Los trastornos alimentarios pueden presentarse, y lo hacen, en la adolescencia, incluso en niños pequeños. Pero a menudo los jóvenes, especialmente mujeres jóvenes, tienen un mayor riesgo de desarrollarlos durante sus años universitarios.

Los desafíos de la vida universitaria, que añaden aún más presión a los trastornos de salud mental preexistentes, forman lo que la Dra. Alison Baker llama “una tormenta perfecta” para el surgimiento de estos trastornos, los más comunes siendo la anorexia y la bulimia.

Dicha tormenta ocurre cuando las realidades de la vida universitaria (mayor carga de trabajo, menos estructura y más enfoque en los compañeros), chocan contra las ansiedades, los problemas de aprendizaje y la baja autoestima. Una joven que podía lidiar con el estrés y mantenerse a flote en la high school (preparatoria) con mucho trabajo y el apoyo de sus padres, se puede encontrar ahogándose en el mundo complicado y desconcertante de la universidad.

Los trastornos alimentarios se desarrollan cuando la necesidad de sentir control sobre un ambiente estresante se canaliza a través de la restricción de comida, el ejercicio excesivo y un enfoque no saludable sobre el peso corporal.

“La universidad puede ser una época de mucha emoción y estimulación, pero también de mucho estrés”, explica la Dra. Baker, psicoterapeuta y farmacóloga de niños y adolescentes. “Demanda que los jóvenes no adultos actúen de una manera muy adulta, especialmente si están enfrentando problemas psicológicos y, de repente, están lidiando con estos ellos solos”.

“El estrés de un nuevo horario universitario, el manejo de los nuevos entornos sociales y lidiar con la vida independiente pueden desencadenar una ansiedad anteriormente controlada o, en algunos casos, un nuevo trastorno mental”, explica el Dr. Douglas Bunnell, director clínico del Monte Nido Treatment Center en Nueva York. “Si tienes una ansiedad severa y estás en un ambiente social, estás siendo expuesto constantemente al arquetipo “ideal” de un cuerpo delgado, así que esto es una tormenta perfecta de varios factores que llevan a que una persona vulnerable desarrolle un trastorno alimentario”.

El desarrollo completo de los trastornos alimentarios por lo general se desarrollan entre los 18 y los 21 años, de acuerdo a la National Eating Disorders Association (NEDA, por sus siglas en inglés). La asociación estima que entre 10% a 20% de las mujeres y 4% a 10% de los hombres batallan con algún trastorno alimentario, y estas cifras van en ascenso.

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Una necesidad de control

Los niños que están en riesgo de desarrollar anorexia o bulimia podrían haber luchado por una necesidad de control o de perfeccionismo en la vida diaria antes de la universidad, perdiendo la compostura cuando la tarea no estaba perfectamente hecha, o sintiéndose terrible cuando las actividades no sucedieron como ellos las tenían planeadas. Pero, la vida universitaria definitivamente es más difícil de manejar.

No es solamente la elevada carga de trabajo o la interrupción de un horario al que estaban acostumbrados. Es todo un grupo de compañeros nuevos que son impredecibles, empezando con un nuevo compañero de cuarto (y la pasión por el death metal de ese roomate, o las visitas de su novia o novio al cuarto en medio de la noche).

Y manejar su consumo de comida en la universidad, famosa por las pizzas a las doce de la noche y sus cafeterías de “todo lo que puedas comer”, es toda una nueva cancha de juego. La alimentación poco saludable sin horarios fijos puede causar problemas para cualquiera, pero para los estudiantes que batallan con los problemas alimenticios, puede ser un caos para el autocontrol y la autoestima.

“La libertad de comer a diferentes horas, una variedad de opciones de comida disponibles cuando quieran, esto no es un buen ambiente para la gente que está predispuesta a los trastornos alimentarios”, dice el Dr. Bunnell. Esto es particularmente peligroso para los estudiantes que tienen episodios de bulimia, menciona.

Los patrones bulímicos, o de atracón, pueden desencadenarse cuando los estudiantes intentan cumplir (y fallan) con dietas irrazonablemente restrictivas, algo que los lugares con buffet de muchas universidades y el Easy Mac nocturno dificultan aún más. Los deslices en la dieta pueden provocar atracones, que a su vez provocan sentimientos de vergüenza y culpa, y el ciclo comienza de nuevo.

Los trastornos por atracón atracón y la bulimia, dice el Dr. Bunnell, son más “socialmente sensibles” que la anorexia. “Los atracones y las purgas son comportamientos altamente susceptibles a los factores sociales, como aquellos que se encuentran en las universidades”, dice. La vida universitaria está altamente enfocada en las interacciones sociales y los estudiantes pueden ver a sus compañeros como modelos que incitan a los comportamientos peligrosos. Si los amigos o los compañeros de cuarto tienen comportamiento de dietas excesivas, atracones y purgas, ejercicio en exceso o el uso de los laxantes, podría ser muy fácil seguir los mismos comportamientos.

La alimentación desordenada versus los trastornos alimentarios

¿Cuándo un régimen de dieta se vuelve un trastorno alimentario?

Los estudiantes universitarios son famosos por sus extraños hábitos alimenticios, pero hay un largo tramo entre una dieta y un trastorno alimenticio desarrollado.

“No todos los que se imponen una dieta desarrollarán un trastorno alimentario –explica el Dr. Bunnell. –La diferencia es una ecuación basada en las vulnerabilidades latentes y la genética. Existe una continuidad. En un extremo está la anorexia, la bulimia y el trastorno por atracón, y en el otro está la alimentación desordenada”.

El comportamiento de la alimentación desordenada oscila desde dietas populares, intentos de comer “limpio” a través de la restricción de las grasas, los lácteos o el gluten, a cosas más severas como el ejercicio en exceso, el abuso de los laxativos, los atracones o las purgas, todos los cuales son muy graves, pero no cumplen los criterios para ser clasificados como trastornos alimentarios.

NEDA reporta que el 35% de aquellos que se ponen en regímenes de dieta “normales” progresan hacia las dietas no saludables, y el 20-25% de ellos desarrollan trastornos alimentarios parciales o totales.

Un trastorno alimentario es diagnosticado cuando estos comportamientos se siguen a través de un cierto periodo de tiempo, volviéndose peligrosos, avasalladores e incontrolables.

Cuando tratamos de determinar si los hábitos alimentarios son simplemente una dieta desorganizada o si es algo más serio, el Dr. Bunnell dice que es muy importante fijarse en el impacto que están provocando en otras áreas de la vida. “¿Qué tanto estas preocupaciones de comer, el peso o la figura empiezan a dominar? Por ejemplo, si decides no ir a una fiesta porque estás muy preocupada de tu peso,ç o si no puedes disfrutar la playa porque no te quieres poner un traje de baño. Si alguien está empezando a retirarse de las actividades normales por causa de las ansiedades de comer, de peso y de figura, entonces sí tenemos porque estar preocupados”.

Los trastornos alimentarios en los estudiantes de universidad son muy graves y pueden llegar a ser mortales en algunos casos. “Hay una falta de conciencia muy preocupante acerca de qué tan serios son estos trastornos”, dice el Dr. Bunnell, citando el estereotipo de que los trastornos alimentarios no son nada más que un sentido de vanidad o un deseo de ser bellos. “Estas cosas no son solamente ejemplos de dietas extremas, sino que son enfermedades médicas muy reales”.