No es inusual que los niños se comporten de manera diferente en entornos diferentes. Por ejemplo, uno esperaría que un niño se comporte de una forma en la fiesta de cumpleaños de un amigo y de otra en la casa de sus abuelos. Pero el comportamiento de algunos niños, sobre todo de aquellos que tienen problemas de ansiedad, problemas de aprendizaje, TDAH y autismo, puede variar de manera mucho más acentuada entre la casa y la escuela. Esta discrepancia puede desconcertar a los padres, si no es que causarles enojo, y hasta preocupación por sentir que están haciendo algo mal.

Tomemos como ejemplo el caso de Sam, quien ahora tiene 15 años, un niño talentoso pero que también ha sido diagnosticado con TEA, TDAH y desafíos de aprendizaje. Su madre, Maratea Cantarella, directora ejecutiva de Twice Exceptional Children’s Advocacy, recuerda cómo los desafíos de su hijo en la escuela lo llevaban a tener un comportamiento explosivo en casa.

En la escuela, entre tratar de agradar a sus maestros e interactuar con sus compañeros, “realmente se esforzaba por tratar de mantener el control”, dice Cantarella. “Pero cuando llegaba a casa —añade— a menudo sentía que él solo estaba buscando la forma de liberar toda la tensión acumulada”. La forma de liberarla implicaba 30 minutos de berrinches por la tarea o “realmente por nada”, con gritos, arrojar cosas y algunas veces dar patadas y cabezazos. “Después, cuando se calmaba —dice— se sentía terriblemente avergonzado y culpable”.

Pero para algunos niños es la escuela donde las dificultades son más visibles. Chloe, de ocho años, padece mutismo selectivo y ansiedad social. Su madre, Kim Byman, dice que en casa Chloe es “una niña alegre, chistosa, conversadora y llena de energía”. Pero en cuanto llega a la escuela se apaga. Nunca ha hablado con sus maestros o compañeros de clases, aunque participa en todas las áreas que no requieren hablar. No pide permiso para ir al baño: se espera hasta llegar a casa.

Entonces, ¿por qué los niños pueden actuar de manera tan diferente en entornos diferentes?

¿Por qué a algunos niños les va mejor en la escuela?

Algunos niños pueden hacer un buen trabajo cumpliendo con las expectativas en la escuela, pero eso les implica un esfuerzo tan grande que les pasará la factura en casa. Los niños con TDAH, ansiedad, autismo y problemas de aprendizaje “pueden estar utilizando muchos de sus recursos para seguir instrucciones o manejar bien las clases”, dice Stephani Lee, PsyD y psicóloga clínica en el Child Mind Institute. Una vez que todos esos niños llegan a casa “es un reto para ellos invocar la misma cantidad de recursos para controlarse”.

Al mismo tiempo, añade, muchos niños, incluidos aquellos en el espectro autista, se benefician de la consistencia, estructura, previsibilidad y rutina propias del entorno escolar. Generalmente esto no se puede replicar en la casa, “porque no es así como funciona la vida”, dice.

En la escuela, es probable que las recompensas  y las consecuencias se den de manera consistente, lo que puede ser más difícil de establecer para los padres en casa. Además, el aprendizaje por imitación que se da en la escuela puede ayudar a los niños a alinearse, literal y metafóricamente. Por último, los profesores no pueden andar perdiendo el tiempo: si un niño no sigue una instrucción a la primera o segunda llamada, el maestro probablemente impondrá al niño una consecuencia inmediata, mientras que los padres podrían terminar permitiendo que su hijo evite o retrase el siguiente paso porque dedican mucho tiempo a hablar de ello.

Ocultar los síntomas en la escuela

El Dr. Jerry Bubrick, psicólogo clínico y director del Obsessive-Compulsive Disorder Service del Child Mind Institute señala que los niños con algún trastorno, incluyendo  ansiedad y TOC, suelen estar muy preocupados acerca de cómo los perciben las personas, especialmente cuando entran a la escuela media y la preparatoria (middle y high school). Esto hace que intenten esconder sus síntomas. “Por lo general, veremos a los niños rindiendo a un nivel más alto en la escuela —dice el Dr. Bubrick— con menos síntomas, porque están tratando de mantener la percepción social de que están bien. Y sus síntomas suelen hacerlos sentir muy avergonzados e incómodos”.

Otra razón central por la que a los niños les va mejor en la escuela es que se sienten seguros de mostrar “su peor versión de sí mismos” en casa, porque saben que sus padres los seguirán amando y apoyando.

“Pienso que a veces los niños llegan a su casa y es como cuando te quitas los zapatos y sientes esa sensación de descanso”, explica el Dr. Bubrick. “Es como, ‘está bien, ahora puedo ser yo’”. En el caso de los niños que realmente han hecho un buen trabajo ocultando sus síntomas en la escuela, cuando llegan a casa, donde sienten que nadie los juzga, “puede haber una explosión de síntomas”.

Como recuerda la mamá de una niña de 10 años con TOC: en la escuela, su hija se balanceaba o hacía garabatos en una libreta para combatir sus pensamientos obsesivos, a pesar de que estaba angustiada. “Lo reprimía en la escuela, y después se bajaba del autobús en casa y simplemente explotaba”, dice. “Estaba física y verbalmente muy alterada”.

