocimientos y habilidades a un espectro más amplio de escuelas y familias. La demanda de profesionales SEIT calificados es tan grande, que he tenido que rechazar muchos casos, y eso ha sido frustrante para mí. Además del trabajo uno a uno con los estudiantes en las escuelas, mi agencia, Team Esteem, también colabora con los padres: vamos a las casas y observamos lo que pasa entre los padres y su hijo, les damos retroalimentación y consejos para que su vida en el hogar sea más pacífica.

Escuché que también se encarga de organizar citas de juegos…

Los directores me han dicho: “Mira, este niño necesita citas de juegos. Los padres no las están organizando, quién sabe por qué (a menudo porque no logran que sucedan porque nadie quiere jugar con el niño, o porque están ocupados y se desaniman cuando alguien dice que no un par de veces), así que yo organizo las citas y vamos a las casas de otras personas, o a los patios de recreo o a los museos, o lo que sea. Primero nos reunimos en Whole Foods y luego nos vamos todos a los parques de juegos.

¿Cuáles son las satisfacciones de trabajar como maestra SEIT?

Mi posición como maestra SEIT es la mejor recompensa. Debido a que personalmente me tocó luchar con el TDAH desde la infancia, reconozco los síntomas, siento las frustraciones y celebro las victorias junto con los niños y sus familias. Al trabajar individualmente con un estudiante en un ambiente convencional veo resultados positivos reales en un corto período de tiempo y eso es increíblemente gratificante.

Conozca la agencia SEIT de Jamie Levine en TeamEsteem.net.