Esto también puede ser confuso para los padres. “Es común que los padres digan: ‘Fui a la escuela y los maestros me dijeron que Juan es tan encantador en clases. No lo veo retorcerse. No veo nada de esas cosas que están mencionando’”, dice el Dr. “Y luego el niño llega a casa de la escuela y muestra todos los síntomas y una gran dificultad para controlarlos”.

¿Por qué a algunos niños les va mejor en casa?

Para la mayoría de los niños, las demandas académicas y sociales en la escuela están por encima y más allá de las que suelen enfrentar en casa, señala el Dr. Lee. Esto puede desencadenar problemas de conducta en algunos que sus familias nunca han visto en casa.

Los niños que tienen desafíos como el TDAH y ansiedad a menudo manifiestan poca tolerancia a la frustración: pedirles que sean pacientes o persistentes en la escuela puede ser una gran fuente de estrés. “Esto puede ser increíblemente difícil para los niños —dice el Dr. Lee— por lo que podríamos observar muchas explosiones de mal humor en situaciones de este tipo”.

De forma similar, niños con ansiedad social que tienen preocupaciones sobre cómo son percibidos por otros, o niños que tienen ansiedades relacionadas con el rendimiento, podrían no manifestar problemas de conducta en el hogar. Pero cuando llegan a la escuela y tienen que hacer matemáticas o leer algún texto en voz alta, podrían adoptar una conducta negativa para evitarlo. “Portarse mal en esta situación particular podría terminar siendo funcional para ellos —dice el Dr. Lee— porque si actúan un poco tontamente, el maestro podría regañarlos, pero después dejan atrás el asunto”.

Cuando se trata de niños autistas, es posible que en casa se les permita un comportamiento muy ritualizado o autodirigido, por ejemplo en relación con el tiempo de pantalla y con los bloques de construcción. Cuando llegan a la escuela no se les permite hacer este tipo de cosas, y tienen que esperar para las actividades a las que tienen libre acceso en casa, lo que puede ser un gran desafío para ellos. Esto también puede provocar comportamientos negativos.

Cómo ayudar a los niños

Una de las principales sugerencias de la Dra. Lee es alentar la colaboración y comunicación abierta entre la casa y la escuela tanto como sea posible. “Si en la casa o en la escuela hay estrategias y técnicas de las que el niño se está beneficiando realmente, ¿no podrían compartirse y adaptarse para apoyar a ese niño en ambos entornos?”, pregunta.

Por ejemplo, señala, si en la escuela el niño cuenta con un horario impreso visible en la pared, ¿no se podría crear uno también en casa? “De modo similar —agrega— si sabemos que un niño realmente se beneficia de las normas en casa del tipo cuando/entonces (es decir, ‘cuando haces esto, entonces sucede esto’) habría que compartirlas con su maestro”.

La Dra. Lee dice que la mejor forma de crear una relación de colaboración con la escuela es “asegurarse de elogiar  a los maestros y valorar el trabajo que están haciendo, además de darles información sobre su hijo”.

Para los niños cuyos problemas de conducta se manifiestan en casa, la Dra. Lee recomienda que se les brinde la oportunidad de relajarse cuando hagan la transición después de la escuela: “Está bien reducir las exigencias durante este lapso de tiempo si su hijo necesita un descanso. Dicho esto, es importante que ellos comprendan que las reglas del hogar siguen teniendo que seguirse”.

El Dr. Bubrick hace eco de esta idea, al subrayar la importancia de observar qué tan bien nutrido y bien descansado está el niño. Llegar a casa hambriento después de haber luchado todo el día por mantener las cosas bajo control es una buena receta para una crisis vespertina. Para lograr que los niños recuperen su equilibrio el Dr. Bubrick aconseja a los padres ofrecerles a los niños un bocadillo y un poco de descanso, lo que les permite recuperarse y empezar la tarde de manera saludable.

Terapias que pueden ayudar

La herramienta que la mayoría de los expertos recomienda para ayudar a los niños a manejar su conducta, ya sea en la casa o en la escuela, es la terapia cognitivo-conductual o TCC (CBT, por sus siglas en inglés). La TCC ha sido adaptada a muchos tipos diferentes de desafíos emocionales y conductuales. Lo que todas estas terapias especializadas tienen en común es que los niños aprenden habilidades de autorregulación, o cómo manejar emociones fuertes de mejor manera que reaccionando impulsivamente.

Cuando los niños usan técnicas de la TCC en la escuela, son capaces de funcionar mejor sin tener que invertir tanta energía, explica el Dr. Bubrick. Por lo tanto, cuando llegan a casa, hay menos estrés y menores probabilidades de una explosión de síntomas. “Cuanto más practican los niños estas técnicas, mejor las realizan”, dice.

El Dr. Bubrick señala que en la TCC los padres son incluidos desde el principio, para que puedan comprender mejor la condición de su hijo y ver qué de lo que están haciendo, a pesar de sus buenas intenciones, está contribuyendo al problema. “Enseñamos a los padres lo que deben y no deben hacer en la crianza de un niño con trastorno de ansiedad”, comenta. Él da el ejemplo de un niño con TOC que tiene miedo a los gérmenes. Su padre no le hace ningún favor al abrir las puertas por él. En lugar de eso, el niño debe aprender técnicas que lo ayuden a lidiar con sus ansiedades y compulsiones.

La Dra. Lee dice que el entrenamiento conductual para padres, que incluye componentes de la TCC, es a menudo lo que se necesita para ayudar a los padres a determinar qué está pasando en cada entorno y la mejor forma de apoyar a su hijo.